miércoles, 10 de noviembre de 2010

El paradójico y atemorizante movimiento por la libertad

En las elecciones legislativas norteamericanas triunfa el movimiento del Tea party que queda acogido bajo los amables brazos del republicanismo más radical. La izquierda (dirección política, que en su significado más básico y natural, es bastante mal vista en el contexto general) pierde toda su credibilidad, o, para ser consecuentes con las creencias populares del nuevo movimiento político, su legitimidad. Las ideas de equidad social o redistribución de riqueza quedan solapadas y desahuciadas por una vuelta a las raíces liberales que muy estratégicamente quedan simbolizadas con el hisórico movimiento de la revuelta del té norteamericana (o para no ser anacrónicos, inglesa), añadiéndose bajo esta sabia elección de slogan los valores de patriotismo americano y, esto ya no creo que con validez consecuencialista, el conservadurismo moral y militar.

Lo que ha quedado desprestigiado tras estas elecciones no es realmente una izquierda política que en Estados Unidos apenas ha tenido visibilidad en la sociedad y cuyos únicos representantes de mayor renombre son Noam Chomsky, Michael Moore y la emisora de radiotelevisión Democracy Now, cuya principal cabeza visible es la reportera Amy Goodman. Lo que ha sido totalmente rechazado no ha sido esta izquierda que apenas se hace un hueco en la nación capitalista por excelencia, aunque los pertenecientes a tal adscripción ideológica sean los más perjudicados, la verdadera fuerza política perjudicada no es otra que la que forman los miembros del partido demócrata, miembros moderados de una derecha liberal que, ahora aún más con Obama al frente, se encuentran a menor distancia de esta izquierda mentada, atisbándola aún en un horizonte inasumible. Pero obviemos estas simplificaciones ideológicas en las que caemos al intentar agrupar a determinados elementos políticos en una corriente común que bien puede presenter múltiples caras y analicemos lo ocurrido: La derecha más potente y organizada, bajo los ideales de menos Estado y más América(en tanto que esta no quede contaminada por presencias extranjeras, si acaso América puede ser algo que no parta de presencia extranjera) se está imponiendo, no sólo en los medios de comunicación, sino en los cargos políticos que toman las decisiones más relevantes de la sociedad americana.

Podemos, primero, estudiar las causas y consecuencias de esta situación, pero es sin embargo tarea digna de valiente sociólogo experto en política, y muy a mi pesar, tan sólo podré divagar sobre las posibles causas y consecuencias, y no sin la ayuda de ciertas lecturas en la prensa extranjera. La principal causa de esta victoria de la derecha puede encontrarse en que la derecha siempre ha sido campeona en un país en el que en realidad un presidente afroamericano que propone medidas de protección social y redistribución es una anomalía. La derecha, la más potente y radical, la que no ha escondido su faceta imperialista, sus buenas relaciones con el mundo corporativo y empresarial, la de Nixon, Reagan o Bush, siempre ha sido la que ha caracterizado y dotado de personalidad, en el sentido político, a Estados Unidos. Por supuesto, no podemos reducir al poderoso país a una única visión de lo político y la todavía reciente victoria de un demócrata acusado de comunista por los temerosos de los impuestos y la redistribución lo demuestran. Pero la sociedad tiende a polarizarse y viviendo la sociedad americana una dura crisis económica, con altas cifras de paro(que ni por asomo se acercan a lo que vemos en España), lo que fácilmente podemos predecir es que muchos votos vuelen directamente de una posición a la contraria, siendo además la contraria la que siempre ha tenido mejor fama en esto de hacer mejorar los números de la economía, no entraré a discutir si de forma justificada aunque imagino que adivinarán mi posición.

En esta situación de pesimismo económico y político, pues lo político es económico y lo económico político(aunque en esto último los del Tea Party se empeñan en querer llevarme la contraria), es lógico que ciertos movimientos políticos cobren, o recobren, mayor fuerza y mayor visibilidad, más aún cuando la ideología del movimiento ahora ganador viene sustentada por el dinero de los sectores más poderosos del mundo empresarial norteamericano. Fox News, uno de los canales de noticias con mayor audiencia del país, bajo la presidencia del magnate de los medios de comunicación, es el principal medio de trasmisión de los valores conservadores que han sido acogidos por las elecciones legislativas. Medios de comunicación, maganates y derecha política, vayan ustedes atando cabos.

Cuando una enorme masa de población queda desamparada ante el fracaso de su propia economía o de su seguridad y vive en una insatisfacción constante por vaya usted a saber qué motivos, es propio de una enorme potencia estratégica adueñarse de su mentalidad política y condicionar sus juicios de valor e incluso emociones encontrado un enemigo común hacía el que dirigirlas. Así pues, si un ciudadano estadounidense de escaso nivel intelectual ha perdido ha sufrido un crimen o carece de suficientes medios económicos para llevar una vida agradable o deseada, consigue, gracias a la inevitable presencia de los valores derechistas impreganados en sus programas de televisión y en los idearios de sus vecinos, encontrar un culpable a sus problemas que a su vez es culpable de la insatisfacción de los demás ciudadanos que conoce, la inmigración y los asfixiantes impuestos. Para llegar a tales conclusiones no sigue un elaborado esquema argumentativo, ni entra a reflexionar sobre otras posibles miradas a los temas planteados, o a las posibles consecuencias de las soluciones deseadas, sólo se deja arrastrar por la marea ideológica que le empuja a encontrar en el Tea Party y en los proyectos neoliberales y conservadores un mesías que resuelva sus problemas como buen ciudadano de clase media. Esto no puede resultarnos demasiado ajeno ni extraño, pues en cierto modo ocurre, aunque quizá de un modo menos atemorizador, en nuestras tierras. Las mentes de trabajadores y gentes de clase media con escasa actitud crítica son absorbidas por distintas polaridades políticas, siendo hoy la más llamativa y reaccionaria la que sustenta también un sesgado medio televisivo como es Intereconomía, proponiendo simplistas causas y simplistas soluciones a problemas comunes. Esta lógica populista no es nueva ya que también perteneció, y se desarrolló, con el movimiento obrero de orden socialista o anarquista. Pero si el comunismo significaba una confianza mesiánica en un futuro mejor a través de, en ocasiones, la simplificación y la demagogia, su significación populista obtiene todo su sentido y legitimidad al ser los ideales defendidos aquellos que pretender dotar de poder al individuo explotado en sentido político y por ende económico. Ahora, los círculos de poder empresariales a los que los movimientos sociales se enfrentaron (y se enfrentan, aunque con menor motivación como es lógico en Estados del Bienestar) son los que motivan y movilizan a nuevos movimientos populares que pretenden defender a los mismos bajo el pretexto del derecho a la libertad.

En definitiva, es tragicómico observar como trabajadores creen profundamente en que una libertad económica total pueda resultarles beneficioso, no porque diversas posturas económicas argumentadas no puedan defender tal idea con cierto grado de validez, sino porque tales teorías quedan desprestigiadas al verse subsumidas por la fáctica potencia de la economía y de los mercados, por ser el sustento y pilar de tales movimientos y opiniones una poderosa oligarquía que paga cada anuncio del partido y cada noticia tergiversada en televisión, siendo su principal motivación la obtención de beneficios y no la repercusión de los mismos en la sociedad.

Curioso, por cierto, esto de la libertad, pues este liberalismo americano, tal y como ocurre en España, carece en el sentido social de todo carácter liberal. Si bien los impuestos son indeseables por impedir el uso privado de la propiedad, ese uso privado debe quedar muy bien restringido por una reja moral que impide llevar a cabo acciones que contradigan los valores comunes. No se piense usted que por poder ganar dinero a mansalva por no pagar IVA se lo pueda gastar en contradecir a Dios con drogas, prostitución, abortos o idílios homosexuales, a no ser, claro está, que sepa usted poder ocultarlo en sociedad y vivir en una sana hipocresía.
Podríamos alargar la discusión sobre la libertad cuestionando la libertad liberal entendiendo como esta es también causa de la explotación y la esclavitud, y entendiendo que esta libertad pueda quedar desentendida, o como huída de sentido, si existe en un entorno de enorme inequidad y desigualdad, pero dígaselo esto a un liberal clásico o a un griego ateniense si tiene valor, así que iremos cerrando filas.


Dejando de lado esta posibilidad individualista de funcionamiento económico y social quedaría por elucubrar las posibles consecuencias de este movimiento. Una sería la de espanto y terror en el resto del mundo civilizado. Sí se ha dado cierto desasosiego en los medios de comunicación menos liberales y conservadores, y supongo que más aún en las capas intelectuales de aquellas sociedades que pueden verse perjudicadas por un realce militarista del gran Imperio del mundo. Los defensores de la dignidad y derechos del migrante deben verse algo acongojados por las posibles repercusiones de este giro político, sobretodo tras haberse comprobado la dureza que puede adoptar EEUU en su legislación con el ejemplo de Arizona. Pero pese a todo ello, pese a las tópicas e inagotables críticas a la mirada corta, simple y patológica del radicalismo americano, nuestras sociedades no se han escandalizado demasiado, habiendo la derecha aprobado con ilusión los resultados, al ver en ellos reflejados su propio éxito y al ser algunas de las ideas populistas, conservadoras y generalistas de este movimiento del té en gran medida compartidas por nuestra población.

Otra posibilidad es que el presidente Obama modere su mensaje y sus políticas ("¡¿Cuándo fueron moderadas?!" dirán los izquierdistas o derechistas con sentido absolutamente opuesto y conjuntamente crítico), pero su viaje por el sureste de Asia predicando paz y buen rollo con el islam, además de trazar tratos económicos con la India y proponerla como miembro permanente del por muy pocas naciones(vencedoras tras la segunda gran guerra) monopolizado Consejo de Seguridad de la ONU, no parecen indicar que vaya a dejar de lado sus intenciones políticas por encontrar un mayor apoyo electoral.

La posibilidad, más terrorífica, y más probable, es que la derecha consiga en dos años el poder ejecutivo, que EEUU cierre con mayor ahínco sus fronteras y trate peor a sus inmigrantes ilegales, que se endurezca el rechazo al aborto y los comportamientos alejados de la moral cristiana y que se aligeren los impuestos, esto último, en defensa del no intervencionismo del Estado en la economía, ese no intervencionismo tan aplaudido por los republicanos y que sin embargo nunca hemos encontrado en su política exterior. Convénzanme de que la Guerra de Iraq, el Sha iraní, el Irangate (venta de armas ilegal a un enemigo político para financiar a movimientos revolucionarios nicaragüenses), la intervención en Panamá o Haití, la instauración de bases militares por todo el globo, etc, no es intervencionismo en la economía.

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