viernes, 21 de enero de 2011

El presidente de los Estados Unidos y el más alto dirigente del gobierno chino reunidos en una histórica visita a la Casa Blanca. Las dos grandes superpotencias que compiten por el control de la economía global acuerdan mantener un sano y beneficioso estado de paz y trabajo compartido. Estados Unidos seguirá ofreciendo deuda pública al Estado Chino, viviendo de sus acreedores orientales e importando, como todo país occidental, toda variedad de productos comercializables que son fabricados en enormes instalaciones de trabajo, abundantes en el país socialista, en el que, pese a su marcados tonos rojizos, los trabajadores siguen recibiendo una parte bastante humilde del pastel. Por su parte, China, con una moneda devaluada artificialmente mantendrá sus productos a un precio muy competitivo para el mercado occidental. Se firman acuerdos empresariales, militares, EEUU pide presión en Corea del Norte e Irán, potenciales enemeigos nucleares, pide revaluación de la moneda, para poder competir en un mercado chino en ebullición, y lucha, sin atender públicamente a estos asuntos, por poder atender a un mínimo de autosuficiencia en la obtención de las denominadas "tierras raras" o "rare earths", minerales inusuales que son esenciales para la fabriación de esos artilugios electrónicos sin los que la vida moderna carece de lógica, y que han permitido al monstruo chino alcanzar tal poder económico a base de crecer industrialmente colaborando enormemente en el consumo de energia y materias primas mundiales(es decir, extendiendo sus fuentes de recursos por toda Asia y Africa y luchando por acelerar su tecnología renovable para evitar el escalofriante consumo de carbón de sus centrales termicas).

En definitiva lo que hemos visto con esta reunión de calado internacional es una nueva imagen de poder y símbolo del mundo hiperdesarrollado y deformado en el que vivimos. Grandes masas de gentes constituyen entidades políticas que históricamente han heredado, manteniendo costumbres y propuestas de vida muy distintas, que en base a la ideología capitalista, y quizá, no quiero entrar en el tema, a la misma genética humana, han ido conformando una misma cultura global basada en unos principios muy básicos de los que el ser humano no puede desembarazarse, la lucha por los recursos y por la supervivencia, en este caso, supervivencia del bienestar, bienestar que a su manera, EEUU lleva protegiendo mediante sus actividades militares y su lucha encubierta en países de todo el globo por mantener gobiernos complacientes y benéficos con respecto a sus intereses, y bienestar que el gobierno chino, también a su modo, pretender alcanzar para sus ciudadanos, trabajadores y luchadores natos como no los hay en el mundo occidental.

Un detalle interesenta que entronca directamente con este asunto de la lucha global por el mantenimiento del nivel de vida y la lucha por los recuros pudo presenciarse en este encuentre entre Obama y Jintao. El presidente americano pide una férrea defensa de los derechos humanos, probablemente atendiendo a esas imágenes mentales que todos nos formamos al escuchar sus palabras, los presos políticos, como el ganador del nobel de la paz, que son encerrados por defender una democratización del país, los métodos excesivos empleados para luchar contra el crecimiento desmesurado de la población(lo cual plantea un problema que debiera seriamente tomarse en cuenta a nivel global, quizá debamos releer al olvidado Malthus), o la conocida represión ideológica a la que se somete a cualquier medio de comunicación en China, como el famoso caso de censura a Google. Pese a esta crítica a la política dictatorial china, realizada en las mismas narices de su más alto dirigente, las buenas relaciones, los acuerdos, tratos y demás no pueden abandonarse. Una cosa es que cuestionemos un modelo político de un país ajeno, otra muy distinta que a causa de ello perdamos la oportunidad de obtener suculentos beneficios.

Hasta cierto punto, es lógico y defendible, no soy un gran amigo de la realpolitik, y discutiría muchos asuntos con Maquiavelo si supiese italiano(y siguiese vivo, claro), pero no puedo dejar de conceder que un rechazo del modo de gobierno de otras naciones no necesariamente debe impedir que se realicen un mínimo de operaciones con respecto a las mismas. Sería maravilloso poder atender a nuestras necesidades económicas sin la ayuda de países ajenos, menos aún cuando estos son ejemplos de gobiernos autoritarios y represivos, pero, aunque este sea un objetivo a alcanzar, no se podrá llegar a él si no aceptamos la necesidad previa de colaborar con estos. Lo que no se puede hacer es utilizar el argumento de la ética para justificar acciones como la guerra de Iraq o el embargo de Cuba y luego negociar con gañanes como Gadafi u obviar el radicalismo islámico de Arabia Saudí. La colaboración con gobiernos de orden dicatatorial sólo debe atender a necesidades u objetivos primarios para la sociedad, evitarse en lo posible y justificarse por el beneficio que puedan ofrecer a los pueblos que sufren tales gobiernos, además de estar acompañados de duras críticas a sus políticas y tretas o amenazas políticas en busca de su abandono. Nunca jamás deben realizarse colaboraciones, pese al beneficio que nos reportan, en situaciones como las de Nigeria, país en el que Exxon Mobil extrae petróleo sin atender a los enormes probemas ambientales que crea a la vez que unta a un gobierno corrupto con un dinero que la sociedad nigeriana apenas percibe. Tampoco el beneficio económico debe influir en situaciones de conflicto como la del Sáhara Occidental o los países latinoamericanos que parecen verse amenazados por golpes de Estado como los que han caracterizado la lucha de la CIA por una Sudamérica sumisa en décadas previas.

Puede que las buenas relaciones con grandes potencias como China sean inevitables, tenemos la capacidad y el derecho a cuestionar sus acciones, pero también el deber de evitar un conflicto que se supondría de dimensiones aterradoras, por supuesto, la ineludible necesidad de mantener un sistema de bienestar y una economía que lo sustenta que impide olvidar la necesidad de colaboración global. Es probable que, como en Túnez, un acercamiento al modelo capitalista haya supuesto una buena dosis de teoría democrática, también en China, como en todo el mundo, la lucha por la igualdad y la justicia siguen modelos de origen occidental, pues no en vano somos nosotros los padres de la democracia(por corrupta y mal ejercida que esté), sin embargo, ello no justifica una filosofía mundial de progreso desbocado y descontrolado. Debíeramos, también a nivel global, por difícil que resulte(tenemos la Torre de Babel como precedente de fracaso), reflexionar por el camino que hemos ido siguiendo hasta ahora, y que nuevas direcciones tomar. La población mundial crece a ritmos frenéticos, las luchas por los recursos y los desastres ecológicos son estadísticamente hoy una niñería comparado con lo que se prevee para mañana.
Busquemos soluciones a los problemas que nos afectan a todos, frenar esta necesidad de dependencia de recursos ajenos y recursos finitos para poder así convivir en un contexto de equilibrio material que permita evitar altercados y enfrentamientos entre pueblos y naciones, dejando también de este modo crecer la democracia y el verdadero bienestar en aquellos lugares donde el miedo, la escasez y la miseria es motivo del abuso del poder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario