miércoles, 30 de marzo de 2011

Guerra civil libia y participación occidental

Carl Schmitt hace ver en Tierra y mar que Inglaterra, en un periodo de expansión industral, tecnológica y comercial, consiguió anteponerse al resto de naciones como poder hegemónico europeo gracias a su dominio de los mares, a su monopolio del comercio ultramarino internacional. Por ello realiza el filósofo una profunda reflexión sobre la importancia del elemento marino, más concretamente, oceánico, como definitorio de la conciencia moderna occidental. Lo que en las últimas páginas deja Schmitt como trabajo a realizar, como motivo de teorización que él deja para otro investigador o para un futuro próximo en el que los conceptos concernientes estén más desarrollados y mejor formados, es la importancia de el elemento aéreo en la conquista del poder en un mundo cada vez más acelerado en el que los medios de comunicación basados en la transmisión de ondas y los artilugios de aviación y conducción aeronaútica van a venir multiplicándose y refinandose con inminencia. Y así es, ahora la hegemonía no la marca exclusivamente el control del comercio marino, otros elementos más complejos han entrado en juego para situar a unas naciones u otras como ganadoras en la gran carrera mundial. La revolución espacial que suspuso el barco, el estrechamiento y empequeñecimiento del mundo, es hoy inmensamente mayor debido a avances tecnológicos en los medios de comunicación y transporte. Ahora, también, las guerras se ganan porque una carísima tecnología aérea permite bombardear con precisión al enemigo.

Una situación semejante se revela en la actualidad más candente que proviene de Oriente Medio. Libia es diariamente bombardeada por una coalición de potencias occidentales, junto a varias naciones árabes que apoyan en diverso grado la intervención, bajo el mando técnico de la OTAN. La razón, teóricamente, la consecución de la resolución 1793 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esta resolución contempla defender la vida de los civiles libios de los ataques militares del régimen de Gadafi, para ello, sumado a las medidas previas de embargo armamentístico, se propone una zona de exclusión aérea que impida volar a cualquier nave libia y evite los bombardeos sobre población civil. Esta resolución devino, con cierta lentitud teniendo en cuenta la gravedad de la situación, de la presión occidental en el ámbito de la ONU (con disparidad de opiniones) para tomar medidas contra las acciones de Gadafi. Esta supuesta medida de protección civil sin embargo se está utilizando y se va a utilizar como excusa para participar en una guerra civil, tomando partido en uno de los dos bandos.

Las naves europeas y los misiles americanos han atacado tanto a objetivos aéreos como terrestres siempre con la intención de defender a la población, pero también, con la esperanza de ayudar a la rebelión. Los disitntos diplomáticos occidentales han tenido reuniones con los representantes de la sedición libanesa, que en su lucha contra el régimen se aupician en ideales de libertad y democracia que occidente no tiene más remedio que defender públicamente si no quiere lanzar piedras contra su propio tejado. Pese a que estos "rebeldes" no son considerados como interlocutores válidos, es decir, no forman un cuerpo político como el que si que forman los funcionarios del Estado libio, la gente de Gadafi, sus peticiones (entre las que se contemplaba la zona de exclusión aérea) están siendo escuchadas y atendidas. Las luchas llevadas a cabo para recuperar terreno y ciudados en manos de Gadafi por parte de los rebeldes son apoyadas ideológicamente por los aliados, y la necesidad de acabar con el poder del dictador, un imperativo confeso de los mismos.

Es más, muy recientemente se ha conocido que Estados Unidos autorizó secretamente la ayuda económica y material a los rebeldes libios, algo que realmente no contempla la resolución de la ONU si acaso no la contradice, ya que el embargo solicitado incluiría a cualquier facción o partido en el seno de el país. Curiosamente, la gran superpotencia no posee apenas intereses económicos en un país cuyo petróleo beneficiaba principalmente a Europa, aunque probablemente teme la formación de un estado fallido donde el fundamentalismo y el terrorismo campe a sus anchas. En cualquier caso, lo que está haciendo Estados Unidos (y probablemente hacen o harán los aliados europeos y árabes), es participar en una guerra civil, posicionarse a favor de un bando, y eso es algo que, no necesariamente es tan horrible y que, en absoluto, como pretenden algunos sectores de la izquierda, parte de las mismas premisas que la tan cuestionada guerra iraquí.

También Carl Schmitt aborda la cuestión de de la guerra civil y la actuación del partisano, la guerrilla en la batalla. El guerrillero necesita armas, un tercero interesado que le arme si no tiene medios autónomos, pero además, necesita " que le procure también una especie de reconocimiento político, necesario al partisano que lucha de forma irregular para no descalificarse como el atracador o el pirata y para no caer en lo apolítico, que es idéntico en este caso a lo criminal". Recordemos que tales rebeldes, así como los protestantes de otras naciones árabes, o los famosos manifestantes de Tahrir, en sus acciones reivindicativas estaban (en menor o mayor grado) incumpliendo la ley. Aunque la ley sea inviolable bajo los preceptos estatales que promulga occidente, aquellos bajo los que se estructura, su incumplimiento, nacido por el malestar que provoca una ley originada por el despotismo y la represión popular, deben ser totalmente apoyado ideológicamente, puesto que libertades, derechos fundamentales y democracia, también son nuestras proclamas.

Quizá el problema estribe, en Libia, en la inseguridad que los rebeldes transmiten. No por su potencial incapacidad para reconstruir un futuro Estado libio, sino por la ignorancia que tenemos de sus próximas pretensiones, inquietudes, o principalmente, por la incapacidad de demostrar que tales rebeldes representen a una mayoría nacional. Pese a todo, sobre esto último diremos que el abuso de la mayoría sobre la minoría tampoco debe ser moralmente aceptado y políticamente incuestionado. Buscar un cese de la actividad militar es lo que más urge, pero es inevitable ya que Gadafi sea desposeido del poder a no ser que aceptase, algo ilusorio, las condiciones de los rebeldes. La lucha que apoya occidente debe conducir hacía un futuro bienestar libio, aunque resulte esto ya un objetivo poco probable a corto plazo. Si bien los motivos occidentales son muy probablemente interesados (petróleo y seguridad), la coincidencia de la acción interesada con la acción moral no resta, a mi entender, moralidad ni interés, sólo la facilita.

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