lunes, 5 de julio de 2010

Dependencia

Al grano. Portugal Telecom, la principal empresa telefónica de Portugal, perteneció, como Telefónica en España, al gobierno portugués, hasta que en tiempos democráticos se vio, también de modo homólogo a la compañía española, privatizada, eso sí, bajo unas condiciones pactadas que establecían en los Estatutos de la empresa al Estado de Portugal como poseedor de la acción de oro (golden share), acción que permite vetar las tomas de decisiones de la junta directiva o de accionistas y votar con la absoluta seguridad de que ese voto será el único válido en la toma de decisiones.

PT(Portugal Telecom) y Telefónica( al parecer esta última participando posteriormente) comparten un 50% de la sociedad con sede en Holanda Vivo, principal compañía de telefonía móvil en Brasil, potencia económica en ascenso meteórico que supone una apuesta segura para todo tipo de inversiones que dependan, como en este caso, de una clientela potencial en continuo crecimiento. En los tiempos que corren, todo país que ha podido escapar de la miseria y se adentra en los lujos y privilegios del primer mundo no va a dejar que sus ciudadanos no puedan, como lo hacen sus vecinos mundiales, juguetear con el aparato estrella de los últimos años, el nuevo negocio telefónico que nos ha convertido en seres plenamente dependientes de la comunicación móvil.

Hasta aquí los detalles esenciales del asunto a tratar. ahora el meollo de la historieta. Telefónica ofrece 5000 millones de euros por el 50% portugués de Vivo. PT lo rechaza. Telefónica aumenta la oferta a 6000, los accionistas de PT se reunen y deciden por mayoría que venden. El gobierno portugués participa en la votación y expresa su negativa a través de la acción de oro. La mayoría obtenida no importa, la acción de oro manda, PT no venden su fracción de Vivo. Telefónica ofrece ya más de 7000 millones.

Desde Europa, comisarios de la UE dedicados a la economía, esos personajes de los que no tenemos ni idea pero que dirgen gran parte de las políticas de nuestros países, con el cúmulo de ventajas e inconvenientes que ellos presupone, critican el comportamiento de Portugal, su proteccionismo y su incompatibilidad con el principio europeo de la libre circulación de capitales. El País, en un editorial, critica el provincialismo portugués y su intervencionismo. En el mismo periódico, el primer ministro portugés, José Sócrates, defiende la legalidad de su acción y la considera apolítica y beneficiosa para el pueblo. Yo me pregunto que convierte a un acción gubernamental en política o no, quizá en tiempos en los que ya no existen ciudadanos sino votantes o clientes las decisiones son políticas cuando suponen una ampliación de la cuota de mercado, es decir, de apoyo electoral.

¿Por qué Portugal veta a PT y niega que venda la propiedad de una empresa que se prevé obtenga unos beneficios brutales en Brasil? Neocolonialismo se ha oído decir. Algo semejante, pero difícilmente criticable en la nación lusa cuando es habitual en toda nación desarrollada. El corporativismo, el poder empresarial como sustento del poder político y del estado de bienestar. Sócrates es un político de ideología socialista y no ha tenido reparos en vetar a una gran empresa en sus decisiones cuando sabía que la pertenencia de tal empresa al territorio portugés beneficia a la totalidad de la nación. No sólo evita posibles reestructuraciones laborales al perder la compañía el porcentaje de una empresa holandesa que se hace de oro, sino que además permite que el dinero que de esta se obtiene repercuta en las arcas portugesas a través del impuesto de sociedades. De nuevo, como ya hemos comprobado en entradas anteriores, el bien de las grandes empresas nacionales es el bien de las mismas naciones. Sócrates sabe muy bien que el bienestar monetario de sus ciudadanos depende de la prosperidad de las empresas portugesas que ofrecen trabajo y crean riqueza, por ello, en tiempos de crisis, no va a permitir que las empresas, de forma autónoma, decidan perder beneficios a largo plazo, si legalmente así puede hacerlo. Sin embargo el tribunal europeo aún debe decidir si la utilización del mecanismo de la acción de oro por parte de Portugal es legal dentro del marco europeo de liberalismo.

¿Qué hemos aprendido hoy? Podemos criticar o aplaudir el comportamiento de Portugal, o la intromisión, lógica y en parte necesaria de Europa, pero yo no pretendo aquí entrar a valorar estos asuntos que plantean cuestiones políticas, ideológicas y morales. Lo que principalmente resalto es la total dependencia, aquí subrayada, de nuestro bientesar económico al mundo empresarial multinacional. Son las grandes empresas las que permiten que tengamos trabajo, productos, necesidades cubiertas, dinero estatal, etc. Son también ellas las que eligen los caminos que seguimos y quedan justificadas en sus acciones por nuestra debilidad y aletargamiento. Sí, España es Banco Santander o Telefónica y Suecia Ikea.

Si aquí ya se mencionó el ejemplo de BP, hoy propongo el de Arabia Saudí, inmensamente rica, como explica espléndidamente este blog: http://lapizarradeyuri.blogspot.com/2010/07/saudi-aramco-la-discreta-tirania-global.html, gracias al éxito de sus empresas petrolíferas. La ausencia de democracia y la barbarie allí existente no son problema para nuestros medios de comunicación como sí lo son en Cuba, Arabia Saudí nos vende petróleo y no conviene morder la mano que nos da de comer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario