Wikileaks supone un hito histórico. Sus acciones son los actos de desobediencia civil de nuestra era. Las distintas etapas y contextos históricos han permitido la formación de ideales, políticas y concepciones de la organización social que distan del poder establecido y proclaman un cambio, una revolución, siendo, en el seno de las democracias modernas este tipo de revueltas ya sólo una petición de cambios muy concretos, y a menudo, independientes del todo político, o posibles sin necesidad de una reforma o mutación del sistema en el que se darían. Quiero decir que, y demos gracias, hoy las revoluciones en occidente carecen de la violencia y la radicalidad con que nacieron como concepto de revolución política y los únicos actos de reniego de la ley impuesta o masiva crítica del modelo tratan cuestiones internas de un modelo que en general no es cuestionado, excepto por minorías que tampoco proponen modelos organizados más allá de una teoría difusa que no abarca muchos aspectos importantes que deberían quedar abarcados, sino que estos movimientos de revuelta se reducen a protestas, las más de las veces, legales, institucionalizadas y entendidas como mecanismos de ejercicio de poder dentro del modelo imperante, cuyos temas, u objetivos a alcanzar, son cuestiones, como dijimos concretas, de dirección interna del mismo modelo, y que no se sustraen a un ámbito previo a la instauración del modelo.
Sin embargo, el modelo resulta aún para muchos incompleto o hipócrita, en el sentido, esto último, de que el modelo no cumple en la práctica con los preceptos en los que teóricamente se amolda, o con los compromisos a los que se somete públicamente. Así, muchas de estas revueltas, manifestaciones, críticas, movimientos, protestas y denuncias al poder establecido no sólo cuestionan las políticas tomadas desde una posición opuesta, es decir, pretendiendo que la política sea revisada y tomada en una dirección contraria, sino que se sitúan más allá de la dirección a tomar y cuestionan el modo en que se toma la decisión. Estas revueltas son, por tanto, originadas por unos colectivos que se insertan, con menor o mayor homegeneidad en esas minorías antes mencionadas que cuestionan el paradigma y que bien pueden quedar ejemplificadas en movimientos en pro de la democracia parcitipativa o movimientos antiglobalización, sean violentos y actúen en la ilegalidad o siendo partícipes de la discusión democrática utilizando las armas legales disponibles.
Una protesta que comparten muchos de estos movimientos que pretenden un cambio de sistema y que puede ser compartida desde perspectivas radicales y moderadas, incluso aquellas que rechazan muchos de los puntos defendidos por estos movimientos internacionales de política contestataria urbana, es la crítica al modelo de democracia en el que el concepto de democracia queda desvirtuado. No exclusivamente puede entenderse como una petición de democracia participativa, de implicación ciudadana en su máxima expresión a través de la votación continuada sobre todo tipo de cuestiones o la formación de instituciones cuyos mecanismos permitan la influencia del pueblo en el mayor número de cuestiones políticas posibles, no sólo es esto, también es una crítica a la perversión de lo que significa democracia representativa, que también es democracia, poder del pueblo, y no aristocracia u oligarquía, que en mi opinión pueden entenderse como sinónimos. Para entender esto hay que diferenciar entre una posición democrática más propensa a la participación activa y directa del ciudadano y otra posición democrática en la que se defiende la cesión del quehacer político a un colectivo o grupo de dirigentes, que, no olvidemos, representa las pretensiones y preferencias del pueblo que los ha elegido como tal, no nos confundamos, democracia representativa implica desvinculación parcial de lo político por parte de aquel cuyo oficio no sea la política, pero no desvinculación total, y en ese sentido, también se le puede dar el título de democracia participativa, pues sin participación del pueblo en la elección de gobernantes y legisladores, así como en la elección de su supresión y sustitución (en su supervisión), no hay democracia.
Y en esta tesitura aparece Wikileaks promoviendo una nueva revolución que no desmorone el modelo instaurado pero si lo reconstruya y lo modele hacía el ideal de la participación ciudadana, no rechazando la representación, pero sí arduamente denunciando el abuso de poder que desde esa representación se está realizando. ¿Qué abuso de poder es este? El ocultamiento y silenciamiento de hechos políticos relevantes que afectan al pueblo y de cuya opinión última sólo es posible encontrar posicionamiento y reacción. Wikileaks roba al poder aquellos documentos clasificados que contienen vastísima información sobre las actuaciones de ese poder, que recordemos, es mero representante del poder fáctico del pueblo que se somete al mismo, y que describen, esos documentos, las visiones y perspectivas que se tienen con respecto al resto de poderes estatales que hay en el mundo.
Así, Wikileaks, hablando ya en términos más concretos, denuncia este ocultamiento de información, sino que además cuestiona lo que esta misma información nos dice sobre el modus operandi del poder. Primero fueron archivos sobre Afganistán, y posteriormente sobre Iraq, los que confesaban al mundo el número real de victimas que cotejaba el gobierno que promovió tales guerras, y las inexistentes medidas adoptadas contra casos conocidos de flagrante ilegalidad e inmoralidad. Pero ahora nos deslumbra y aturde de nuevo esta organización activista con nuevas informaciones sobre el modo de actuar de las embajadas de EEUU, teniendo una oculta función como recabadora de información, y se nos consciencia sobre los asuntos tratados por el gobierno respecto a los países tanto aliados, como enemigos. Conocemos entonces la opinión que numerosos funcionarios del gobierno dan de los mandatarios de otras naciones, europeos o no, aliados o no, información cuya última utilidad es conocer las posibles amenazas, no exclusivamente a la seguridad, sino también a los intereses económicos o estratégicos de EEUU, así como también nos informamos de las conversaciones secretas que implican a aliados árabes del país respecto a la amenaza militar de Irán.
Wikileaks, pues, realiza dos denuncias en una, primero, con el apoyo de poderosos medios de comunicación, difunde informaciones que dentro del modelo van a ser cuestionadas, pretendiendo un numeroso colectivo del conjunto de la población que la política se direccione en sentidos opuestos (del mismo modo que otro amplio colectivo considerará válidas estas direcciones políticas cuestionadas por Wikileaks), y por otro, cuestiona el modelo representativo en el que el pueblo queda exento y apartado de las cuestiones políticas de mayor relevancia, si acaso no es abolutamente engañado sobre las mismas, lo cual implica y prescribe mayor transparencia y mayor conocimiento y, por ende, participación ciudadana.
El problema al que se enfrentaría esta concepción de lo político, y Wikileaks, es a la concesión democrática al poder (al representante) del derecho a ocultar información, siguiendo su propio criterio, en vistas a la seguridad y defensa del conjunto de la ciudadanía. Esto no significa la concesión prepolítica de la que hablaría Hobbes en el caso de la instauración de un Estado absoluto por sumisión voluntaria de sus miembros a un poder pacificador, el Estado moderno parte de esta concepción, pero se articula también conforme a ideales de libertad e igualdad que permiten que este poder pacificador, esto quiere decir, dador de leyes, respete unos concretos derechos adscritos al ser humano y que sea constituido, realizado y llevado a la práctica por el poder soberano, entendido este como el pueblo. Se trata entonces de la posibilidad de que este poder soberano permita este tipo de actuación política, o este modelo que implica cierto grado de ocultación al poder político representado y cierto grado de actuación política secreta respecto al resto de naciones conforme a principios de protección. Esto en definitiva sería desconsiderar los medios utilizados en beneficio de unos fines deseados, que es el mismo procedimiento llevado a cabo por Wikileaks, que desestima su propio oscurantismo interno para ofrecer una crítica mordaz al oscurantismo político.
Tenemos, por lo visto, dos cuestiones abiertas, una, la posibilidad de que la defensa democrática de Wikileaks sea democráticamente desprestigiada, y por otro, la propia contradicción en la que cae Wikileaks al proponer modelos que como organización no cumple, lo cual, pudiendo manchar el nombre de Wikileaks y sus actos, no resta ninguna credibilidad o legitimidada su mensaje, que siempre debe quedar interpretado, si es un mensaje ético o político, en tanto que ético y político, de forma independiente a su origen contingente. En definitiva, lo que encontramos es un Estado democrático que incumple su naturaleza democrática conforme a un objetivo que queda por encima, la seguridad, y una organización activista que incumple, con la ley, el proceder habitual de las organizaciones activistas, y sus propias prescripciones, por un objetivo que también queda por encima, la verdad para el pueblo, o la democracia sin concesiones.
Lo que queda, pues, son dos valores últimos enfrentados, o dos conjuntos de valores y concepciones de lo correcto y conveniente, que en el contexto de la democracia (pues estamos partiendo siempre en este texto de la democracia como institución admitida y consolidada) pueden ser aceptados o rechazados, y que no implican ninguno necesaria conexión con la misma. Desde unas posturas podemos entender que la seguridad, valga lo que valga, está por delante, y por ello precisamente la democracia y el Estado y no la anarquía, y por ello también el derecho a ocultar y mentir. Desde otras posturas la verdad y la transparencia son valores esencialmente ligados, no al Estado, pero si al Estado democrático. A esta última postura pertenezco yo, que considero que la democracia no es tal si mediante sus propios mecanismos (como vimos, dentro de la misma, por votación directa o indirecta de una ley o norma que así lo permita o por el permisivismo ante el ejecutivo que sin apoyo jurídico sin embargo lo realice) suprime el derecho a conocer los asuntos del gobierno que son los asuntos de todos. Pera esta concepción es más utópica que realista, y causa carcajadas en un contexto de superpotencias fuertemente armadas cuyos pilares estratégicos en lo referente a defensa son administraciones centradas en el espionaje y en la recopilación de información crucial sobre todo enemigo virtual. Y es que, si el pueblo conoce esta información vital, el posible enemigo, también tendrá acceso a ella, y la información, lejos de resultar estratégica y defensiva, será vacua, o incluso peligrosa. Sin embargo, precisamente por ser esta realidad tan ingrata, cuando los valores que se contemplan, no sólo en el imaginario del ciudadano progresista, sino en muchas de las instituciones políticas ya existentes, aunque de modo rudimentario (Como la ONU, Su Corte Penal Internacional, su Declaración Universal de los Derechos Humanos, etc, cuyos valores son encomiables pero cuya estructura sigue siendo jerárquica y otorga poder de decisión a unos países en tanto que históricamente consiguieron un papel protagonista), se hacen realidad, estos valores citados, a través de las acciones de Wikileaks, uno siente esperanza en un futuro en el que los valores que dieron alcance a la democracia nutran la colectividad política de occidente y contagien aquellos territorios no democráticos, permitiendo una progresiva desmilitarización y una participación política pacífica y participativa en la que no sea necesario ocultar información por seguridad.
Pero, volviendo a la realidad, también, aparte de esperanza, Wikileaks provoca miedo, pues sus acciones, destinadas a movilizar a la población por la búsqueda de la verdad y el conocimiento total de las acción política que ellos sustentan como soberanos, no atienden demasiado a sus posibles consecuencias en un mundo planteado tal y como hemos expresado, en el que estos actos cuyo fines éticos y políticos pueden trocarse en la conformación de nuevos conflictos bélicos que impliquen una re-legitimación de la política ocultista y democráticamente antidemocrática. Precisamente, como dije en el primer párrafo, este es el problema del cuestionamiento del modelo dado, que en la teoría de un nuevo modelo quedan inabarcadas cuestiones que necesitan serlo, como sería en el caso de una total transparencia de los órganos de seguridad americana, su debilidad militar frente a amenazas certeras y cercanas, y su incapacidad, y aquí está la respuesta a la primacía eterna del componente militar en las relaciones entre Estados, para proteger los intereses americanos, incluso aquellos más básicos que no supongan la necesidad, siendo que esa necesidad existe hoy día en todo occidente, de contar con los recursos de otros territorios.
En conclusión, Wikileaks puede, quizá, suponer un antes y un después en la conciencia ciudadana respecto a su poder político real y su capacidad para ordenar la política y las instituciones a contracorriente, pero, precisamente por ser esta dirección escogida, a contracorriente, lo más probable es que la fuerza de la mayoría despolitizada o políticamente cercana a las ideas de modelos estatales absolutos que organicen los asuntos militares sin consentimiento ciudadano, se sobreponga y convierta estos hechos en meras anécdotas en la historia. También, siendo pesimistas, es muy probable que los conflictos existentes se encarnicen por la poca conciencia de responsabilidad que maneja Wikileaks al actuar tal como lo hace. Lo necesario, si se siguen las concepciones éticas y políticas que maneja Wikileaks, y se denuncia no sólo el ocultamiento de la verdad, sino también la actuación interestatal entendida como relación de sujetos libres virtualmente enemigos (Amigo-enemigo según Carl Schmitt), defendiéndose una organización de Estados supeditados a una legislación común (del mismo modo que de la libertad natural humana, supuesto estado de guerra virtual, se pasó a una legislación común pacificadora que contentase mínimamente a todas las partes, esta relación podría ser transpuesta al ámbito de los Estados nacionales, tal y como está progresivamente ocurriendo en sus agrupaciones interestatales y en sus pactos y tomas de medidas pacíficas y conjuntas a sus problemas), o, dejando de lado la soñadora visión de una legislación común, quedando los Estados unidos, todos ellos en defensa de ideas y valores democráticos y pacíficos, lo necesario, decíamos, es encontrar aquellos elementos aquí esbozados que impiden la realización de tales ideales. Así pues, si queremos acabar con los secretos de Estado, habrá que acabar con la amenaza enemiga, y para ello, obviando problemas de índole cultural y religiosa que tienen fuerte influencia y compleja solución, también han de solventarse los conflictos que nacen de una situación histórica injusta y aquel motivo principal de lucha entre pueblos, la riqueza, los recursos y todo aquello que permite no sólo la existencia, sino un determinado nivel de calidad de la existencia. Enfrentarse a estos problemas, y no mantenerlos utilizando la fuerza para defendernos de sus consecuencias, sería la verdadera propuesta a largo plazo de la que se debe tomar conciencia y que cuanto antes debe comenzarse si no se quiere eternizar un estado mundial de guerra, mentiras y tiranía.
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