Mientras nosotros utilizamos nuestros productos con materiales plásticos, conducimos nuestros coches para visitar a nuestros amigos, llegar al trabajo o disfrutar del tiempo de ocio, nos alimentamos de productos cultivados y tratados mediante maquinaria y productos de la industria agroquímica o paseamos por aceras, caminos o pavimentos que necesitan de los derivados del petróleo, la fuga producida por BP en el Golfo de México sigue expulsando cantidades ingentes, difícilmente cuantificables de forma exacta, al mar. El crudo se esparce por el agua, pese a los intentos, mediante el uso agresivo de nocivos productos químicos para disolverlo o el intento de quemarlo, y, superando las barreras situadas en las costas con mayor riesgo, se mezcla entre la arena, las plumas de las aves autóctonas y se estanca en los humedales de Louisiana. La biodiversidad se ve atacada, la fauna muere, la pesca es impensable y el turismo, si no se trata del voluntariado, desciende. Las gentes de las tierras dañadas tendrá que convivir años con los residuos que aún siguen vertiéndose y las consecuencias que les son instrínsecas, permitiéndose sólo mantener su nivel de vida gracias a los subsidios y ayudas que BP pagará y que probablemente resulten insuficientes para reparar el daño causado.
Obama está enfadado, muy enfadado, y ha calificado el suceso como el 11 S medioambiental de los Estados Unidos, prometiendo un giro importante en su política energética (que como en prácticamente todo país mínimamente desarrollado depende del petróleo) sin llegar a ofrecer ninguna pista de hacia donde podrían ir los tiros o en que grado. Por el momento las licencias para nuevas perforaciones en costas americanas han sido suspendidas, aunque raramente, debido al negocio que ello supone y al beneficio público y privado (a expensas de los riesgos y las consecuencias medioambientales), tales perforaciones proyectadas se vean truncadas en el futuro. BP ya ha pagado sus multas y ha ofrecido fondos de ayuda, habiéndose encargado también, simplemente porque no hay nadie mejor que sepa hacerlo, de intentar sellar la brecha que aún expulsa oro negro al océano. La compañía además ha suspendido el pago de dividendos a a sus accionistas, dedicando, al menos por lo que se nos muestra, todo su esfuerzo técnico y económico en solucionar el problema que está dañando su imágen gravemente. Por supuesto, el perspicaz economista inglés tiembla ante la posible crisis de la gigante multinacional petrolera que aporta tanto dinero a los bolsillos ingleses y las arcas públicas de la nación.
Hoy, en Público, se nos dice que en el Delta del Níger los vertidos del líquido negro son continuos sin que ningún periódico se moleste en denunciarlo y sin protagonizar ningún titular de prensa. Las fugas de la empresa Exxon Mobil en las excavaciones de la región se suceden en una media de de cada 4 días debido a los sabotajes, excavaciones que extraen un supuesto 40% del petróleo americano. 40.000 toneladas de crudo cada año suponen el tinte de luto continuado para unas aguas que dejan una pesca contaminada a las poblaciones empobrecidas de la región.
La insociable sociabilidad que titula esta entrada del blog es el concepto utilizado por autores ilustrados, filósofos y pensadores de la modernidad, para calificar el paradójico resultado moral de las acciones egoístas o ajenas a la moralidad o buena intención. Así pues, el interés material privado de los europeos, en búsqueda de su propia riqueza, supuso un aumento generalizado de riqueza común. Es muy sencillo, el interés de un delantero por marcar goles y aumentar su prestigio beneficia al club en conjunto, del mismo modo que el interés del panadero por obtener dinero permite que nosotros podamos comer pan cada día. Esta obviedad, motor del progreso histórico, en mayor o menor medida, es la base fundamental del capitalismo y del actual modelo económico imperante, entrando, por supuesto, mil factores más en el juego. Si BP se hunde, Reino Unido también se hunde un poquito, y nuestros motores a gasolina con ellos.
Este concepto puede ser muy visible en el actual mundial de fútbol. SudAfrica se beneficia económicamente de un campeonato que, diversión y tradición a parte, no deja de ser un gran negocio para diversas compañías y organizaciones. Pero como en el caso del beneficio generado por el interés privado de BP o Exxon, no es oro todo lo que reluce. Los nuevos balones de Adidas diseñados para el acontecimiento deportivo son fabricados en zonas rurales de Pakistán, donde empleados que huyen del escandaloso paro y la precariedad de la agricultura trabajan largas jornadas laborales para cobrar entre 60 y 90 euros mensuales, según Labor Right Forum, la mitad del mínimo necesario para alimentar a una familia y asegurar una educación a sus hijos, pero suficiente, según William Anderson, el jefe de responsabilidad social corporativa de Adidas en la zona, como para obtener mayores ganancias que en la agricultura y no caer en la mendicidad.
Los inmensos ingresos que esos balones (a 25 euros el más cutre y 120 la réplica del utilizado en el mundial en el Corte Inglés) van a producir apenas revertirá en esos trabajadores que recibirán una ínfima parte de los mismos. De igual modo, el dinero que Exxon Mobil deja en Níger, que no es moco de pavo, apenas repercute en la sociedad, que vive con una esperanza de vida de 48 años. Se calcula que entre 1970 y 2000 los gobiernos nigerianos ingresaron unos 280.000 millones de euros gracias al petróleo, cantidades de dinero que de forma muy escasa han llegado a manos de aquellos que no viven de la corrupción política.
Uno de los gajes del liberalismo en filosofía moral y la teoría contractualista, considerando al hombre un ser libre con unos derechos inherentes que puede escoger el camino a seguir y pactar con sus congéneres dentro de unos límites constitucionales, es la creencia utópica de que existen asociaciones humanas y pactos en igualdad de condiciones. Por ello teorías como la ética dialógica de Habermas o el ejercicio del velo de la ignorancia de Rawls para alcanzar los principios de la justicia son vacuos, porque ambos acaban confesando la necesidad de unas condiciones ideales que no podemos encontrar en la práctica. Esa constitución política limitadora que mencionamos, en teoría, surgida de la veracidad incuestionable de los derechos inalienables del hombre, no es más que el producto de un pacto entre fuerzas de poder en la práctica.
Los ejemplos visibles de esta desproporción entre humanos en el momento de llegar a normas, pactos y asociaciones son los arriba descritos. Mientras la fuga de petróleo sigue abierta y trabajadores pakistaníes viven en la miseria, nosotros vivimos como duodécima nación de la UE con mayor PIB, en la que existen grandes desigualdades pero en la que un parado no vive en las condiciones paupérrimas en las que vive un parado en Pakistán. Nosotros encontramos el oro primero, los perjudicados por nuestros lujos tendrán que esperar a que la insociable sociabilidad les favorezca progresivamente, aunque sean en condiciones denunciables como las de las fábricas pakisataníes de Adidas. ¿Tendrán tanta paciencia?
Vendria bien una organizacion, con sus respectivas etiquetas, ya que las anteriores entradas estaban clasificadas como Politica pero supongo, espero, no siempre se tratara unicamente la politica, aunque no lo indiques.
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