El domingo 13 de junio de 2010, Miguel Ángel Moratinos, junto con su homóloga suiza, pactaron con Muamar al Gaddafi la liberación del empresario suizo Max Göldi, retenido en Libia durante dos años y quien hoy llegaba a territorio suizo. El ministro de exteriores, Moratinos, es uno de los ministros menos considerados del gobierno español, pero que, con total desconocimiento de causa, me atrevería a decir que de los más relevantes y más activos en los movimientos políticos del país, dentro de su esfera, las relaciones internacionales. Moratinos, varias veces embajador español a lo largo del ancho mundo y experto conocer de Oriente Próximo al haber dirigido la embajada israelí y haber participado en conversaciones palestino-isaraelíes, también partícipe en alguna reunión del insuflador de conspiraciones y paranoias club Bildelberg, y habiendo, hace no mucho, salvado el culo al ejecutivo español con la ayuda de Francia y la ofrenda de privilegios económicos europeos a Marruecos por el caso de Aminatu Haidar, ya llevaba tiempo gestando esta hoy anunciada liberación, viajando ya en marzo para mediar en el conflicto formado entre Suiza y Libia.
El conflicto, en sí, parece muy simple, una pequeña pelea entre papás. Uno de los hijos de Gaddafi, Hanibal, conocido por sus escándalos en Francia por conducción temeraria y golpear a su novia embarazada, fue detenido en territorio suizo, al parecer, por maltratar al personal de un hotel, siendo apresado durante una noche en una comisaria a expensas de su supuesta inmunidad diplomática. Gaddafi, por cierto, es el líder de facto (siempre quise utilizar esta expresión) libio, no ostentando ningún cargo oficial, sino meramente honorífico, pero mandando como el que más, habiendo, como alto cargo militar, llevado a cabo una revolución de carácter socialista en Libia e imponiéndose como autoridad en el país africano que más PIB y desarrollo posee debido a la abundancia del petróleo, pese a predominar la ausencia del cumplimiento de derechos, tal como denuncian organizaciones en defensa de los Derechos Humanos (como Amnistía Internacional o la Liga Libia por los Derechos Humanos , que para colmo tiene su sede en Ginebra) y movimientos libios críticos con las detenciones políticas tan propias de dictaduras antidemocráticas.
Volviendo a la historia del hijo, como represalia por la detención, así como por la publicación en diarios suizos de imágenes del hijo en el calabozo (de nuevo lo que duele no es la verdad, sino el conocimiento ajeno y directo de la verdad), Libia retuvo a dos empresarios suizos. La consiguiente reacción suiza fue la de restringir los visados a un centenar de personajes destacados libios, incluido el propio Gaddafi, para entrar en el espacio Schengen (formado por la mayoría de países de la Unión Europea, más Noruega, Islandia y la propia Suiza). Libia respondió suspendiendo la concesión de visados a esos mismos países, pero con tres salvedades: a los ciudadanos de España, Italia y Malta le extiende permisos nacionales para que entren en el país. Posteriormente retiró dinero de cuentas suizas y denegó la exportación de petróleo al país. Mucho tiempo después, uno de los empresarios retenidos, fue liberado, el segundo, el tal Göldi, queda hoy en libertad, aliviándose, quizá gracias a esta enigmática mediación suizo-española, las tensiones entre el país europeo de las altas montañas y ricos bancos y el país africano del árido desierto y el oro negro.
Entre las cesiones a Libia por el "rescate" se incluyen una investigación judicial por la detención de Hanibal y una compensación por la publicación de las imágenes en periódicos suizos, publicación por la que la ministra suiza debió pedir disculpas, algo así como pedir disculpas a un dictador extranjero por la libertad de expresión. Lo curioso es que, en la reunión oficial entre los ministros europeos y Gaddafi, en su jaima, siempre presente hallá donde va, se encontraban, como dice El País, por "otros asuntos" (no especificados), el primer ministro italiano Silvio Berlusconi y el primer ministro de Malta, ese gran desconocido, Lawrence Gonzi. ¿Qué hacían allí? Por lo que parece, y gracias a la ayuda de un supuesto diario maltés y mis ínfimos conocimientos de inglés, la reunión trató varios asuntos de orden diplomático y económico, puesto que, al fin y a cabo, estas cuestiones se solucionan así, con el trapicheo, los favores, las cesiones y el "change". Por lo poco que nos dice el Malta Independent, que ya dice más que nuestros medios españoles, se trataron temas como el de la inmigración ilegal o las relaciones entre la Unión Europea y Libia, asuntos ante los cuales desconocemos totalmente lo debatido.
Resulta, curioso, cómico, que en lugar tan exótico como una jaima estén reunidos estos personajes tan relevantes a nivel internacional, destacando entre ellos Berlusconi y Gaddafi, que si bien poco tienen que ver en su supuesta ideología política, tirando uno al liberalismo con aires de corrupción y el otro hacía un socialismo personalista del tipo chavista pero a la africana (por algo este le ofrecería la condecoración de la espada de Simón Bolívar), ambos, defensores de la democracia ante las cámaras, no parecen serlo por sus actos. Poseen, también los dos, cierta afición por las mujeres muy en común. Si uno contrataba modelos y jovencitas para sus fiestas privadas, del otro sabemos que invitaba a muchachas guapas y jóvenes, prefernemtenete modelos, para asisitr a charlas en defensa de la religión islámica y la difusión del Corán, recibiendo dinero a cambio. Por si el intento de convertir a la religión verdadera a un centenar de mozas "sexis" no fuese suficiente bizarrada, el "semi-dictador" tiene para sí como elemento de protección a la denominada guardia amazónica. Esta consiste en 200 mujeres vírgenes hábilmente entrenadas en las artes marciales y el uso de armas de fuego. Sí, en eso se invierte parte de nuestro dinero gastado en hacer funcionar los coches que tanto necesitamos.
Es muy clarificador comprobar como desde Occidente se demoniza el gobierno cubano (que por muy buenas razones que tenga a la sazón del odio yanki y en defensa de políticas socialistas, es un gobierno no democrático que priva de la libertad de expresión), mientras que lame el culo a desequilibrados ególatras como Gaddafi ante el que siempre hay tiempo para bajarse los pantalones debido a la sed de petróleo europea. Por el contrario, con Chávez, podemos tomar la estrategia de criticar indiscriminadamente sus acciones y palabras (y no, las más de las veces, sin razón) a la vez que importamos su petróleo y le vendemos armas. Quizá lo que moleste no sea su posible actitud represiva, sino sus acciones soberanistas, nacionalizaciones o el desvio de exportaciones a territorio suramericano, traducido: que los países más allá del océano dejen de comportarse como la colonia que siempre fueron.
El conflicto, en sí, parece muy simple, una pequeña pelea entre papás. Uno de los hijos de Gaddafi, Hanibal, conocido por sus escándalos en Francia por conducción temeraria y golpear a su novia embarazada, fue detenido en territorio suizo, al parecer, por maltratar al personal de un hotel, siendo apresado durante una noche en una comisaria a expensas de su supuesta inmunidad diplomática. Gaddafi, por cierto, es el líder de facto (siempre quise utilizar esta expresión) libio, no ostentando ningún cargo oficial, sino meramente honorífico, pero mandando como el que más, habiendo, como alto cargo militar, llevado a cabo una revolución de carácter socialista en Libia e imponiéndose como autoridad en el país africano que más PIB y desarrollo posee debido a la abundancia del petróleo, pese a predominar la ausencia del cumplimiento de derechos, tal como denuncian organizaciones en defensa de los Derechos Humanos (como Amnistía Internacional o la Liga Libia por los Derechos Humanos , que para colmo tiene su sede en Ginebra) y movimientos libios críticos con las detenciones políticas tan propias de dictaduras antidemocráticas.
Volviendo a la historia del hijo, como represalia por la detención, así como por la publicación en diarios suizos de imágenes del hijo en el calabozo (de nuevo lo que duele no es la verdad, sino el conocimiento ajeno y directo de la verdad), Libia retuvo a dos empresarios suizos. La consiguiente reacción suiza fue la de restringir los visados a un centenar de personajes destacados libios, incluido el propio Gaddafi, para entrar en el espacio Schengen (formado por la mayoría de países de la Unión Europea, más Noruega, Islandia y la propia Suiza). Libia respondió suspendiendo la concesión de visados a esos mismos países, pero con tres salvedades: a los ciudadanos de España, Italia y Malta le extiende permisos nacionales para que entren en el país. Posteriormente retiró dinero de cuentas suizas y denegó la exportación de petróleo al país. Mucho tiempo después, uno de los empresarios retenidos, fue liberado, el segundo, el tal Göldi, queda hoy en libertad, aliviándose, quizá gracias a esta enigmática mediación suizo-española, las tensiones entre el país europeo de las altas montañas y ricos bancos y el país africano del árido desierto y el oro negro.
Entre las cesiones a Libia por el "rescate" se incluyen una investigación judicial por la detención de Hanibal y una compensación por la publicación de las imágenes en periódicos suizos, publicación por la que la ministra suiza debió pedir disculpas, algo así como pedir disculpas a un dictador extranjero por la libertad de expresión. Lo curioso es que, en la reunión oficial entre los ministros europeos y Gaddafi, en su jaima, siempre presente hallá donde va, se encontraban, como dice El País, por "otros asuntos" (no especificados), el primer ministro italiano Silvio Berlusconi y el primer ministro de Malta, ese gran desconocido, Lawrence Gonzi. ¿Qué hacían allí? Por lo que parece, y gracias a la ayuda de un supuesto diario maltés y mis ínfimos conocimientos de inglés, la reunión trató varios asuntos de orden diplomático y económico, puesto que, al fin y a cabo, estas cuestiones se solucionan así, con el trapicheo, los favores, las cesiones y el "change". Por lo poco que nos dice el Malta Independent, que ya dice más que nuestros medios españoles, se trataron temas como el de la inmigración ilegal o las relaciones entre la Unión Europea y Libia, asuntos ante los cuales desconocemos totalmente lo debatido.
Resulta, curioso, cómico, que en lugar tan exótico como una jaima estén reunidos estos personajes tan relevantes a nivel internacional, destacando entre ellos Berlusconi y Gaddafi, que si bien poco tienen que ver en su supuesta ideología política, tirando uno al liberalismo con aires de corrupción y el otro hacía un socialismo personalista del tipo chavista pero a la africana (por algo este le ofrecería la condecoración de la espada de Simón Bolívar), ambos, defensores de la democracia ante las cámaras, no parecen serlo por sus actos. Poseen, también los dos, cierta afición por las mujeres muy en común. Si uno contrataba modelos y jovencitas para sus fiestas privadas, del otro sabemos que invitaba a muchachas guapas y jóvenes, prefernemtenete modelos, para asisitr a charlas en defensa de la religión islámica y la difusión del Corán, recibiendo dinero a cambio. Por si el intento de convertir a la religión verdadera a un centenar de mozas "sexis" no fuese suficiente bizarrada, el "semi-dictador" tiene para sí como elemento de protección a la denominada guardia amazónica. Esta consiste en 200 mujeres vírgenes hábilmente entrenadas en las artes marciales y el uso de armas de fuego. Sí, en eso se invierte parte de nuestro dinero gastado en hacer funcionar los coches que tanto necesitamos.
Es muy clarificador comprobar como desde Occidente se demoniza el gobierno cubano (que por muy buenas razones que tenga a la sazón del odio yanki y en defensa de políticas socialistas, es un gobierno no democrático que priva de la libertad de expresión), mientras que lame el culo a desequilibrados ególatras como Gaddafi ante el que siempre hay tiempo para bajarse los pantalones debido a la sed de petróleo europea. Por el contrario, con Chávez, podemos tomar la estrategia de criticar indiscriminadamente sus acciones y palabras (y no, las más de las veces, sin razón) a la vez que importamos su petróleo y le vendemos armas. Quizá lo que moleste no sea su posible actitud represiva, sino sus acciones soberanistas, nacionalizaciones o el desvio de exportaciones a territorio suramericano, traducido: que los países más allá del océano dejen de comportarse como la colonia que siempre fueron.
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