Polifemo, siguiendo la mitología homérica, es el terrorífico y grandioso cíclope hijo del dios de los mares, Poseidón. Este magnífico gigante de un sólo ojo habita una inhópsita caverna en la isla de los cíclopes que Odiseo (Ulises en la versión latinizada) y sus hombres visitan en su vuelta a Ítaca tras la guerra de Troya. En esa caverna encuentran los guerreros griegos un rebaño de grandes ovejas que inmediatamente son sacrificadas en orden a un festín bien merecido por aquellos valerosos y arduos luchadores. Polifemos, habitante de aquella estancia descubre el hurto que semejantes enanos han cometido respecto a sus bienes y decide encerrarlos en su cueva para ir alimentándose de ellos uno a uno, con una crueldad y una vileza sólo atribuibles a semejante criatura de proporciones monstruosas. Al fin Odiseo y sus hombres consiguen escapar tras haber dejado ciego al cíclope. Este pasea a su rebaño todos los días, inspeccionando con sus manos, no ya con su vista, sus lanudas pieles para evitar que sus prisioneros puedan escapar sobre ellas, pero estos consiguen esconderse en el lomo de las bestias, donde las manos del cíclope no llegan a curiosear (no cuestionaremos su capacidad para amansar a las pobres ovejas, intentar encontrar verosimilitud en las leyendas clásicas podría calificarse también como una actividad mítica). Una vez fuera de la oscura caverna, libres de las torturas del gigante y preparando ya las naves para la partida de la isla, Odiseo comete un grave error al vanagloriarse frente a Polifemo de haber sido él quien hirió su único ojo. Poseidón, padre del cícope iniciaría una dura y meticulosa venganza hacía Odiseo para impedir su retorno a casa.
Así, Polifemo, es como se denomina el conjunto de acciones que pretende llevar a cabo la compañía escocesa Cairn Energy, a través de sus filiales Medoil y Capricorn, en las costas valencianas. Se trata de realizar pruebas de sondeo para enconcrar pistas de posibles yacimientos petrolíferos para poder llevar a cabo posteriormente su extracción. Sus planes, proyectados en un plazo de seis años, consisten, en su primera fase, en la utilización de sondas marinas para encontrar las denominadas "rocas madre"(la que prorpociona su matriz mineral al suelo, según Wikipedia), almacenes o trampas mediante la utilización de envío y recogida de señales acústicas lanzadas mediante buques especializados. según indica la noticia publicada hoy en el diario Levante. Sólo a partir del quinto año, tras haberse realizado todas las investigaciones necesarias, será posible topar con plataformas plantadas en el mar en busca de extraer el material. Siguiendo la información que también ofrece el diario, esta primera fase de sondeo, que también podrá ser de utilidad para el mejor conocimiento científico de las propiedades químicas de la superficie terrestre del mar Mediterráneo en la costa valenciana, supone un riesgo para la fauna marina, concretamente, destacando el caso de los cetáceos (delfines y ballenas que por lo visto abundan en el golfo valenciano y sobretodo, en las Columbretes). Las ondas sísmicas enviadas para recolectar información interfieren en el sistema de comunicación ultrasónico que es tan conocido en el caso de los delfines, provocando la huida de rorcuales y de los mismos delfines por escasear sus fuentes de alimentación (de ello informa Las Provincias).
Frente a las consecuencias ambientales de las prospecciones las agrupaciones de pescadores de la Comunidad Valenciana han comenzado sus críticas y denuncias, temiendo que su trabajo se vea perjudicado y entorpecido por las actividades de los buques de sondeo que ahuyentarán la pesca de la zona. Las prospecciones no sólo pueden aportar una pérdida de diversidad marina o desequilibrios en la cadena alimenticia de los animales que vean desaparecer sus presas, provocando así no sólo pérdida de riqueza ecológica sino también perdidas económicas en el sector pesquero, que vive de las azarosas situaciones de la fauna marina y que por ello debe confiar en su protección y sostenibilidad, sino que también tales prospecciones, como en casos acaecidos en 2009 en Tarragona, pueden suponer escapes accidentales de fuel o aceite en la superficie marina.
La economía valenciana no sólo correría peligro en un sentido ambiental y agropecuario, sino también, turístico. La presencia de plataformas marinas es un buen motivo para evitar una playa como destino turístico, no buscan los aficionados al sol y al mar una instalación industrial que estropee el paisaje natural que acompañe al descanso, mucho menos cuando tales plataformas se asocian, y no irracionalmente, con peligros ambientales y estados poco salubres de las aguas, algo poco atractivo para el turista que pretende pasar buena parte de su tiempo a remojo.
Las prospecciones han sido aprobadas por el gobierno central en vistas a obtener una posible fuente de recursos económicos(no es necesario recordar que los hidrocarburos son una de las fuentes de poder económico más importantes del mundo, aportando riqueza a países del globo, como en el caso de los famosos emiratos árabes, que jamás habrían alcanzado sin la ayuda del petróleo tales niveles en el PIB ni tanta influencia internacional), pero tal aprobación central viene acompañada por un rechazo por parte de la Consellería de Turismo y de Industria de la Comunidad Valenciana. El gobierno valenciano se preocupa por sus costas, o por sus pescadores o, ahora podemos hablar sin temor a estar soltando falsedades, por el fuerte aporte económico que supone el turismo. Son consellers los que han denunciado las medidas del gobierno socialista pero apenas sin repercusión mediática más allá de canales, emisoras o periódicos autonómicos y sin el refuerzo de las grandes figuras políticas de la comunidad que no dudan en realizar actos públicos en contra de la actitud del gobierno central cuando es el caso del Cabanyal el que trastoca sus planes.
Necesario es ahora traer a colación el polémico asunto de las autonomías. Tenemos a asectores periodísticos muy afines al PP, e incluso personajes ilustres del partido como Aznar que cuestionan y critican con aburrida reiteración el modelo de los autonomías que nos dejó la Constitución. Se argumenta que el sistema autonómico permite agrandar las desigualdades entre territorios, no sólo económicas sino también políticas y judíricas, agrandando el déficit del conjunto del Estado y realizándose políticas regionales que desdicen las políticas centrales o viceversa, es decir, creando un caos político que impide consumar una verdadera unidad nacional. Como expresa hoy Javier Rojo, presidente del Senado, en El País, lo que probablementese esconde (y no se esconde tanto si uno decide ser adoctrinado a través de Intereconomía) detrás de estos argumentos es una añoranza de una España centralista que desdibuje todo intento por exaltar características culturales regionales o de encontrar modelos presupuestarios y políticos variables en distintos territorios del país. Lo curioso es que el propio PP, que critica a través de varios frentes este modelo autonómico no actúa en proporción a su criterio oficial y cae en los errores que tanto cuestiona, consiguiendo ayuntamientos y comunidades con el mayor endeudamiento o realizando contrapolíticas que boicoteen a las del gobierno central.
Podríamos entrar a discutir las ventajas y desventajas de un modelo autonómico que burocratiza más la administración del poder político y que conlleva grandes diferencias entre provincias de un mismo Estado, pero sólo realizaremos un aporte al debate utilizando el caso aquí hoy expuesto, en el que afortunadamente opinamos tal como hace el gobierno valenciano si acaso no sea por motivos diferentes (bien podrían los populares valencianos sólo querer llevar la contraria a un gobierno central hiper-bombardeado mediáticamente). En el asunto de las prospecciones petrolíferas vemos al gobierno central actuando por lo que él entiende por bien común y a una comunidad que se considera perjudicada y que va a luchar por encontrar algún medio legal para desembarazarse de su obligación estatal. Es una comunidad la que cuestiona aquí el modelo centralista, pretendiendo que determinadas cuestiones, como son aquellas que pueden resultar perniciosas para el medio ambiente y la economía de la zona, devengan de su propia voluntad y no de la del gobierno estatal. Se trata de un principio muy básico que consiste en no ser sometido a medidas o acciones que afecten a uno sin el consentimiento del mismo, y esto no es otra cosa que el pensamiento liberal, en mi opinión, un principio democrático y un principio ético que puede respetarse mucho más ampliamente gracias al modelo autonómico pese a los problemas que tal modelo conlleva. Siguiendo tal principio nada que haga daño a un territorio o a una zona debe ser justificado sin el permiso de los habitantes del lugar, por ello todavía no existe el tan cuestionado almacén temporal (gracioso el adjetivo al tratarse de residuos de vida milenaria) de residuos nucleares. Quizá, si aplicasemos un principio tan básico en un sentido más amplio, debiéramos reflexionar sobre nuestras acciones, simplemente al comprar un Ipad, o unas zapatillas o al conducir el coche puede que estemos perjudicando a alguien sin preguntarle su opinión. Por cierto, puede parecer un poco estúpido plantearlo, pero, ¿alguien le ha preguntado a los cetáceos de la costa valenciana?
Podemos decir que Odiseo, o el gobierno valenciano, ha sido castigado por su actitud chulesca, por su grito ególatra de auto-exaltación, y que Polifemo será ávidamente defendido por alguna que otra poderosa divinidad, ya venga de dentro o de fuera de la nación. Lo que no han aprendido todavía los dioses y los héroes (o los que creen serlo) es que sus acciones nos perjudican a todos, no sólo a esos pocos personajes que protagonizan las historias y leyendas o las portadas y titulares.
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