martes, 21 de septiembre de 2010

Libertad no es elegir entre opciones impuestas, es crear las opciones

Cuando Labordeta nos deja, y muchos de aquellos que vivieron su generación, unos tiempos de politización y cambio social, cantan su himno a la libertad, hoy, en época de democracia y paz, de estado de bienestar y legítima equidad social, vivimos una libertad extraña. Si libertad significó autonomía y autodecisión para aquellos padres de la democracia moderna que transportaron a España a la contemporaneidad europea, ahora libertad sólo parece significar libertad de elección, de elección del color de la chapa, de elección de calzado, de elección de canal, de elección de menú...Hasta el acto político más relevante y casi exclusivo de la ciudadanía actual, sólo llevado a cabo cada ciertos años, se resume a una elección polarizada de una administración que resuelva los asuntos relacionados con el dinero que entra y sale del Estado.

La sociedad ha quedado completamente despolitizada, anulada como eje de acción política, siendo la democracia representativa (representante ideal de la corrupción legal y moral), un espectáculo de calado semejante al fútbol o a la lucha libre, con la relevante diferencia que tales deportes marcan por la honorabilidad que puede acompañar a sus batallas. La democracia actual ha polarizado la atención de la masa en dos grandes partidos cuyos fundamentos ideológicos, en el sentido positivo y negativo de la palabra, han sido ultrajados y olvidados por una continua demagogia electoralista como motor de todo comportamiento político. Y es que, como bien ha sabido expresar Zapatero recientemente probablemente sin voluntad de ser escuchado, lo que importa, es la foto. A no mucho tardar apareció la oposición a criticar sus palabras, esto es, a aparecer, de nuevo, en la foto. Esta es la tomadura de pelo que muchos se atreven a denominar política cuando bien se ha demostrado que es mero circo, los continuos ataques realizados entre estos dos partidos que únicamente parecen tomar medidas bajo la pretensión de ganarse la eterna confianza del pasivo elector.

Es una realidad que el aparecer en la foto, la presencia, a poder ser, continuada, en los medios de comunicación, es totalmente necesaria para un partido o para una entidad política o sindical si pretende ser escuchada por el pueblo. Es totalmente esencial el papel que juegan tales medios en una democracia real, la función dinamizadora y oxigenante que realizan al ofrecer todo tipo de información crítica sobre los hechos políticos del país o el mundo. Pero esta fuerza democratizadora, que pretende aportar toda la información y cultura necesaria al votante queda en nada cuando el mismo sistema político bajo el que se rige es estructuralmente incapaz de aportar una total y completa soberanía a la ciudadanía. Partidos que antaño poseyeron mayor relevancia como IU desaparecen de las páginas periodísticas y los medios consiguen limitar UPyD a Rosa Díez como si fuese esta la única afiliada del partido. Pero semejantes desinformaciones interesadas de los medios siempre parciales bajo intereses políticos y económicos no son, como vengo diciendo, el principal motivo de escarnio o vituperio. El convertir todo el trabajo(porque, otra cosa no debería ser, más que un duro y arriesgado trabajo) político del pueblo en una temporal elección al mejor publicitado, que como buen publicitante, suele incumplir sus promesas, es convertir la democracia, como no, en consumismo, eso sí, barato.

Los medios se han transformado, y por eso no pueden realizar con absoluta entereza su función democratizadora, una simple herramienta de difusión publicitaria, pues otra cosa no son las fotos de las que habla Zapatero, las reuniones infértiles que protagonizan a diario los altos dirigentes, las inacabables declaraciones sobre todo tipo de temas irrelevantes para el funcionamiento de la sociedad o las decisiones políticas que ya dejan de denominarse políticas por estar referidas al ordenamiento de un bloque social que forma una comunidad política sino por tener un único interés electoral. La política democrática se reduce, pues, a la elección sobre una base bastante limitada y laxa. Un importante tanto por ciento de las noticias leídas hoy en la prensa son un mero intento político por ganarse al votante, ya que a eso se reduce su papel político.

Los políticos, creyéndonos idiotas, o siéndolo ellos más que ninguno, todavía consideran que sus hipócritas fotografías de portada son el principal motivo de sus victorias, cuando no son más que la resginación y el sentimentalismo que muchos profesan por sus partidos políticos así como por sus equipos de fútbol, aunque no deben andar desencaminados en su estrategia por difamar a sus enemigos electorales, siendo la simpatía creada por la posesión de un enemigo común uno de los motivos principales de cohesión desde las Cruzadas realizadas por múltiples feudos cristianos europeos enfrentados entre sí hasta el bloque protagonizado por la URSS, Reino Unido y EEUU en la II Guerra Mundial. Pese a tales artimañas, que quizá convenzan a los telespectadores de Intereconomía o telecinco, inertes también a una masa juvenil totalmente demacrada por el materialismo más rancio y casposo, cuyos ídolos son los nuevos pícaros de la cultura pop, los famosetes que supieron aprovechar el morbo inherente al homo-espectador, existen, aunque no sean mayoría, una buena cantidad de gentes dispuestas a no tolerar por siempre que la política se haya convertido en comida rápida, o en un cutre espectáculo de fuegos artificiales.

Quizá, si no nos gustan los productos que los establecimientos comerciales nos ofrecen, ya sea por los materiales utilizados, por su apariencia estética, o por su precio a pagar, debamos intentar, aunque ello desde luego no sea barato, fabricar un producto que nos resulte profundamente convincente. ¿Estamos dispuestos a ello dadas las facilidades que supone el modelo actual? ¿Estamos dispuestos a empujar para que llegue como ya cantó Labordeta, la ansiada libertad?

1 comentario:

  1. Hola individuo, haces una reflexión muy cabal y acertada que comparto plenamente. La Democracia Capitalista ha conseguido su objetivo, tenernos a todos los ciudadanos aletargados. Lejos quedan aquellos años ilusionantes de los 70 en los que nuestro Mesías se llamaba Ernesto y nuestro Credo, LUCHA DE CLASES. La oligarquía financiera representada por los dos partidos mayoritarios y los minoritarios nacionalistas, han conseguido su objetivo, desarmar politicamente a la clase proletaria que por supuesto sigue siendo la gran mayoría de nuestra sociedad.Pero tenemos que seguir teniendo esperanza, "habrá un día en que todos al levantar la vista, veremos un Planeta que ponga Libertad"

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