lunes, 24 de enero de 2011

Polifemo, hijo de Poseidón

Polifemo, siguiendo la mitología homérica, es el terrorífico y grandioso cíclope hijo del dios de los mares, Poseidón. Este magnífico gigante de un sólo ojo habita una inhópsita caverna en la isla de los cíclopes que Odiseo (Ulises en la versión latinizada) y sus hombres visitan en su vuelta a Ítaca tras la guerra de Troya. En esa caverna encuentran los guerreros griegos un rebaño de grandes ovejas que inmediatamente son sacrificadas en orden a un festín bien merecido por aquellos valerosos y arduos luchadores. Polifemos, habitante de aquella estancia descubre el hurto que semejantes enanos han cometido respecto a sus bienes y decide encerrarlos en su cueva para ir alimentándose de ellos uno a uno, con una crueldad y una vileza sólo atribuibles a semejante criatura de proporciones monstruosas. Al fin Odiseo y sus hombres consiguen escapar tras haber dejado ciego al cíclope. Este pasea a su rebaño todos los días, inspeccionando con sus manos, no ya con su vista, sus lanudas pieles para evitar que sus prisioneros puedan escapar sobre ellas, pero estos consiguen esconderse en el lomo de las bestias, donde las manos del cíclope no llegan a curiosear (no cuestionaremos su capacidad para amansar a las pobres ovejas, intentar encontrar verosimilitud en las leyendas clásicas podría calificarse también como una actividad mítica). Una vez fuera de la oscura caverna, libres de las torturas del gigante y preparando ya las naves para la partida de la isla, Odiseo comete un grave error al vanagloriarse frente a Polifemo de haber sido él quien hirió su único ojo. Poseidón, padre del cícope iniciaría una dura y meticulosa venganza hacía Odiseo para impedir su retorno a casa.

Así, Polifemo, es como se denomina el conjunto de acciones que pretende llevar a cabo la compañía escocesa Cairn Energy, a través de sus filiales Medoil y Capricorn, en las costas valencianas. Se trata de realizar pruebas de sondeo para enconcrar pistas de posibles yacimientos petrolíferos para poder llevar a cabo posteriormente su extracción. Sus planes, proyectados en un plazo de seis años, consisten, en su primera fase, en la utilización de sondas marinas para encontrar las denominadas "rocas madre"(la que prorpociona su matriz mineral al suelo, según Wikipedia), almacenes o trampas mediante la utilización de envío y recogida de señales acústicas lanzadas mediante buques especializados. según indica la noticia publicada hoy en el diario Levante. Sólo a partir del quinto año, tras haberse realizado todas las investigaciones necesarias, será posible topar con plataformas plantadas en el mar en busca de extraer el material. Siguiendo la información que también ofrece el diario, esta primera fase de sondeo, que también podrá ser de utilidad para el mejor conocimiento científico de las propiedades químicas de la superficie terrestre del mar Mediterráneo en la costa valenciana, supone un riesgo para la fauna marina, concretamente, destacando el caso de los cetáceos (delfines y ballenas que por lo visto abundan en el golfo valenciano y sobretodo, en las Columbretes). Las ondas sísmicas enviadas para recolectar información interfieren en el sistema de comunicación ultrasónico que es tan conocido en el caso de los delfines, provocando la huida de rorcuales y de los mismos delfines por escasear sus fuentes de alimentación (de ello informa Las Provincias).

Frente a las consecuencias ambientales de las prospecciones las agrupaciones de pescadores de la Comunidad Valenciana han comenzado sus críticas y denuncias, temiendo que su trabajo se vea perjudicado y entorpecido por las actividades de los buques de sondeo que ahuyentarán la pesca de la zona. Las prospecciones no sólo pueden aportar una pérdida de diversidad marina o desequilibrios en la cadena alimenticia de los animales que vean desaparecer sus presas, provocando así no sólo pérdida de riqueza ecológica sino también perdidas económicas en el sector pesquero, que vive de las azarosas situaciones de la fauna marina y que por ello debe confiar en su protección y sostenibilidad, sino que también tales prospecciones, como en casos acaecidos en 2009 en Tarragona, pueden suponer escapes accidentales de fuel o aceite en la superficie marina.

La economía valenciana no sólo correría peligro en un sentido ambiental y agropecuario, sino también, turístico. La presencia de plataformas marinas es un buen motivo para evitar una playa como destino turístico, no buscan los aficionados al sol y al mar una instalación industrial que estropee el paisaje natural que acompañe al descanso, mucho menos cuando tales plataformas se asocian, y no irracionalmente, con peligros ambientales y estados poco salubres de las aguas, algo poco atractivo para el turista que pretende pasar buena parte de su tiempo a remojo.
Las prospecciones han sido aprobadas por el gobierno central en vistas a obtener una posible fuente de recursos económicos(no es necesario recordar que los hidrocarburos son una de las fuentes de poder económico más importantes del mundo, aportando riqueza a países del globo, como en el caso de los famosos emiratos árabes, que jamás habrían alcanzado sin la ayuda del petróleo tales niveles en el PIB ni tanta influencia internacional), pero tal aprobación central viene acompañada por un rechazo por parte de la Consellería de Turismo y de Industria de la Comunidad Valenciana. El gobierno valenciano se preocupa por sus costas, o por sus pescadores o, ahora podemos hablar sin temor a estar soltando falsedades, por el fuerte aporte económico que supone el turismo. Son consellers los que han denunciado las medidas del gobierno socialista pero apenas sin repercusión mediática más allá de canales, emisoras o periódicos autonómicos y sin el refuerzo de las grandes figuras políticas de la comunidad que no dudan en realizar actos públicos en contra de la actitud del gobierno central cuando es el caso del Cabanyal el que trastoca sus planes.

Necesario es ahora traer a colación el polémico asunto de las autonomías. Tenemos a asectores periodísticos muy afines al PP, e incluso personajes ilustres del partido como Aznar que cuestionan y critican con aburrida reiteración el modelo de los autonomías que nos dejó la Constitución. Se argumenta que el sistema autonómico permite agrandar las desigualdades entre territorios, no sólo económicas sino también políticas y judíricas, agrandando el déficit del conjunto del Estado y realizándose políticas regionales que desdicen las políticas centrales o viceversa, es decir, creando un caos político que impide consumar una verdadera unidad nacional. Como expresa hoy Javier Rojo, presidente del Senado, en El País, lo que probablementese esconde (y no se esconde tanto si uno decide ser adoctrinado a través de Intereconomía) detrás de estos argumentos es una añoranza de una España centralista que desdibuje todo intento por exaltar características culturales regionales o de encontrar modelos presupuestarios y políticos variables en distintos territorios del país. Lo curioso es que el propio PP, que critica a través de varios frentes este modelo autonómico no actúa en proporción a su criterio oficial y cae en los errores que tanto cuestiona, consiguiendo ayuntamientos y comunidades con el mayor endeudamiento o realizando contrapolíticas que boicoteen a las del gobierno central.

Podríamos entrar a discutir las ventajas y desventajas de un modelo autonómico que burocratiza más la administración del poder político y que conlleva grandes diferencias entre provincias de un mismo Estado, pero sólo realizaremos un aporte al debate utilizando el caso aquí hoy expuesto, en el que afortunadamente opinamos tal como hace el gobierno valenciano si acaso no sea por motivos diferentes (bien podrían los populares valencianos sólo querer llevar la contraria a un gobierno central hiper-bombardeado mediáticamente). En el asunto de las prospecciones petrolíferas vemos al gobierno central actuando por lo que él entiende por bien común y a una comunidad que se considera perjudicada y que va a luchar por encontrar algún medio legal para desembarazarse de su obligación estatal. Es una comunidad la que cuestiona aquí el modelo centralista, pretendiendo que determinadas cuestiones, como son aquellas que pueden resultar perniciosas para el medio ambiente y la economía de la zona, devengan de su propia voluntad y no de la del gobierno estatal. Se trata de un principio muy básico que consiste en no ser sometido a medidas o acciones que afecten a uno sin el consentimiento del mismo, y esto no es otra cosa que el pensamiento liberal, en mi opinión, un principio democrático y un principio ético que puede respetarse mucho más ampliamente gracias al modelo autonómico pese a los problemas que tal modelo conlleva. Siguiendo tal principio nada que haga daño a un territorio o a una zona debe ser justificado sin el permiso de los habitantes del lugar, por ello todavía no existe el tan cuestionado almacén temporal (gracioso el adjetivo al tratarse de residuos de vida milenaria) de residuos nucleares. Quizá, si aplicasemos un principio tan básico en un sentido más amplio, debiéramos reflexionar sobre nuestras acciones, simplemente al comprar un Ipad, o unas zapatillas o al conducir el coche puede que estemos perjudicando a alguien sin preguntarle su opinión. Por cierto, puede parecer un poco estúpido plantearlo, pero, ¿alguien le ha preguntado a los cetáceos de la costa valenciana?

Podemos decir que Odiseo, o el gobierno valenciano, ha sido castigado por su actitud chulesca, por su grito ególatra de auto-exaltación, y que Polifemo será ávidamente defendido por alguna que otra poderosa divinidad, ya venga de dentro o de fuera de la nación. Lo que no han aprendido todavía los dioses y los héroes (o los que creen serlo) es que sus acciones nos perjudican a todos, no sólo a esos pocos personajes que protagonizan las historias y leyendas o las portadas y titulares.

viernes, 21 de enero de 2011

El presidente de los Estados Unidos y el más alto dirigente del gobierno chino reunidos en una histórica visita a la Casa Blanca. Las dos grandes superpotencias que compiten por el control de la economía global acuerdan mantener un sano y beneficioso estado de paz y trabajo compartido. Estados Unidos seguirá ofreciendo deuda pública al Estado Chino, viviendo de sus acreedores orientales e importando, como todo país occidental, toda variedad de productos comercializables que son fabricados en enormes instalaciones de trabajo, abundantes en el país socialista, en el que, pese a su marcados tonos rojizos, los trabajadores siguen recibiendo una parte bastante humilde del pastel. Por su parte, China, con una moneda devaluada artificialmente mantendrá sus productos a un precio muy competitivo para el mercado occidental. Se firman acuerdos empresariales, militares, EEUU pide presión en Corea del Norte e Irán, potenciales enemeigos nucleares, pide revaluación de la moneda, para poder competir en un mercado chino en ebullición, y lucha, sin atender públicamente a estos asuntos, por poder atender a un mínimo de autosuficiencia en la obtención de las denominadas "tierras raras" o "rare earths", minerales inusuales que son esenciales para la fabriación de esos artilugios electrónicos sin los que la vida moderna carece de lógica, y que han permitido al monstruo chino alcanzar tal poder económico a base de crecer industrialmente colaborando enormemente en el consumo de energia y materias primas mundiales(es decir, extendiendo sus fuentes de recursos por toda Asia y Africa y luchando por acelerar su tecnología renovable para evitar el escalofriante consumo de carbón de sus centrales termicas).

En definitiva lo que hemos visto con esta reunión de calado internacional es una nueva imagen de poder y símbolo del mundo hiperdesarrollado y deformado en el que vivimos. Grandes masas de gentes constituyen entidades políticas que históricamente han heredado, manteniendo costumbres y propuestas de vida muy distintas, que en base a la ideología capitalista, y quizá, no quiero entrar en el tema, a la misma genética humana, han ido conformando una misma cultura global basada en unos principios muy básicos de los que el ser humano no puede desembarazarse, la lucha por los recursos y por la supervivencia, en este caso, supervivencia del bienestar, bienestar que a su manera, EEUU lleva protegiendo mediante sus actividades militares y su lucha encubierta en países de todo el globo por mantener gobiernos complacientes y benéficos con respecto a sus intereses, y bienestar que el gobierno chino, también a su modo, pretender alcanzar para sus ciudadanos, trabajadores y luchadores natos como no los hay en el mundo occidental.

Un detalle interesenta que entronca directamente con este asunto de la lucha global por el mantenimiento del nivel de vida y la lucha por los recuros pudo presenciarse en este encuentre entre Obama y Jintao. El presidente americano pide una férrea defensa de los derechos humanos, probablemente atendiendo a esas imágenes mentales que todos nos formamos al escuchar sus palabras, los presos políticos, como el ganador del nobel de la paz, que son encerrados por defender una democratización del país, los métodos excesivos empleados para luchar contra el crecimiento desmesurado de la población(lo cual plantea un problema que debiera seriamente tomarse en cuenta a nivel global, quizá debamos releer al olvidado Malthus), o la conocida represión ideológica a la que se somete a cualquier medio de comunicación en China, como el famoso caso de censura a Google. Pese a esta crítica a la política dictatorial china, realizada en las mismas narices de su más alto dirigente, las buenas relaciones, los acuerdos, tratos y demás no pueden abandonarse. Una cosa es que cuestionemos un modelo político de un país ajeno, otra muy distinta que a causa de ello perdamos la oportunidad de obtener suculentos beneficios.

Hasta cierto punto, es lógico y defendible, no soy un gran amigo de la realpolitik, y discutiría muchos asuntos con Maquiavelo si supiese italiano(y siguiese vivo, claro), pero no puedo dejar de conceder que un rechazo del modo de gobierno de otras naciones no necesariamente debe impedir que se realicen un mínimo de operaciones con respecto a las mismas. Sería maravilloso poder atender a nuestras necesidades económicas sin la ayuda de países ajenos, menos aún cuando estos son ejemplos de gobiernos autoritarios y represivos, pero, aunque este sea un objetivo a alcanzar, no se podrá llegar a él si no aceptamos la necesidad previa de colaborar con estos. Lo que no se puede hacer es utilizar el argumento de la ética para justificar acciones como la guerra de Iraq o el embargo de Cuba y luego negociar con gañanes como Gadafi u obviar el radicalismo islámico de Arabia Saudí. La colaboración con gobiernos de orden dicatatorial sólo debe atender a necesidades u objetivos primarios para la sociedad, evitarse en lo posible y justificarse por el beneficio que puedan ofrecer a los pueblos que sufren tales gobiernos, además de estar acompañados de duras críticas a sus políticas y tretas o amenazas políticas en busca de su abandono. Nunca jamás deben realizarse colaboraciones, pese al beneficio que nos reportan, en situaciones como las de Nigeria, país en el que Exxon Mobil extrae petróleo sin atender a los enormes probemas ambientales que crea a la vez que unta a un gobierno corrupto con un dinero que la sociedad nigeriana apenas percibe. Tampoco el beneficio económico debe influir en situaciones de conflicto como la del Sáhara Occidental o los países latinoamericanos que parecen verse amenazados por golpes de Estado como los que han caracterizado la lucha de la CIA por una Sudamérica sumisa en décadas previas.

Puede que las buenas relaciones con grandes potencias como China sean inevitables, tenemos la capacidad y el derecho a cuestionar sus acciones, pero también el deber de evitar un conflicto que se supondría de dimensiones aterradoras, por supuesto, la ineludible necesidad de mantener un sistema de bienestar y una economía que lo sustenta que impide olvidar la necesidad de colaboración global. Es probable que, como en Túnez, un acercamiento al modelo capitalista haya supuesto una buena dosis de teoría democrática, también en China, como en todo el mundo, la lucha por la igualdad y la justicia siguen modelos de origen occidental, pues no en vano somos nosotros los padres de la democracia(por corrupta y mal ejercida que esté), sin embargo, ello no justifica una filosofía mundial de progreso desbocado y descontrolado. Debíeramos, también a nivel global, por difícil que resulte(tenemos la Torre de Babel como precedente de fracaso), reflexionar por el camino que hemos ido siguiendo hasta ahora, y que nuevas direcciones tomar. La población mundial crece a ritmos frenéticos, las luchas por los recursos y los desastres ecológicos son estadísticamente hoy una niñería comparado con lo que se prevee para mañana.
Busquemos soluciones a los problemas que nos afectan a todos, frenar esta necesidad de dependencia de recursos ajenos y recursos finitos para poder así convivir en un contexto de equilibrio material que permita evitar altercados y enfrentamientos entre pueblos y naciones, dejando también de este modo crecer la democracia y el verdadero bienestar en aquellos lugares donde el miedo, la escasez y la miseria es motivo del abuso del poder.

sábado, 8 de enero de 2011

También la lluvia

Comenzamos vislumbrando al inicio de esta atractiva película unas largas colas pobladas de gentes cuya apariencia ya denota su nivel de vida, humildes personas dedicadas al trabajo duro en empleos temporales o en el trabajo en el campo para satisfacer sus necesidades de un modo mínimamente decente. Quieren participar como extras en una película que se va a rodar en las inmediaciones de la ciudad de Cochabamba, Bolivia, y ganar así dos míseros dolares al día. Los protagonistas de esta película son ellos, aunque los contemplemos muchas veces desde fuera, callados, mudos, lejanos, pues indudablemente la mirada es extranjera, europea podríamos llegar a decir, algo contaminada, pese a sus buenas intenciones y bonitos deseos, del etnocentrismo primitivo que impregna la civilización desde su nacimiento. Nosotros miramos a estas pobres gentes en su lucha, lucha extraordinaria, al enfrentarse a su gobierno y a los intereses de una gran empresa transnacional, y a su lucha ordinaria y cotidiana que es la de, como expresa Daniel, personaje clave de la película, sobrevivir.

Para ello, para dirigir la mirada a ese enorme conflicto social producido en la ciudad de Cohcabamba en el año 2000, el caso de la ley 2029 que implicaba la privatización de la distribución del agua en beneficio de la multinacional Bechtel, incluyendo la absurda e irritante prohibición de la recogida de agua de lluvia, Icíar Bollaín utiliza a personajes con los que encontramos fácil identificación. Sebastián, un entusiasta director mexicano, y Costa, un espléndido Luís Tosar interpretando a un productor dispuesto a realizar piruetas por llevar el rodaje de la película que ambos manejan adelante. Bolivia es un lugar excelente para rodar, el precio a pagar a los extras y trabajadores es mínimo, y tratándose de una película histórica que relata la actividad de Colón en su llegada a América, la abundancia de indígenas, pese a que sean de una etnia totalmente distinta a la que topó Colón y en una zona geográfica muy distante, resulta muy atractiva para los bolsillos poco llenos de Costa. Destacan también la presencia de los actores (actores que interpretan a actores con excelente naturalidad) que interpretan a Bartolomé de las Casas y Antonio Montesinos, primeros misioneros que denunciaron la explotación india, así como el protagonista, Cristobal Colón, o Antón, apasionado de la actuación con problemas familiares que no se desprende ni un momento de la botella y que destaca por su cinismo con respecto a sus compañeros.

Bollaín, y Paul Laverty, guionista del film, nos introducen en los entresijos de una producción cinematográfica realizada in extremis, en unas condiciones muy precarias pero de un interés enorme, planteandóse en ella una denuncia histórica al abuso imperialista español sobre los indígenas americanos motivado por un afán ambicioso y fundamentado sobre la Iglesia católica. Para que esta película, de la que vamos entreviendo escenas y momentos perfectamente rodadas, de una calidad artística que hace nacer el deseo de poder ver realmente la película finalizada con independencia de la película que se esta viendo, se lleve a cabo, sus creadores deben caer en técnicas muy semejantes a las que pretenden criticar, pagando lo mínimo a sus trabajadores mientras ellos se atiborran de buen vino y comida y obviando cuestiones vitales en la vida de sus compañeros indígenas en vistas a la consecución de sus objetivos. La película sabe mostrar esa actitud etnocéntrica que incluso el más ingenuamente idealista Sebastián, el director de la película, ostenta frente a la construcción de su obra. Daniel, el extra contratado para interpretar al primer indio quemado en una cruz como castigo por no seguir las órdenes españolas, está entrometido en las manifestaciones contra la nueva ley que privatiza el uso del agua y que impide que las gentes de su localidad tengan su propio pozo para propio abastecimiento. El productor de la película, incapaz, en un principio, de atender a la importancia de las causas que mueven a su rebeldía a Daniel intenta una y otra vez que este continúe sano y salvo y sin crear complicaciones, estrechando lazos, entre unas escenas y otras, con él, y con su hija, quien también cumple cierto papel en el film.

También la lluvia no explica muy bien que es lo que ocurre, al menos a nivel político, o por decirlo de otro modo, a nivel teórico. Emocionalmente quedamos bien servidos, y es muy claro que la idea a transmitir es que debido a una situación injusta el pueblo se une y se rebela. La guerra del agua, aunque importante debido al factor denuncia concreto que tiene la película, es realmente bastante irrelevante y podría haberse sustituido por otra situación conflictiva cualquiera. Lo verdaderamente esencial para sostener la magnificencia de esta película que se presenta, a mi entender, como clara candidata a mejor película española del año, es el paralelismo formulado entre el mensaje de la película que se está rodando y la situación vigente en el contexto de su rodaje. Como hemos dicho, pese al paso del tiempo, a la interiorización de los ideales de igualdad y justicia, y a las buenas intenciones, nuestros protagonistas siguen encontrando dificultad en empatizar con sus trabajadores bolivianos, meros medios para un mayor fin, encontrándose en una análoga situación a la de sus antecesores conquistadores, si bien, en determinado momento, Costa y Sebastián, productor y director, sufrirán el conflicto moral y emocional de tener que elegir entre su película o la solidaridad, entre cumplir un proyecto largo tiempo ambicionado u ofrecer la ayuda necesaria a alguien que ya es un amigo. Se muestra con valentía y gran maestría como la conquista de América no ha finalizado, como la conquista es aún presente, compartida hasta por los más indiferentes y los más concienciados, si antes eran coronas y señores, hoy serán mercados y multinacionales, si antes el oro y los alimentos exóticos, hoy los recursos más vitales, la rapiña y el saqueo no han acabado sobre una cultura y un pueblo que ya bastantes problemas internos posee.

Sin duda lo más interesante de También la lluvia, obviando ese interesante y moralizante paralelismo que se realiza entre la conquista española y los conflictos modernos en el país Boliviano (fácilmente generalizable a otros ámbitos sudamericanos) es el planteamiento de muchas de las escenas en las que Bollaín nos muestra como es esa película que se está gestando, y cuál es su proceso de gestación. Podríamos hablar, pues, de dos temas distintos entrelazados entre sí en esta película, uno el tema social e histórico, con su buena dosis de denuncia, y otro que muestra la bella construcción del cine. Como dijimos, podemos a través de esta película entrever algunas escenas rodadas de una segunda película envuelta en el interior de esta, llenas estas de un esplendor propio, pero además, muchas de sus escenas se nos ofrecen en los ensayos de sus actores. Podemos entonces observar como Colón y sus hombres hollan por primera vez las tierras vírgenes de América, mientras plantan no una cruz en nombre de la religión de su patria y la grandeza de su monarquía, sino una sombrilla en pleno almuerzo. Así, a través de espectaculares escenas ambientadas en la época, o gracias a este interesante doble uso de la narración, manteniendo una historia dentro de otra con originalidad, nosotros disfrutamos de dos películas, una que debe quedar suspendida pese a su enorme interés, y otra que nos atrapa por su relación con la realidad más dura y doliente que se presenta en muchos lugares de ese no ya tan nuevo mundo.

También la lluvia es una incisiva crítica con muchas dianas a las que disparar, no sólo transmite la brutalidad que supuso la privatización del agua en Bolivia, sino también, conducidos por los íntimos momentos de rodaje de una película, con toda la magia que estas suscitan, se denuncia una preponderante conciencia aletargada y distante que, como demuestran los hechos del film, puede cambiar y despertar ante el ensordecedor ruido de la injusticia.