Polifemo, siguiendo la mitología homérica, es el terrorífico y grandioso cíclope hijo del dios de los mares, Poseidón. Este magnífico gigante de un sólo ojo habita una inhópsita caverna en la isla de los cíclopes que Odiseo (Ulises en la versión latinizada) y sus hombres visitan en su vuelta a Ítaca tras la guerra de Troya. En esa caverna encuentran los guerreros griegos un rebaño de grandes ovejas que inmediatamente son sacrificadas en orden a un festín bien merecido por aquellos valerosos y arduos luchadores. Polifemos, habitante de aquella estancia descubre el hurto que semejantes enanos han cometido respecto a sus bienes y decide encerrarlos en su cueva para ir alimentándose de ellos uno a uno, con una crueldad y una vileza sólo atribuibles a semejante criatura de proporciones monstruosas. Al fin Odiseo y sus hombres consiguen escapar tras haber dejado ciego al cíclope. Este pasea a su rebaño todos los días, inspeccionando con sus manos, no ya con su vista, sus lanudas pieles para evitar que sus prisioneros puedan escapar sobre ellas, pero estos consiguen esconderse en el lomo de las bestias, donde las manos del cíclope no llegan a curiosear (no cuestionaremos su capacidad para amansar a las pobres ovejas, intentar encontrar verosimilitud en las leyendas clásicas podría calificarse también como una actividad mítica). Una vez fuera de la oscura caverna, libres de las torturas del gigante y preparando ya las naves para la partida de la isla, Odiseo comete un grave error al vanagloriarse frente a Polifemo de haber sido él quien hirió su único ojo. Poseidón, padre del cícope iniciaría una dura y meticulosa venganza hacía Odiseo para impedir su retorno a casa.
Así, Polifemo, es como se denomina el conjunto de acciones que pretende llevar a cabo la compañía escocesa Cairn Energy, a través de sus filiales Medoil y Capricorn, en las costas valencianas. Se trata de realizar pruebas de sondeo para enconcrar pistas de posibles yacimientos petrolíferos para poder llevar a cabo posteriormente su extracción. Sus planes, proyectados en un plazo de seis años, consisten, en su primera fase, en la utilización de sondas marinas para encontrar las denominadas "rocas madre"(la que prorpociona su matriz mineral al suelo, según Wikipedia), almacenes o trampas mediante la utilización de envío y recogida de señales acústicas lanzadas mediante buques especializados. según indica la noticia publicada hoy en el diario Levante. Sólo a partir del quinto año, tras haberse realizado todas las investigaciones necesarias, será posible topar con plataformas plantadas en el mar en busca de extraer el material. Siguiendo la información que también ofrece el diario, esta primera fase de sondeo, que también podrá ser de utilidad para el mejor conocimiento científico de las propiedades químicas de la superficie terrestre del mar Mediterráneo en la costa valenciana, supone un riesgo para la fauna marina, concretamente, destacando el caso de los cetáceos (delfines y ballenas que por lo visto abundan en el golfo valenciano y sobretodo, en las Columbretes). Las ondas sísmicas enviadas para recolectar información interfieren en el sistema de comunicación ultrasónico que es tan conocido en el caso de los delfines, provocando la huida de rorcuales y de los mismos delfines por escasear sus fuentes de alimentación (de ello informa Las Provincias).
Frente a las consecuencias ambientales de las prospecciones las agrupaciones de pescadores de la Comunidad Valenciana han comenzado sus críticas y denuncias, temiendo que su trabajo se vea perjudicado y entorpecido por las actividades de los buques de sondeo que ahuyentarán la pesca de la zona. Las prospecciones no sólo pueden aportar una pérdida de diversidad marina o desequilibrios en la cadena alimenticia de los animales que vean desaparecer sus presas, provocando así no sólo pérdida de riqueza ecológica sino también perdidas económicas en el sector pesquero, que vive de las azarosas situaciones de la fauna marina y que por ello debe confiar en su protección y sostenibilidad, sino que también tales prospecciones, como en casos acaecidos en 2009 en Tarragona, pueden suponer escapes accidentales de fuel o aceite en la superficie marina.
La economía valenciana no sólo correría peligro en un sentido ambiental y agropecuario, sino también, turístico. La presencia de plataformas marinas es un buen motivo para evitar una playa como destino turístico, no buscan los aficionados al sol y al mar una instalación industrial que estropee el paisaje natural que acompañe al descanso, mucho menos cuando tales plataformas se asocian, y no irracionalmente, con peligros ambientales y estados poco salubres de las aguas, algo poco atractivo para el turista que pretende pasar buena parte de su tiempo a remojo.
Las prospecciones han sido aprobadas por el gobierno central en vistas a obtener una posible fuente de recursos económicos(no es necesario recordar que los hidrocarburos son una de las fuentes de poder económico más importantes del mundo, aportando riqueza a países del globo, como en el caso de los famosos emiratos árabes, que jamás habrían alcanzado sin la ayuda del petróleo tales niveles en el PIB ni tanta influencia internacional), pero tal aprobación central viene acompañada por un rechazo por parte de la Consellería de Turismo y de Industria de la Comunidad Valenciana. El gobierno valenciano se preocupa por sus costas, o por sus pescadores o, ahora podemos hablar sin temor a estar soltando falsedades, por el fuerte aporte económico que supone el turismo. Son consellers los que han denunciado las medidas del gobierno socialista pero apenas sin repercusión mediática más allá de canales, emisoras o periódicos autonómicos y sin el refuerzo de las grandes figuras políticas de la comunidad que no dudan en realizar actos públicos en contra de la actitud del gobierno central cuando es el caso del Cabanyal el que trastoca sus planes.
Necesario es ahora traer a colación el polémico asunto de las autonomías. Tenemos a asectores periodísticos muy afines al PP, e incluso personajes ilustres del partido como Aznar que cuestionan y critican con aburrida reiteración el modelo de los autonomías que nos dejó la Constitución. Se argumenta que el sistema autonómico permite agrandar las desigualdades entre territorios, no sólo económicas sino también políticas y judíricas, agrandando el déficit del conjunto del Estado y realizándose políticas regionales que desdicen las políticas centrales o viceversa, es decir, creando un caos político que impide consumar una verdadera unidad nacional. Como expresa hoy Javier Rojo, presidente del Senado, en El País, lo que probablementese esconde (y no se esconde tanto si uno decide ser adoctrinado a través de Intereconomía) detrás de estos argumentos es una añoranza de una España centralista que desdibuje todo intento por exaltar características culturales regionales o de encontrar modelos presupuestarios y políticos variables en distintos territorios del país. Lo curioso es que el propio PP, que critica a través de varios frentes este modelo autonómico no actúa en proporción a su criterio oficial y cae en los errores que tanto cuestiona, consiguiendo ayuntamientos y comunidades con el mayor endeudamiento o realizando contrapolíticas que boicoteen a las del gobierno central.
Podríamos entrar a discutir las ventajas y desventajas de un modelo autonómico que burocratiza más la administración del poder político y que conlleva grandes diferencias entre provincias de un mismo Estado, pero sólo realizaremos un aporte al debate utilizando el caso aquí hoy expuesto, en el que afortunadamente opinamos tal como hace el gobierno valenciano si acaso no sea por motivos diferentes (bien podrían los populares valencianos sólo querer llevar la contraria a un gobierno central hiper-bombardeado mediáticamente). En el asunto de las prospecciones petrolíferas vemos al gobierno central actuando por lo que él entiende por bien común y a una comunidad que se considera perjudicada y que va a luchar por encontrar algún medio legal para desembarazarse de su obligación estatal. Es una comunidad la que cuestiona aquí el modelo centralista, pretendiendo que determinadas cuestiones, como son aquellas que pueden resultar perniciosas para el medio ambiente y la economía de la zona, devengan de su propia voluntad y no de la del gobierno estatal. Se trata de un principio muy básico que consiste en no ser sometido a medidas o acciones que afecten a uno sin el consentimiento del mismo, y esto no es otra cosa que el pensamiento liberal, en mi opinión, un principio democrático y un principio ético que puede respetarse mucho más ampliamente gracias al modelo autonómico pese a los problemas que tal modelo conlleva. Siguiendo tal principio nada que haga daño a un territorio o a una zona debe ser justificado sin el permiso de los habitantes del lugar, por ello todavía no existe el tan cuestionado almacén temporal (gracioso el adjetivo al tratarse de residuos de vida milenaria) de residuos nucleares. Quizá, si aplicasemos un principio tan básico en un sentido más amplio, debiéramos reflexionar sobre nuestras acciones, simplemente al comprar un Ipad, o unas zapatillas o al conducir el coche puede que estemos perjudicando a alguien sin preguntarle su opinión. Por cierto, puede parecer un poco estúpido plantearlo, pero, ¿alguien le ha preguntado a los cetáceos de la costa valenciana?
Podemos decir que Odiseo, o el gobierno valenciano, ha sido castigado por su actitud chulesca, por su grito ególatra de auto-exaltación, y que Polifemo será ávidamente defendido por alguna que otra poderosa divinidad, ya venga de dentro o de fuera de la nación. Lo que no han aprendido todavía los dioses y los héroes (o los que creen serlo) es que sus acciones nos perjudican a todos, no sólo a esos pocos personajes que protagonizan las historias y leyendas o las portadas y titulares.
lunes, 24 de enero de 2011
viernes, 21 de enero de 2011
El presidente de los Estados Unidos y el más alto dirigente del gobierno chino reunidos en una histórica visita a la Casa Blanca. Las dos grandes superpotencias que compiten por el control de la economía global acuerdan mantener un sano y beneficioso estado de paz y trabajo compartido. Estados Unidos seguirá ofreciendo deuda pública al Estado Chino, viviendo de sus acreedores orientales e importando, como todo país occidental, toda variedad de productos comercializables que son fabricados en enormes instalaciones de trabajo, abundantes en el país socialista, en el que, pese a su marcados tonos rojizos, los trabajadores siguen recibiendo una parte bastante humilde del pastel. Por su parte, China, con una moneda devaluada artificialmente mantendrá sus productos a un precio muy competitivo para el mercado occidental. Se firman acuerdos empresariales, militares, EEUU pide presión en Corea del Norte e Irán, potenciales enemeigos nucleares, pide revaluación de la moneda, para poder competir en un mercado chino en ebullición, y lucha, sin atender públicamente a estos asuntos, por poder atender a un mínimo de autosuficiencia en la obtención de las denominadas "tierras raras" o "rare earths", minerales inusuales que son esenciales para la fabriación de esos artilugios electrónicos sin los que la vida moderna carece de lógica, y que han permitido al monstruo chino alcanzar tal poder económico a base de crecer industrialmente colaborando enormemente en el consumo de energia y materias primas mundiales(es decir, extendiendo sus fuentes de recursos por toda Asia y Africa y luchando por acelerar su tecnología renovable para evitar el escalofriante consumo de carbón de sus centrales termicas).
En definitiva lo que hemos visto con esta reunión de calado internacional es una nueva imagen de poder y símbolo del mundo hiperdesarrollado y deformado en el que vivimos. Grandes masas de gentes constituyen entidades políticas que históricamente han heredado, manteniendo costumbres y propuestas de vida muy distintas, que en base a la ideología capitalista, y quizá, no quiero entrar en el tema, a la misma genética humana, han ido conformando una misma cultura global basada en unos principios muy básicos de los que el ser humano no puede desembarazarse, la lucha por los recursos y por la supervivencia, en este caso, supervivencia del bienestar, bienestar que a su manera, EEUU lleva protegiendo mediante sus actividades militares y su lucha encubierta en países de todo el globo por mantener gobiernos complacientes y benéficos con respecto a sus intereses, y bienestar que el gobierno chino, también a su modo, pretender alcanzar para sus ciudadanos, trabajadores y luchadores natos como no los hay en el mundo occidental.
Un detalle interesenta que entronca directamente con este asunto de la lucha global por el mantenimiento del nivel de vida y la lucha por los recuros pudo presenciarse en este encuentre entre Obama y Jintao. El presidente americano pide una férrea defensa de los derechos humanos, probablemente atendiendo a esas imágenes mentales que todos nos formamos al escuchar sus palabras, los presos políticos, como el ganador del nobel de la paz, que son encerrados por defender una democratización del país, los métodos excesivos empleados para luchar contra el crecimiento desmesurado de la población(lo cual plantea un problema que debiera seriamente tomarse en cuenta a nivel global, quizá debamos releer al olvidado Malthus), o la conocida represión ideológica a la que se somete a cualquier medio de comunicación en China, como el famoso caso de censura a Google. Pese a esta crítica a la política dictatorial china, realizada en las mismas narices de su más alto dirigente, las buenas relaciones, los acuerdos, tratos y demás no pueden abandonarse. Una cosa es que cuestionemos un modelo político de un país ajeno, otra muy distinta que a causa de ello perdamos la oportunidad de obtener suculentos beneficios.
Hasta cierto punto, es lógico y defendible, no soy un gran amigo de la realpolitik, y discutiría muchos asuntos con Maquiavelo si supiese italiano(y siguiese vivo, claro), pero no puedo dejar de conceder que un rechazo del modo de gobierno de otras naciones no necesariamente debe impedir que se realicen un mínimo de operaciones con respecto a las mismas. Sería maravilloso poder atender a nuestras necesidades económicas sin la ayuda de países ajenos, menos aún cuando estos son ejemplos de gobiernos autoritarios y represivos, pero, aunque este sea un objetivo a alcanzar, no se podrá llegar a él si no aceptamos la necesidad previa de colaborar con estos. Lo que no se puede hacer es utilizar el argumento de la ética para justificar acciones como la guerra de Iraq o el embargo de Cuba y luego negociar con gañanes como Gadafi u obviar el radicalismo islámico de Arabia Saudí. La colaboración con gobiernos de orden dicatatorial sólo debe atender a necesidades u objetivos primarios para la sociedad, evitarse en lo posible y justificarse por el beneficio que puedan ofrecer a los pueblos que sufren tales gobiernos, además de estar acompañados de duras críticas a sus políticas y tretas o amenazas políticas en busca de su abandono. Nunca jamás deben realizarse colaboraciones, pese al beneficio que nos reportan, en situaciones como las de Nigeria, país en el que Exxon Mobil extrae petróleo sin atender a los enormes probemas ambientales que crea a la vez que unta a un gobierno corrupto con un dinero que la sociedad nigeriana apenas percibe. Tampoco el beneficio económico debe influir en situaciones de conflicto como la del Sáhara Occidental o los países latinoamericanos que parecen verse amenazados por golpes de Estado como los que han caracterizado la lucha de la CIA por una Sudamérica sumisa en décadas previas.
Puede que las buenas relaciones con grandes potencias como China sean inevitables, tenemos la capacidad y el derecho a cuestionar sus acciones, pero también el deber de evitar un conflicto que se supondría de dimensiones aterradoras, por supuesto, la ineludible necesidad de mantener un sistema de bienestar y una economía que lo sustenta que impide olvidar la necesidad de colaboración global. Es probable que, como en Túnez, un acercamiento al modelo capitalista haya supuesto una buena dosis de teoría democrática, también en China, como en todo el mundo, la lucha por la igualdad y la justicia siguen modelos de origen occidental, pues no en vano somos nosotros los padres de la democracia(por corrupta y mal ejercida que esté), sin embargo, ello no justifica una filosofía mundial de progreso desbocado y descontrolado. Debíeramos, también a nivel global, por difícil que resulte(tenemos la Torre de Babel como precedente de fracaso), reflexionar por el camino que hemos ido siguiendo hasta ahora, y que nuevas direcciones tomar. La población mundial crece a ritmos frenéticos, las luchas por los recursos y los desastres ecológicos son estadísticamente hoy una niñería comparado con lo que se prevee para mañana.
Busquemos soluciones a los problemas que nos afectan a todos, frenar esta necesidad de dependencia de recursos ajenos y recursos finitos para poder así convivir en un contexto de equilibrio material que permita evitar altercados y enfrentamientos entre pueblos y naciones, dejando también de este modo crecer la democracia y el verdadero bienestar en aquellos lugares donde el miedo, la escasez y la miseria es motivo del abuso del poder.
En definitiva lo que hemos visto con esta reunión de calado internacional es una nueva imagen de poder y símbolo del mundo hiperdesarrollado y deformado en el que vivimos. Grandes masas de gentes constituyen entidades políticas que históricamente han heredado, manteniendo costumbres y propuestas de vida muy distintas, que en base a la ideología capitalista, y quizá, no quiero entrar en el tema, a la misma genética humana, han ido conformando una misma cultura global basada en unos principios muy básicos de los que el ser humano no puede desembarazarse, la lucha por los recursos y por la supervivencia, en este caso, supervivencia del bienestar, bienestar que a su manera, EEUU lleva protegiendo mediante sus actividades militares y su lucha encubierta en países de todo el globo por mantener gobiernos complacientes y benéficos con respecto a sus intereses, y bienestar que el gobierno chino, también a su modo, pretender alcanzar para sus ciudadanos, trabajadores y luchadores natos como no los hay en el mundo occidental.
Un detalle interesenta que entronca directamente con este asunto de la lucha global por el mantenimiento del nivel de vida y la lucha por los recuros pudo presenciarse en este encuentre entre Obama y Jintao. El presidente americano pide una férrea defensa de los derechos humanos, probablemente atendiendo a esas imágenes mentales que todos nos formamos al escuchar sus palabras, los presos políticos, como el ganador del nobel de la paz, que son encerrados por defender una democratización del país, los métodos excesivos empleados para luchar contra el crecimiento desmesurado de la población(lo cual plantea un problema que debiera seriamente tomarse en cuenta a nivel global, quizá debamos releer al olvidado Malthus), o la conocida represión ideológica a la que se somete a cualquier medio de comunicación en China, como el famoso caso de censura a Google. Pese a esta crítica a la política dictatorial china, realizada en las mismas narices de su más alto dirigente, las buenas relaciones, los acuerdos, tratos y demás no pueden abandonarse. Una cosa es que cuestionemos un modelo político de un país ajeno, otra muy distinta que a causa de ello perdamos la oportunidad de obtener suculentos beneficios.
Hasta cierto punto, es lógico y defendible, no soy un gran amigo de la realpolitik, y discutiría muchos asuntos con Maquiavelo si supiese italiano(y siguiese vivo, claro), pero no puedo dejar de conceder que un rechazo del modo de gobierno de otras naciones no necesariamente debe impedir que se realicen un mínimo de operaciones con respecto a las mismas. Sería maravilloso poder atender a nuestras necesidades económicas sin la ayuda de países ajenos, menos aún cuando estos son ejemplos de gobiernos autoritarios y represivos, pero, aunque este sea un objetivo a alcanzar, no se podrá llegar a él si no aceptamos la necesidad previa de colaborar con estos. Lo que no se puede hacer es utilizar el argumento de la ética para justificar acciones como la guerra de Iraq o el embargo de Cuba y luego negociar con gañanes como Gadafi u obviar el radicalismo islámico de Arabia Saudí. La colaboración con gobiernos de orden dicatatorial sólo debe atender a necesidades u objetivos primarios para la sociedad, evitarse en lo posible y justificarse por el beneficio que puedan ofrecer a los pueblos que sufren tales gobiernos, además de estar acompañados de duras críticas a sus políticas y tretas o amenazas políticas en busca de su abandono. Nunca jamás deben realizarse colaboraciones, pese al beneficio que nos reportan, en situaciones como las de Nigeria, país en el que Exxon Mobil extrae petróleo sin atender a los enormes probemas ambientales que crea a la vez que unta a un gobierno corrupto con un dinero que la sociedad nigeriana apenas percibe. Tampoco el beneficio económico debe influir en situaciones de conflicto como la del Sáhara Occidental o los países latinoamericanos que parecen verse amenazados por golpes de Estado como los que han caracterizado la lucha de la CIA por una Sudamérica sumisa en décadas previas.
Puede que las buenas relaciones con grandes potencias como China sean inevitables, tenemos la capacidad y el derecho a cuestionar sus acciones, pero también el deber de evitar un conflicto que se supondría de dimensiones aterradoras, por supuesto, la ineludible necesidad de mantener un sistema de bienestar y una economía que lo sustenta que impide olvidar la necesidad de colaboración global. Es probable que, como en Túnez, un acercamiento al modelo capitalista haya supuesto una buena dosis de teoría democrática, también en China, como en todo el mundo, la lucha por la igualdad y la justicia siguen modelos de origen occidental, pues no en vano somos nosotros los padres de la democracia(por corrupta y mal ejercida que esté), sin embargo, ello no justifica una filosofía mundial de progreso desbocado y descontrolado. Debíeramos, también a nivel global, por difícil que resulte(tenemos la Torre de Babel como precedente de fracaso), reflexionar por el camino que hemos ido siguiendo hasta ahora, y que nuevas direcciones tomar. La población mundial crece a ritmos frenéticos, las luchas por los recursos y los desastres ecológicos son estadísticamente hoy una niñería comparado con lo que se prevee para mañana.
Busquemos soluciones a los problemas que nos afectan a todos, frenar esta necesidad de dependencia de recursos ajenos y recursos finitos para poder así convivir en un contexto de equilibrio material que permita evitar altercados y enfrentamientos entre pueblos y naciones, dejando también de este modo crecer la democracia y el verdadero bienestar en aquellos lugares donde el miedo, la escasez y la miseria es motivo del abuso del poder.
sábado, 8 de enero de 2011
También la lluvia
Comenzamos vislumbrando al inicio de esta atractiva película unas largas colas pobladas de gentes cuya apariencia ya denota su nivel de vida, humildes personas dedicadas al trabajo duro en empleos temporales o en el trabajo en el campo para satisfacer sus necesidades de un modo mínimamente decente. Quieren participar como extras en una película que se va a rodar en las inmediaciones de la ciudad de Cochabamba, Bolivia, y ganar así dos míseros dolares al día. Los protagonistas de esta película son ellos, aunque los contemplemos muchas veces desde fuera, callados, mudos, lejanos, pues indudablemente la mirada es extranjera, europea podríamos llegar a decir, algo contaminada, pese a sus buenas intenciones y bonitos deseos, del etnocentrismo primitivo que impregna la civilización desde su nacimiento. Nosotros miramos a estas pobres gentes en su lucha, lucha extraordinaria, al enfrentarse a su gobierno y a los intereses de una gran empresa transnacional, y a su lucha ordinaria y cotidiana que es la de, como expresa Daniel, personaje clave de la película, sobrevivir.
Para ello, para dirigir la mirada a ese enorme conflicto social producido en la ciudad de Cohcabamba en el año 2000, el caso de la ley 2029 que implicaba la privatización de la distribución del agua en beneficio de la multinacional Bechtel, incluyendo la absurda e irritante prohibición de la recogida de agua de lluvia, Icíar Bollaín utiliza a personajes con los que encontramos fácil identificación. Sebastián, un entusiasta director mexicano, y Costa, un espléndido Luís Tosar interpretando a un productor dispuesto a realizar piruetas por llevar el rodaje de la película que ambos manejan adelante. Bolivia es un lugar excelente para rodar, el precio a pagar a los extras y trabajadores es mínimo, y tratándose de una película histórica que relata la actividad de Colón en su llegada a América, la abundancia de indígenas, pese a que sean de una etnia totalmente distinta a la que topó Colón y en una zona geográfica muy distante, resulta muy atractiva para los bolsillos poco llenos de Costa. Destacan también la presencia de los actores (actores que interpretan a actores con excelente naturalidad) que interpretan a Bartolomé de las Casas y Antonio Montesinos, primeros misioneros que denunciaron la explotación india, así como el protagonista, Cristobal Colón, o Antón, apasionado de la actuación con problemas familiares que no se desprende ni un momento de la botella y que destaca por su cinismo con respecto a sus compañeros.
Bollaín, y Paul Laverty, guionista del film, nos introducen en los entresijos de una producción cinematográfica realizada in extremis, en unas condiciones muy precarias pero de un interés enorme, planteandóse en ella una denuncia histórica al abuso imperialista español sobre los indígenas americanos motivado por un afán ambicioso y fundamentado sobre la Iglesia católica. Para que esta película, de la que vamos entreviendo escenas y momentos perfectamente rodadas, de una calidad artística que hace nacer el deseo de poder ver realmente la película finalizada con independencia de la película que se esta viendo, se lleve a cabo, sus creadores deben caer en técnicas muy semejantes a las que pretenden criticar, pagando lo mínimo a sus trabajadores mientras ellos se atiborran de buen vino y comida y obviando cuestiones vitales en la vida de sus compañeros indígenas en vistas a la consecución de sus objetivos. La película sabe mostrar esa actitud etnocéntrica que incluso el más ingenuamente idealista Sebastián, el director de la película, ostenta frente a la construcción de su obra. Daniel, el extra contratado para interpretar al primer indio quemado en una cruz como castigo por no seguir las órdenes españolas, está entrometido en las manifestaciones contra la nueva ley que privatiza el uso del agua y que impide que las gentes de su localidad tengan su propio pozo para propio abastecimiento. El productor de la película, incapaz, en un principio, de atender a la importancia de las causas que mueven a su rebeldía a Daniel intenta una y otra vez que este continúe sano y salvo y sin crear complicaciones, estrechando lazos, entre unas escenas y otras, con él, y con su hija, quien también cumple cierto papel en el film.
También la lluvia no explica muy bien que es lo que ocurre, al menos a nivel político, o por decirlo de otro modo, a nivel teórico. Emocionalmente quedamos bien servidos, y es muy claro que la idea a transmitir es que debido a una situación injusta el pueblo se une y se rebela. La guerra del agua, aunque importante debido al factor denuncia concreto que tiene la película, es realmente bastante irrelevante y podría haberse sustituido por otra situación conflictiva cualquiera. Lo verdaderamente esencial para sostener la magnificencia de esta película que se presenta, a mi entender, como clara candidata a mejor película española del año, es el paralelismo formulado entre el mensaje de la película que se está rodando y la situación vigente en el contexto de su rodaje. Como hemos dicho, pese al paso del tiempo, a la interiorización de los ideales de igualdad y justicia, y a las buenas intenciones, nuestros protagonistas siguen encontrando dificultad en empatizar con sus trabajadores bolivianos, meros medios para un mayor fin, encontrándose en una análoga situación a la de sus antecesores conquistadores, si bien, en determinado momento, Costa y Sebastián, productor y director, sufrirán el conflicto moral y emocional de tener que elegir entre su película o la solidaridad, entre cumplir un proyecto largo tiempo ambicionado u ofrecer la ayuda necesaria a alguien que ya es un amigo. Se muestra con valentía y gran maestría como la conquista de América no ha finalizado, como la conquista es aún presente, compartida hasta por los más indiferentes y los más concienciados, si antes eran coronas y señores, hoy serán mercados y multinacionales, si antes el oro y los alimentos exóticos, hoy los recursos más vitales, la rapiña y el saqueo no han acabado sobre una cultura y un pueblo que ya bastantes problemas internos posee.
Sin duda lo más interesante de También la lluvia, obviando ese interesante y moralizante paralelismo que se realiza entre la conquista española y los conflictos modernos en el país Boliviano (fácilmente generalizable a otros ámbitos sudamericanos) es el planteamiento de muchas de las escenas en las que Bollaín nos muestra como es esa película que se está gestando, y cuál es su proceso de gestación. Podríamos hablar, pues, de dos temas distintos entrelazados entre sí en esta película, uno el tema social e histórico, con su buena dosis de denuncia, y otro que muestra la bella construcción del cine. Como dijimos, podemos a través de esta película entrever algunas escenas rodadas de una segunda película envuelta en el interior de esta, llenas estas de un esplendor propio, pero además, muchas de sus escenas se nos ofrecen en los ensayos de sus actores. Podemos entonces observar como Colón y sus hombres hollan por primera vez las tierras vírgenes de América, mientras plantan no una cruz en nombre de la religión de su patria y la grandeza de su monarquía, sino una sombrilla en pleno almuerzo. Así, a través de espectaculares escenas ambientadas en la época, o gracias a este interesante doble uso de la narración, manteniendo una historia dentro de otra con originalidad, nosotros disfrutamos de dos películas, una que debe quedar suspendida pese a su enorme interés, y otra que nos atrapa por su relación con la realidad más dura y doliente que se presenta en muchos lugares de ese no ya tan nuevo mundo.
También la lluvia es una incisiva crítica con muchas dianas a las que disparar, no sólo transmite la brutalidad que supuso la privatización del agua en Bolivia, sino también, conducidos por los íntimos momentos de rodaje de una película, con toda la magia que estas suscitan, se denuncia una preponderante conciencia aletargada y distante que, como demuestran los hechos del film, puede cambiar y despertar ante el ensordecedor ruido de la injusticia.
Para ello, para dirigir la mirada a ese enorme conflicto social producido en la ciudad de Cohcabamba en el año 2000, el caso de la ley 2029 que implicaba la privatización de la distribución del agua en beneficio de la multinacional Bechtel, incluyendo la absurda e irritante prohibición de la recogida de agua de lluvia, Icíar Bollaín utiliza a personajes con los que encontramos fácil identificación. Sebastián, un entusiasta director mexicano, y Costa, un espléndido Luís Tosar interpretando a un productor dispuesto a realizar piruetas por llevar el rodaje de la película que ambos manejan adelante. Bolivia es un lugar excelente para rodar, el precio a pagar a los extras y trabajadores es mínimo, y tratándose de una película histórica que relata la actividad de Colón en su llegada a América, la abundancia de indígenas, pese a que sean de una etnia totalmente distinta a la que topó Colón y en una zona geográfica muy distante, resulta muy atractiva para los bolsillos poco llenos de Costa. Destacan también la presencia de los actores (actores que interpretan a actores con excelente naturalidad) que interpretan a Bartolomé de las Casas y Antonio Montesinos, primeros misioneros que denunciaron la explotación india, así como el protagonista, Cristobal Colón, o Antón, apasionado de la actuación con problemas familiares que no se desprende ni un momento de la botella y que destaca por su cinismo con respecto a sus compañeros.
Bollaín, y Paul Laverty, guionista del film, nos introducen en los entresijos de una producción cinematográfica realizada in extremis, en unas condiciones muy precarias pero de un interés enorme, planteandóse en ella una denuncia histórica al abuso imperialista español sobre los indígenas americanos motivado por un afán ambicioso y fundamentado sobre la Iglesia católica. Para que esta película, de la que vamos entreviendo escenas y momentos perfectamente rodadas, de una calidad artística que hace nacer el deseo de poder ver realmente la película finalizada con independencia de la película que se esta viendo, se lleve a cabo, sus creadores deben caer en técnicas muy semejantes a las que pretenden criticar, pagando lo mínimo a sus trabajadores mientras ellos se atiborran de buen vino y comida y obviando cuestiones vitales en la vida de sus compañeros indígenas en vistas a la consecución de sus objetivos. La película sabe mostrar esa actitud etnocéntrica que incluso el más ingenuamente idealista Sebastián, el director de la película, ostenta frente a la construcción de su obra. Daniel, el extra contratado para interpretar al primer indio quemado en una cruz como castigo por no seguir las órdenes españolas, está entrometido en las manifestaciones contra la nueva ley que privatiza el uso del agua y que impide que las gentes de su localidad tengan su propio pozo para propio abastecimiento. El productor de la película, incapaz, en un principio, de atender a la importancia de las causas que mueven a su rebeldía a Daniel intenta una y otra vez que este continúe sano y salvo y sin crear complicaciones, estrechando lazos, entre unas escenas y otras, con él, y con su hija, quien también cumple cierto papel en el film.
También la lluvia no explica muy bien que es lo que ocurre, al menos a nivel político, o por decirlo de otro modo, a nivel teórico. Emocionalmente quedamos bien servidos, y es muy claro que la idea a transmitir es que debido a una situación injusta el pueblo se une y se rebela. La guerra del agua, aunque importante debido al factor denuncia concreto que tiene la película, es realmente bastante irrelevante y podría haberse sustituido por otra situación conflictiva cualquiera. Lo verdaderamente esencial para sostener la magnificencia de esta película que se presenta, a mi entender, como clara candidata a mejor película española del año, es el paralelismo formulado entre el mensaje de la película que se está rodando y la situación vigente en el contexto de su rodaje. Como hemos dicho, pese al paso del tiempo, a la interiorización de los ideales de igualdad y justicia, y a las buenas intenciones, nuestros protagonistas siguen encontrando dificultad en empatizar con sus trabajadores bolivianos, meros medios para un mayor fin, encontrándose en una análoga situación a la de sus antecesores conquistadores, si bien, en determinado momento, Costa y Sebastián, productor y director, sufrirán el conflicto moral y emocional de tener que elegir entre su película o la solidaridad, entre cumplir un proyecto largo tiempo ambicionado u ofrecer la ayuda necesaria a alguien que ya es un amigo. Se muestra con valentía y gran maestría como la conquista de América no ha finalizado, como la conquista es aún presente, compartida hasta por los más indiferentes y los más concienciados, si antes eran coronas y señores, hoy serán mercados y multinacionales, si antes el oro y los alimentos exóticos, hoy los recursos más vitales, la rapiña y el saqueo no han acabado sobre una cultura y un pueblo que ya bastantes problemas internos posee.
Sin duda lo más interesante de También la lluvia, obviando ese interesante y moralizante paralelismo que se realiza entre la conquista española y los conflictos modernos en el país Boliviano (fácilmente generalizable a otros ámbitos sudamericanos) es el planteamiento de muchas de las escenas en las que Bollaín nos muestra como es esa película que se está gestando, y cuál es su proceso de gestación. Podríamos hablar, pues, de dos temas distintos entrelazados entre sí en esta película, uno el tema social e histórico, con su buena dosis de denuncia, y otro que muestra la bella construcción del cine. Como dijimos, podemos a través de esta película entrever algunas escenas rodadas de una segunda película envuelta en el interior de esta, llenas estas de un esplendor propio, pero además, muchas de sus escenas se nos ofrecen en los ensayos de sus actores. Podemos entonces observar como Colón y sus hombres hollan por primera vez las tierras vírgenes de América, mientras plantan no una cruz en nombre de la religión de su patria y la grandeza de su monarquía, sino una sombrilla en pleno almuerzo. Así, a través de espectaculares escenas ambientadas en la época, o gracias a este interesante doble uso de la narración, manteniendo una historia dentro de otra con originalidad, nosotros disfrutamos de dos películas, una que debe quedar suspendida pese a su enorme interés, y otra que nos atrapa por su relación con la realidad más dura y doliente que se presenta en muchos lugares de ese no ya tan nuevo mundo.
También la lluvia es una incisiva crítica con muchas dianas a las que disparar, no sólo transmite la brutalidad que supuso la privatización del agua en Bolivia, sino también, conducidos por los íntimos momentos de rodaje de una película, con toda la magia que estas suscitan, se denuncia una preponderante conciencia aletargada y distante que, como demuestran los hechos del film, puede cambiar y despertar ante el ensordecedor ruido de la injusticia.
martes, 21 de diciembre de 2010
Adiós CNN+
Haciendo zapping llegué por casualidad a CNN+, emisora en la que se me aparecía un presentador de un programa de debate político y de actualidad que despedía a su audencia para siempre. Este tipo, al que después pudimos observar escapándosele alguna lagrimita mientras entablaba los últimos comentarios posteriores al programa con sus compañeros, era José María Calleja, encargado de dirigir ante el público el programa, ya muerto, El Debate Semanal. CNN+ echa el cierre, Telecinco, o Mediaset, propiedad de Berlusconi, emplazará a muchos de sus trabajadores en su agencia de noticias Atlas. Sogecuatro, una escisión de Sogecable que consistente en los canales de TDT pertenecientes a Cuatro (y a Prisa en última instancia) ha sido fusionada con Telecinco, de Mediaset(qué lío), con ello, Telecinco, el mayor productor de telebasura nacional, se hace con siete canales de TDT. De este embrollo la peor parada ha sido CNN+, nacida como una cadena semiespañola al poseer la mitad de su capital Prisa y la otra mitad la empresa norteamericana encargada del CNN original, Turner Broadcasting-Grup Time Warner. En este juego de fusiones, ampliaciones de capital y demás parafernalia propia de la economía empresarial a gran escala, CNN+ ha quedado excluída, no interesando a Telecinco por su coste y escasa rentabilidad. En un principio se consideró que Prisa podría seguir manteniendo la cadena, cuyos informativos compartían equipo de redacción con los de Cuatro, pero al pasar Cuatro a manos extrañas CNN+ ha sufrido el abandono de sus sustentadores.
Lo cierto es que, pese a estar yo medio dormido, viajando por ese fascinante y grotesco mundo televisivo aquella noche, la despedida de Calleja me resultó muy emotiva. Aquel buen periodista, cuyo trabajo había quedado íntimamente ligado a la cadena durante largo tiempo (no sé cuánto, todo hay que decirlo), se encontraba en la tesitura de tener que abandonar lo que podría ser prácticamente su hogar para pertenecer a una agencia periodística diferente o buscarse las castañas en otros lares, camino que por lo dicho, parece que decidió tomar. Algunas compañeras dedicaron unas escuetas palabras, pequeños discursos fúnebres, para elogiar el valor de una cadena que se iba para siempre. Una entre ellas mostraba su desacuerdo ante la tragedia que supone el verse implicado en un gran movimiento empresarial como ante un designio divino, ante cuyas causas y consecuencias uno no tiene nada que hacer o decir, otra cuestionaba el panorama derechista y "nacionalcatólico" que la TDT dejaba a sus espectadores.
No se equivocaba esta última en absoluto al describir la TDT como un mundo del que la derecha española ha sabido apoderarse. Con la caída de CNN+ no sólo perdemos uno de los pocos canales de calidad que conformaban el nuevo panorama televisivo, sino que dejamos sin competencia ideológica a todos los canales centrados en la transmisión de información y la divulgación de debates y discuciones en torno a los problemas sociales, políticos y económicos el país. Veo7, o El Mundo hecho televisión, aún permite en sus tertulias que invitados de diverso color y doctrina participen en la discusión, pero, dejando de lado una Libertad Digital que por suerte no cosecha excesivo éxito, la gran triunfadora, Intereconomía, está constituyendo todo un fenómeno cultural de nuestro tiempo, despertando el afán conservador español y adaptándolo a las nuevas tecnologías. Con Intereconomía tenemos una suerte de Fox News a la española, con su toro incluido, un modelo de periodismo que no tiene reparo alguno en marcar ideológicamente de forma descarada absolutamente toda su programación y su modo de tratar las noticias. Gracias a la TDT el neoconservadurismo (porque de liberalismo nada) obtiene hoy un nivel de audiencia espectacular, alterando ligeramente la información objetiva y lmitando la pluralidad de opiniones en sus debates.
Intereconomía supone también un motivo de interés por ser la primera emisora que permite que la derecha política, en un intento de aplicar todo método posible para adoctrinar a su público, utilice viejas fórmulas progresistas que eran propias de los medios de comuniación de cariz más progresista o menos radical. Si hasta ahora podíamos ver programas de humor que centraban su atención en la política, y principalmente, en el PP (pensamos en CQC, El Intermedio o incluso Sé lo que hicisteis), Intereconomía vuelca su sátira contra el gobierno socialista de una manera brutal y despiadada, tan excesiva que resulta repugnante, y, esto quizá por culpa de sus humoristas, en absoluto divertida. Este programa de humor titulado Los clones semeja ser un intento truncado de la derecha conservadora por alcanzar la jovialidad que caracteriza a una izquierda (o no necesariamente izquierda, simplemente una vertiente no radical y cerrada) capaz de reírse de la moral que representa esta cadena.
Ante el desprestigio generalizado que supuso para la derecha la última legislatura de Aznar, la guerra, el Prestige, el 11 M y demás, Intereconomía ha conseguido, además en un contexto de fragilidad de un PSOE que se ha dejado entender como muy poco competente ante la crisis, que la ideología más radicalmente conservadora, más xenófoba y tradicionalista, tenga un medio de éxito en el que obtener combustible y en el que dar pábulo a la polémica y el patrioterismo barato. Todos los temas sensibles de la actualidad son tratados con una simpleza y cerrazón vergonzosas en este lugar. Esto supone algo ante lo que muchos nos sentimos impotentes, o, cínicamente, divertidos, la estructuración de un discurso oficial derechista a través de propaganda y publicidad ridícula que pretende ensalzar ideales arcaicos frente a los nuevos modelos de sociedad. También, supone esto un caudal de dinero hacía Intereconomía, que ha sabido lanzar el anzuelo a un estanque repleto de peces dispuestos a picar. La utilización de ideología como estrategia para captar lectores o espectadores no es para nada una exageración en un mundo en el que prima el negocio ante los principios, y tampoco, necesariamente, supone la hipocresia, pues es compatible con la asimilación de la ideología vendida. Algunos hemos creido ver cierto afán comercial tanto en la manía persecutoria que tiene el sensacionalista Público (y Sexta Noticias) por Aznar como la exaltación de la heterosexualidad en Intereconomía, entreviéndose hábiles estudios de mercado en la conformación de sus editoriales.
Quizá lo último aquí expresado sea realmente exagerado, y pese al atino comercial de tales medios de comunicación su ideología no dependa de su intención de ventas, y esto, probablemente, porque dependa de otros intereses más importantes. En cualquier caso, avistado ya el nuevo conservador moderno, aquel que fabrica Intereconomía en una población sensible y débil ante ideas populistas que siempre han sabido calar en los sectores más básicos de la sociedad, nosotros acabaremos nuestra reflexión despidiendo con tristeza a CNN+, única emisora de noticias que mantenía, incluso con respecto al noticiero de Cuatro, su hermano, cierta dignidad y honradez. También dejaba entrever, como es lógico, una inclinación ideológica, socialdemócrata y liberal, pero nunca se dejó guiar por otro dogma más que por el de la calidad periodística. Sólo en CNN+ las noticias internacionales cobraban mayor peso en un mundo periodístico(el de la televisión) en el que lo nacional siempre es absoluto protagonista(fijénse en que sólo en la televisión los asuntos internacionales carecen del peso que poseen en otros medios como la prensa escrita). Sólo en esta cadena las noticias eran tratadas con un mínimo de rigurosidad, sin falacias ni sesgos, dejando la opinión para el momento de la opinión, e informando en cualquier momento del día al buen espectador. Se va la que ha sido la mejor cadena de noticias que ha existido en una España mucho más preocupada por las últimas excentricidades de la casta formada en el seno de la poderosa y berlusconiana(buen adjetivo) Telecinco.
Lo cierto es que, pese a estar yo medio dormido, viajando por ese fascinante y grotesco mundo televisivo aquella noche, la despedida de Calleja me resultó muy emotiva. Aquel buen periodista, cuyo trabajo había quedado íntimamente ligado a la cadena durante largo tiempo (no sé cuánto, todo hay que decirlo), se encontraba en la tesitura de tener que abandonar lo que podría ser prácticamente su hogar para pertenecer a una agencia periodística diferente o buscarse las castañas en otros lares, camino que por lo dicho, parece que decidió tomar. Algunas compañeras dedicaron unas escuetas palabras, pequeños discursos fúnebres, para elogiar el valor de una cadena que se iba para siempre. Una entre ellas mostraba su desacuerdo ante la tragedia que supone el verse implicado en un gran movimiento empresarial como ante un designio divino, ante cuyas causas y consecuencias uno no tiene nada que hacer o decir, otra cuestionaba el panorama derechista y "nacionalcatólico" que la TDT dejaba a sus espectadores.
No se equivocaba esta última en absoluto al describir la TDT como un mundo del que la derecha española ha sabido apoderarse. Con la caída de CNN+ no sólo perdemos uno de los pocos canales de calidad que conformaban el nuevo panorama televisivo, sino que dejamos sin competencia ideológica a todos los canales centrados en la transmisión de información y la divulgación de debates y discuciones en torno a los problemas sociales, políticos y económicos el país. Veo7, o El Mundo hecho televisión, aún permite en sus tertulias que invitados de diverso color y doctrina participen en la discusión, pero, dejando de lado una Libertad Digital que por suerte no cosecha excesivo éxito, la gran triunfadora, Intereconomía, está constituyendo todo un fenómeno cultural de nuestro tiempo, despertando el afán conservador español y adaptándolo a las nuevas tecnologías. Con Intereconomía tenemos una suerte de Fox News a la española, con su toro incluido, un modelo de periodismo que no tiene reparo alguno en marcar ideológicamente de forma descarada absolutamente toda su programación y su modo de tratar las noticias. Gracias a la TDT el neoconservadurismo (porque de liberalismo nada) obtiene hoy un nivel de audiencia espectacular, alterando ligeramente la información objetiva y lmitando la pluralidad de opiniones en sus debates.
Intereconomía supone también un motivo de interés por ser la primera emisora que permite que la derecha política, en un intento de aplicar todo método posible para adoctrinar a su público, utilice viejas fórmulas progresistas que eran propias de los medios de comuniación de cariz más progresista o menos radical. Si hasta ahora podíamos ver programas de humor que centraban su atención en la política, y principalmente, en el PP (pensamos en CQC, El Intermedio o incluso Sé lo que hicisteis), Intereconomía vuelca su sátira contra el gobierno socialista de una manera brutal y despiadada, tan excesiva que resulta repugnante, y, esto quizá por culpa de sus humoristas, en absoluto divertida. Este programa de humor titulado Los clones semeja ser un intento truncado de la derecha conservadora por alcanzar la jovialidad que caracteriza a una izquierda (o no necesariamente izquierda, simplemente una vertiente no radical y cerrada) capaz de reírse de la moral que representa esta cadena.
Ante el desprestigio generalizado que supuso para la derecha la última legislatura de Aznar, la guerra, el Prestige, el 11 M y demás, Intereconomía ha conseguido, además en un contexto de fragilidad de un PSOE que se ha dejado entender como muy poco competente ante la crisis, que la ideología más radicalmente conservadora, más xenófoba y tradicionalista, tenga un medio de éxito en el que obtener combustible y en el que dar pábulo a la polémica y el patrioterismo barato. Todos los temas sensibles de la actualidad son tratados con una simpleza y cerrazón vergonzosas en este lugar. Esto supone algo ante lo que muchos nos sentimos impotentes, o, cínicamente, divertidos, la estructuración de un discurso oficial derechista a través de propaganda y publicidad ridícula que pretende ensalzar ideales arcaicos frente a los nuevos modelos de sociedad. También, supone esto un caudal de dinero hacía Intereconomía, que ha sabido lanzar el anzuelo a un estanque repleto de peces dispuestos a picar. La utilización de ideología como estrategia para captar lectores o espectadores no es para nada una exageración en un mundo en el que prima el negocio ante los principios, y tampoco, necesariamente, supone la hipocresia, pues es compatible con la asimilación de la ideología vendida. Algunos hemos creido ver cierto afán comercial tanto en la manía persecutoria que tiene el sensacionalista Público (y Sexta Noticias) por Aznar como la exaltación de la heterosexualidad en Intereconomía, entreviéndose hábiles estudios de mercado en la conformación de sus editoriales.
Quizá lo último aquí expresado sea realmente exagerado, y pese al atino comercial de tales medios de comunicación su ideología no dependa de su intención de ventas, y esto, probablemente, porque dependa de otros intereses más importantes. En cualquier caso, avistado ya el nuevo conservador moderno, aquel que fabrica Intereconomía en una población sensible y débil ante ideas populistas que siempre han sabido calar en los sectores más básicos de la sociedad, nosotros acabaremos nuestra reflexión despidiendo con tristeza a CNN+, única emisora de noticias que mantenía, incluso con respecto al noticiero de Cuatro, su hermano, cierta dignidad y honradez. También dejaba entrever, como es lógico, una inclinación ideológica, socialdemócrata y liberal, pero nunca se dejó guiar por otro dogma más que por el de la calidad periodística. Sólo en CNN+ las noticias internacionales cobraban mayor peso en un mundo periodístico(el de la televisión) en el que lo nacional siempre es absoluto protagonista(fijénse en que sólo en la televisión los asuntos internacionales carecen del peso que poseen en otros medios como la prensa escrita). Sólo en esta cadena las noticias eran tratadas con un mínimo de rigurosidad, sin falacias ni sesgos, dejando la opinión para el momento de la opinión, e informando en cualquier momento del día al buen espectador. Se va la que ha sido la mejor cadena de noticias que ha existido en una España mucho más preocupada por las últimas excentricidades de la casta formada en el seno de la poderosa y berlusconiana(buen adjetivo) Telecinco.
lunes, 29 de noviembre de 2010
Lo que simboliza Wikileaks, su valor y sus peligros
Wikileaks supone un hito histórico. Sus acciones son los actos de desobediencia civil de nuestra era. Las distintas etapas y contextos históricos han permitido la formación de ideales, políticas y concepciones de la organización social que distan del poder establecido y proclaman un cambio, una revolución, siendo, en el seno de las democracias modernas este tipo de revueltas ya sólo una petición de cambios muy concretos, y a menudo, independientes del todo político, o posibles sin necesidad de una reforma o mutación del sistema en el que se darían. Quiero decir que, y demos gracias, hoy las revoluciones en occidente carecen de la violencia y la radicalidad con que nacieron como concepto de revolución política y los únicos actos de reniego de la ley impuesta o masiva crítica del modelo tratan cuestiones internas de un modelo que en general no es cuestionado, excepto por minorías que tampoco proponen modelos organizados más allá de una teoría difusa que no abarca muchos aspectos importantes que deberían quedar abarcados, sino que estos movimientos de revuelta se reducen a protestas, las más de las veces, legales, institucionalizadas y entendidas como mecanismos de ejercicio de poder dentro del modelo imperante, cuyos temas, u objetivos a alcanzar, son cuestiones, como dijimos concretas, de dirección interna del mismo modelo, y que no se sustraen a un ámbito previo a la instauración del modelo.
Sin embargo, el modelo resulta aún para muchos incompleto o hipócrita, en el sentido, esto último, de que el modelo no cumple en la práctica con los preceptos en los que teóricamente se amolda, o con los compromisos a los que se somete públicamente. Así, muchas de estas revueltas, manifestaciones, críticas, movimientos, protestas y denuncias al poder establecido no sólo cuestionan las políticas tomadas desde una posición opuesta, es decir, pretendiendo que la política sea revisada y tomada en una dirección contraria, sino que se sitúan más allá de la dirección a tomar y cuestionan el modo en que se toma la decisión. Estas revueltas son, por tanto, originadas por unos colectivos que se insertan, con menor o mayor homegeneidad en esas minorías antes mencionadas que cuestionan el paradigma y que bien pueden quedar ejemplificadas en movimientos en pro de la democracia parcitipativa o movimientos antiglobalización, sean violentos y actúen en la ilegalidad o siendo partícipes de la discusión democrática utilizando las armas legales disponibles.
Una protesta que comparten muchos de estos movimientos que pretenden un cambio de sistema y que puede ser compartida desde perspectivas radicales y moderadas, incluso aquellas que rechazan muchos de los puntos defendidos por estos movimientos internacionales de política contestataria urbana, es la crítica al modelo de democracia en el que el concepto de democracia queda desvirtuado. No exclusivamente puede entenderse como una petición de democracia participativa, de implicación ciudadana en su máxima expresión a través de la votación continuada sobre todo tipo de cuestiones o la formación de instituciones cuyos mecanismos permitan la influencia del pueblo en el mayor número de cuestiones políticas posibles, no sólo es esto, también es una crítica a la perversión de lo que significa democracia representativa, que también es democracia, poder del pueblo, y no aristocracia u oligarquía, que en mi opinión pueden entenderse como sinónimos. Para entender esto hay que diferenciar entre una posición democrática más propensa a la participación activa y directa del ciudadano y otra posición democrática en la que se defiende la cesión del quehacer político a un colectivo o grupo de dirigentes, que, no olvidemos, representa las pretensiones y preferencias del pueblo que los ha elegido como tal, no nos confundamos, democracia representativa implica desvinculación parcial de lo político por parte de aquel cuyo oficio no sea la política, pero no desvinculación total, y en ese sentido, también se le puede dar el título de democracia participativa, pues sin participación del pueblo en la elección de gobernantes y legisladores, así como en la elección de su supresión y sustitución (en su supervisión), no hay democracia.
Y en esta tesitura aparece Wikileaks promoviendo una nueva revolución que no desmorone el modelo instaurado pero si lo reconstruya y lo modele hacía el ideal de la participación ciudadana, no rechazando la representación, pero sí arduamente denunciando el abuso de poder que desde esa representación se está realizando. ¿Qué abuso de poder es este? El ocultamiento y silenciamiento de hechos políticos relevantes que afectan al pueblo y de cuya opinión última sólo es posible encontrar posicionamiento y reacción. Wikileaks roba al poder aquellos documentos clasificados que contienen vastísima información sobre las actuaciones de ese poder, que recordemos, es mero representante del poder fáctico del pueblo que se somete al mismo, y que describen, esos documentos, las visiones y perspectivas que se tienen con respecto al resto de poderes estatales que hay en el mundo.
Así, Wikileaks, hablando ya en términos más concretos, denuncia este ocultamiento de información, sino que además cuestiona lo que esta misma información nos dice sobre el modus operandi del poder. Primero fueron archivos sobre Afganistán, y posteriormente sobre Iraq, los que confesaban al mundo el número real de victimas que cotejaba el gobierno que promovió tales guerras, y las inexistentes medidas adoptadas contra casos conocidos de flagrante ilegalidad e inmoralidad. Pero ahora nos deslumbra y aturde de nuevo esta organización activista con nuevas informaciones sobre el modo de actuar de las embajadas de EEUU, teniendo una oculta función como recabadora de información, y se nos consciencia sobre los asuntos tratados por el gobierno respecto a los países tanto aliados, como enemigos. Conocemos entonces la opinión que numerosos funcionarios del gobierno dan de los mandatarios de otras naciones, europeos o no, aliados o no, información cuya última utilidad es conocer las posibles amenazas, no exclusivamente a la seguridad, sino también a los intereses económicos o estratégicos de EEUU, así como también nos informamos de las conversaciones secretas que implican a aliados árabes del país respecto a la amenaza militar de Irán.
Wikileaks, pues, realiza dos denuncias en una, primero, con el apoyo de poderosos medios de comunicación, difunde informaciones que dentro del modelo van a ser cuestionadas, pretendiendo un numeroso colectivo del conjunto de la población que la política se direccione en sentidos opuestos (del mismo modo que otro amplio colectivo considerará válidas estas direcciones políticas cuestionadas por Wikileaks), y por otro, cuestiona el modelo representativo en el que el pueblo queda exento y apartado de las cuestiones políticas de mayor relevancia, si acaso no es abolutamente engañado sobre las mismas, lo cual implica y prescribe mayor transparencia y mayor conocimiento y, por ende, participación ciudadana.
El problema al que se enfrentaría esta concepción de lo político, y Wikileaks, es a la concesión democrática al poder (al representante) del derecho a ocultar información, siguiendo su propio criterio, en vistas a la seguridad y defensa del conjunto de la ciudadanía. Esto no significa la concesión prepolítica de la que hablaría Hobbes en el caso de la instauración de un Estado absoluto por sumisión voluntaria de sus miembros a un poder pacificador, el Estado moderno parte de esta concepción, pero se articula también conforme a ideales de libertad e igualdad que permiten que este poder pacificador, esto quiere decir, dador de leyes, respete unos concretos derechos adscritos al ser humano y que sea constituido, realizado y llevado a la práctica por el poder soberano, entendido este como el pueblo. Se trata entonces de la posibilidad de que este poder soberano permita este tipo de actuación política, o este modelo que implica cierto grado de ocultación al poder político representado y cierto grado de actuación política secreta respecto al resto de naciones conforme a principios de protección. Esto en definitiva sería desconsiderar los medios utilizados en beneficio de unos fines deseados, que es el mismo procedimiento llevado a cabo por Wikileaks, que desestima su propio oscurantismo interno para ofrecer una crítica mordaz al oscurantismo político.
Tenemos, por lo visto, dos cuestiones abiertas, una, la posibilidad de que la defensa democrática de Wikileaks sea democráticamente desprestigiada, y por otro, la propia contradicción en la que cae Wikileaks al proponer modelos que como organización no cumple, lo cual, pudiendo manchar el nombre de Wikileaks y sus actos, no resta ninguna credibilidad o legitimidada su mensaje, que siempre debe quedar interpretado, si es un mensaje ético o político, en tanto que ético y político, de forma independiente a su origen contingente. En definitiva, lo que encontramos es un Estado democrático que incumple su naturaleza democrática conforme a un objetivo que queda por encima, la seguridad, y una organización activista que incumple, con la ley, el proceder habitual de las organizaciones activistas, y sus propias prescripciones, por un objetivo que también queda por encima, la verdad para el pueblo, o la democracia sin concesiones.
Lo que queda, pues, son dos valores últimos enfrentados, o dos conjuntos de valores y concepciones de lo correcto y conveniente, que en el contexto de la democracia (pues estamos partiendo siempre en este texto de la democracia como institución admitida y consolidada) pueden ser aceptados o rechazados, y que no implican ninguno necesaria conexión con la misma. Desde unas posturas podemos entender que la seguridad, valga lo que valga, está por delante, y por ello precisamente la democracia y el Estado y no la anarquía, y por ello también el derecho a ocultar y mentir. Desde otras posturas la verdad y la transparencia son valores esencialmente ligados, no al Estado, pero si al Estado democrático. A esta última postura pertenezco yo, que considero que la democracia no es tal si mediante sus propios mecanismos (como vimos, dentro de la misma, por votación directa o indirecta de una ley o norma que así lo permita o por el permisivismo ante el ejecutivo que sin apoyo jurídico sin embargo lo realice) suprime el derecho a conocer los asuntos del gobierno que son los asuntos de todos. Pera esta concepción es más utópica que realista, y causa carcajadas en un contexto de superpotencias fuertemente armadas cuyos pilares estratégicos en lo referente a defensa son administraciones centradas en el espionaje y en la recopilación de información crucial sobre todo enemigo virtual. Y es que, si el pueblo conoce esta información vital, el posible enemigo, también tendrá acceso a ella, y la información, lejos de resultar estratégica y defensiva, será vacua, o incluso peligrosa. Sin embargo, precisamente por ser esta realidad tan ingrata, cuando los valores que se contemplan, no sólo en el imaginario del ciudadano progresista, sino en muchas de las instituciones políticas ya existentes, aunque de modo rudimentario (Como la ONU, Su Corte Penal Internacional, su Declaración Universal de los Derechos Humanos, etc, cuyos valores son encomiables pero cuya estructura sigue siendo jerárquica y otorga poder de decisión a unos países en tanto que históricamente consiguieron un papel protagonista), se hacen realidad, estos valores citados, a través de las acciones de Wikileaks, uno siente esperanza en un futuro en el que los valores que dieron alcance a la democracia nutran la colectividad política de occidente y contagien aquellos territorios no democráticos, permitiendo una progresiva desmilitarización y una participación política pacífica y participativa en la que no sea necesario ocultar información por seguridad.
Pero, volviendo a la realidad, también, aparte de esperanza, Wikileaks provoca miedo, pues sus acciones, destinadas a movilizar a la población por la búsqueda de la verdad y el conocimiento total de las acción política que ellos sustentan como soberanos, no atienden demasiado a sus posibles consecuencias en un mundo planteado tal y como hemos expresado, en el que estos actos cuyo fines éticos y políticos pueden trocarse en la conformación de nuevos conflictos bélicos que impliquen una re-legitimación de la política ocultista y democráticamente antidemocrática. Precisamente, como dije en el primer párrafo, este es el problema del cuestionamiento del modelo dado, que en la teoría de un nuevo modelo quedan inabarcadas cuestiones que necesitan serlo, como sería en el caso de una total transparencia de los órganos de seguridad americana, su debilidad militar frente a amenazas certeras y cercanas, y su incapacidad, y aquí está la respuesta a la primacía eterna del componente militar en las relaciones entre Estados, para proteger los intereses americanos, incluso aquellos más básicos que no supongan la necesidad, siendo que esa necesidad existe hoy día en todo occidente, de contar con los recursos de otros territorios.
En conclusión, Wikileaks puede, quizá, suponer un antes y un después en la conciencia ciudadana respecto a su poder político real y su capacidad para ordenar la política y las instituciones a contracorriente, pero, precisamente por ser esta dirección escogida, a contracorriente, lo más probable es que la fuerza de la mayoría despolitizada o políticamente cercana a las ideas de modelos estatales absolutos que organicen los asuntos militares sin consentimiento ciudadano, se sobreponga y convierta estos hechos en meras anécdotas en la historia. También, siendo pesimistas, es muy probable que los conflictos existentes se encarnicen por la poca conciencia de responsabilidad que maneja Wikileaks al actuar tal como lo hace. Lo necesario, si se siguen las concepciones éticas y políticas que maneja Wikileaks, y se denuncia no sólo el ocultamiento de la verdad, sino también la actuación interestatal entendida como relación de sujetos libres virtualmente enemigos (Amigo-enemigo según Carl Schmitt), defendiéndose una organización de Estados supeditados a una legislación común (del mismo modo que de la libertad natural humana, supuesto estado de guerra virtual, se pasó a una legislación común pacificadora que contentase mínimamente a todas las partes, esta relación podría ser transpuesta al ámbito de los Estados nacionales, tal y como está progresivamente ocurriendo en sus agrupaciones interestatales y en sus pactos y tomas de medidas pacíficas y conjuntas a sus problemas), o, dejando de lado la soñadora visión de una legislación común, quedando los Estados unidos, todos ellos en defensa de ideas y valores democráticos y pacíficos, lo necesario, decíamos, es encontrar aquellos elementos aquí esbozados que impiden la realización de tales ideales. Así pues, si queremos acabar con los secretos de Estado, habrá que acabar con la amenaza enemiga, y para ello, obviando problemas de índole cultural y religiosa que tienen fuerte influencia y compleja solución, también han de solventarse los conflictos que nacen de una situación histórica injusta y aquel motivo principal de lucha entre pueblos, la riqueza, los recursos y todo aquello que permite no sólo la existencia, sino un determinado nivel de calidad de la existencia. Enfrentarse a estos problemas, y no mantenerlos utilizando la fuerza para defendernos de sus consecuencias, sería la verdadera propuesta a largo plazo de la que se debe tomar conciencia y que cuanto antes debe comenzarse si no se quiere eternizar un estado mundial de guerra, mentiras y tiranía.
Sin embargo, el modelo resulta aún para muchos incompleto o hipócrita, en el sentido, esto último, de que el modelo no cumple en la práctica con los preceptos en los que teóricamente se amolda, o con los compromisos a los que se somete públicamente. Así, muchas de estas revueltas, manifestaciones, críticas, movimientos, protestas y denuncias al poder establecido no sólo cuestionan las políticas tomadas desde una posición opuesta, es decir, pretendiendo que la política sea revisada y tomada en una dirección contraria, sino que se sitúan más allá de la dirección a tomar y cuestionan el modo en que se toma la decisión. Estas revueltas son, por tanto, originadas por unos colectivos que se insertan, con menor o mayor homegeneidad en esas minorías antes mencionadas que cuestionan el paradigma y que bien pueden quedar ejemplificadas en movimientos en pro de la democracia parcitipativa o movimientos antiglobalización, sean violentos y actúen en la ilegalidad o siendo partícipes de la discusión democrática utilizando las armas legales disponibles.
Una protesta que comparten muchos de estos movimientos que pretenden un cambio de sistema y que puede ser compartida desde perspectivas radicales y moderadas, incluso aquellas que rechazan muchos de los puntos defendidos por estos movimientos internacionales de política contestataria urbana, es la crítica al modelo de democracia en el que el concepto de democracia queda desvirtuado. No exclusivamente puede entenderse como una petición de democracia participativa, de implicación ciudadana en su máxima expresión a través de la votación continuada sobre todo tipo de cuestiones o la formación de instituciones cuyos mecanismos permitan la influencia del pueblo en el mayor número de cuestiones políticas posibles, no sólo es esto, también es una crítica a la perversión de lo que significa democracia representativa, que también es democracia, poder del pueblo, y no aristocracia u oligarquía, que en mi opinión pueden entenderse como sinónimos. Para entender esto hay que diferenciar entre una posición democrática más propensa a la participación activa y directa del ciudadano y otra posición democrática en la que se defiende la cesión del quehacer político a un colectivo o grupo de dirigentes, que, no olvidemos, representa las pretensiones y preferencias del pueblo que los ha elegido como tal, no nos confundamos, democracia representativa implica desvinculación parcial de lo político por parte de aquel cuyo oficio no sea la política, pero no desvinculación total, y en ese sentido, también se le puede dar el título de democracia participativa, pues sin participación del pueblo en la elección de gobernantes y legisladores, así como en la elección de su supresión y sustitución (en su supervisión), no hay democracia.
Y en esta tesitura aparece Wikileaks promoviendo una nueva revolución que no desmorone el modelo instaurado pero si lo reconstruya y lo modele hacía el ideal de la participación ciudadana, no rechazando la representación, pero sí arduamente denunciando el abuso de poder que desde esa representación se está realizando. ¿Qué abuso de poder es este? El ocultamiento y silenciamiento de hechos políticos relevantes que afectan al pueblo y de cuya opinión última sólo es posible encontrar posicionamiento y reacción. Wikileaks roba al poder aquellos documentos clasificados que contienen vastísima información sobre las actuaciones de ese poder, que recordemos, es mero representante del poder fáctico del pueblo que se somete al mismo, y que describen, esos documentos, las visiones y perspectivas que se tienen con respecto al resto de poderes estatales que hay en el mundo.
Así, Wikileaks, hablando ya en términos más concretos, denuncia este ocultamiento de información, sino que además cuestiona lo que esta misma información nos dice sobre el modus operandi del poder. Primero fueron archivos sobre Afganistán, y posteriormente sobre Iraq, los que confesaban al mundo el número real de victimas que cotejaba el gobierno que promovió tales guerras, y las inexistentes medidas adoptadas contra casos conocidos de flagrante ilegalidad e inmoralidad. Pero ahora nos deslumbra y aturde de nuevo esta organización activista con nuevas informaciones sobre el modo de actuar de las embajadas de EEUU, teniendo una oculta función como recabadora de información, y se nos consciencia sobre los asuntos tratados por el gobierno respecto a los países tanto aliados, como enemigos. Conocemos entonces la opinión que numerosos funcionarios del gobierno dan de los mandatarios de otras naciones, europeos o no, aliados o no, información cuya última utilidad es conocer las posibles amenazas, no exclusivamente a la seguridad, sino también a los intereses económicos o estratégicos de EEUU, así como también nos informamos de las conversaciones secretas que implican a aliados árabes del país respecto a la amenaza militar de Irán.
Wikileaks, pues, realiza dos denuncias en una, primero, con el apoyo de poderosos medios de comunicación, difunde informaciones que dentro del modelo van a ser cuestionadas, pretendiendo un numeroso colectivo del conjunto de la población que la política se direccione en sentidos opuestos (del mismo modo que otro amplio colectivo considerará válidas estas direcciones políticas cuestionadas por Wikileaks), y por otro, cuestiona el modelo representativo en el que el pueblo queda exento y apartado de las cuestiones políticas de mayor relevancia, si acaso no es abolutamente engañado sobre las mismas, lo cual implica y prescribe mayor transparencia y mayor conocimiento y, por ende, participación ciudadana.
El problema al que se enfrentaría esta concepción de lo político, y Wikileaks, es a la concesión democrática al poder (al representante) del derecho a ocultar información, siguiendo su propio criterio, en vistas a la seguridad y defensa del conjunto de la ciudadanía. Esto no significa la concesión prepolítica de la que hablaría Hobbes en el caso de la instauración de un Estado absoluto por sumisión voluntaria de sus miembros a un poder pacificador, el Estado moderno parte de esta concepción, pero se articula también conforme a ideales de libertad e igualdad que permiten que este poder pacificador, esto quiere decir, dador de leyes, respete unos concretos derechos adscritos al ser humano y que sea constituido, realizado y llevado a la práctica por el poder soberano, entendido este como el pueblo. Se trata entonces de la posibilidad de que este poder soberano permita este tipo de actuación política, o este modelo que implica cierto grado de ocultación al poder político representado y cierto grado de actuación política secreta respecto al resto de naciones conforme a principios de protección. Esto en definitiva sería desconsiderar los medios utilizados en beneficio de unos fines deseados, que es el mismo procedimiento llevado a cabo por Wikileaks, que desestima su propio oscurantismo interno para ofrecer una crítica mordaz al oscurantismo político.
Tenemos, por lo visto, dos cuestiones abiertas, una, la posibilidad de que la defensa democrática de Wikileaks sea democráticamente desprestigiada, y por otro, la propia contradicción en la que cae Wikileaks al proponer modelos que como organización no cumple, lo cual, pudiendo manchar el nombre de Wikileaks y sus actos, no resta ninguna credibilidad o legitimidada su mensaje, que siempre debe quedar interpretado, si es un mensaje ético o político, en tanto que ético y político, de forma independiente a su origen contingente. En definitiva, lo que encontramos es un Estado democrático que incumple su naturaleza democrática conforme a un objetivo que queda por encima, la seguridad, y una organización activista que incumple, con la ley, el proceder habitual de las organizaciones activistas, y sus propias prescripciones, por un objetivo que también queda por encima, la verdad para el pueblo, o la democracia sin concesiones.
Lo que queda, pues, son dos valores últimos enfrentados, o dos conjuntos de valores y concepciones de lo correcto y conveniente, que en el contexto de la democracia (pues estamos partiendo siempre en este texto de la democracia como institución admitida y consolidada) pueden ser aceptados o rechazados, y que no implican ninguno necesaria conexión con la misma. Desde unas posturas podemos entender que la seguridad, valga lo que valga, está por delante, y por ello precisamente la democracia y el Estado y no la anarquía, y por ello también el derecho a ocultar y mentir. Desde otras posturas la verdad y la transparencia son valores esencialmente ligados, no al Estado, pero si al Estado democrático. A esta última postura pertenezco yo, que considero que la democracia no es tal si mediante sus propios mecanismos (como vimos, dentro de la misma, por votación directa o indirecta de una ley o norma que así lo permita o por el permisivismo ante el ejecutivo que sin apoyo jurídico sin embargo lo realice) suprime el derecho a conocer los asuntos del gobierno que son los asuntos de todos. Pera esta concepción es más utópica que realista, y causa carcajadas en un contexto de superpotencias fuertemente armadas cuyos pilares estratégicos en lo referente a defensa son administraciones centradas en el espionaje y en la recopilación de información crucial sobre todo enemigo virtual. Y es que, si el pueblo conoce esta información vital, el posible enemigo, también tendrá acceso a ella, y la información, lejos de resultar estratégica y defensiva, será vacua, o incluso peligrosa. Sin embargo, precisamente por ser esta realidad tan ingrata, cuando los valores que se contemplan, no sólo en el imaginario del ciudadano progresista, sino en muchas de las instituciones políticas ya existentes, aunque de modo rudimentario (Como la ONU, Su Corte Penal Internacional, su Declaración Universal de los Derechos Humanos, etc, cuyos valores son encomiables pero cuya estructura sigue siendo jerárquica y otorga poder de decisión a unos países en tanto que históricamente consiguieron un papel protagonista), se hacen realidad, estos valores citados, a través de las acciones de Wikileaks, uno siente esperanza en un futuro en el que los valores que dieron alcance a la democracia nutran la colectividad política de occidente y contagien aquellos territorios no democráticos, permitiendo una progresiva desmilitarización y una participación política pacífica y participativa en la que no sea necesario ocultar información por seguridad.
Pero, volviendo a la realidad, también, aparte de esperanza, Wikileaks provoca miedo, pues sus acciones, destinadas a movilizar a la población por la búsqueda de la verdad y el conocimiento total de las acción política que ellos sustentan como soberanos, no atienden demasiado a sus posibles consecuencias en un mundo planteado tal y como hemos expresado, en el que estos actos cuyo fines éticos y políticos pueden trocarse en la conformación de nuevos conflictos bélicos que impliquen una re-legitimación de la política ocultista y democráticamente antidemocrática. Precisamente, como dije en el primer párrafo, este es el problema del cuestionamiento del modelo dado, que en la teoría de un nuevo modelo quedan inabarcadas cuestiones que necesitan serlo, como sería en el caso de una total transparencia de los órganos de seguridad americana, su debilidad militar frente a amenazas certeras y cercanas, y su incapacidad, y aquí está la respuesta a la primacía eterna del componente militar en las relaciones entre Estados, para proteger los intereses americanos, incluso aquellos más básicos que no supongan la necesidad, siendo que esa necesidad existe hoy día en todo occidente, de contar con los recursos de otros territorios.
En conclusión, Wikileaks puede, quizá, suponer un antes y un después en la conciencia ciudadana respecto a su poder político real y su capacidad para ordenar la política y las instituciones a contracorriente, pero, precisamente por ser esta dirección escogida, a contracorriente, lo más probable es que la fuerza de la mayoría despolitizada o políticamente cercana a las ideas de modelos estatales absolutos que organicen los asuntos militares sin consentimiento ciudadano, se sobreponga y convierta estos hechos en meras anécdotas en la historia. También, siendo pesimistas, es muy probable que los conflictos existentes se encarnicen por la poca conciencia de responsabilidad que maneja Wikileaks al actuar tal como lo hace. Lo necesario, si se siguen las concepciones éticas y políticas que maneja Wikileaks, y se denuncia no sólo el ocultamiento de la verdad, sino también la actuación interestatal entendida como relación de sujetos libres virtualmente enemigos (Amigo-enemigo según Carl Schmitt), defendiéndose una organización de Estados supeditados a una legislación común (del mismo modo que de la libertad natural humana, supuesto estado de guerra virtual, se pasó a una legislación común pacificadora que contentase mínimamente a todas las partes, esta relación podría ser transpuesta al ámbito de los Estados nacionales, tal y como está progresivamente ocurriendo en sus agrupaciones interestatales y en sus pactos y tomas de medidas pacíficas y conjuntas a sus problemas), o, dejando de lado la soñadora visión de una legislación común, quedando los Estados unidos, todos ellos en defensa de ideas y valores democráticos y pacíficos, lo necesario, decíamos, es encontrar aquellos elementos aquí esbozados que impiden la realización de tales ideales. Así pues, si queremos acabar con los secretos de Estado, habrá que acabar con la amenaza enemiga, y para ello, obviando problemas de índole cultural y religiosa que tienen fuerte influencia y compleja solución, también han de solventarse los conflictos que nacen de una situación histórica injusta y aquel motivo principal de lucha entre pueblos, la riqueza, los recursos y todo aquello que permite no sólo la existencia, sino un determinado nivel de calidad de la existencia. Enfrentarse a estos problemas, y no mantenerlos utilizando la fuerza para defendernos de sus consecuencias, sería la verdadera propuesta a largo plazo de la que se debe tomar conciencia y que cuanto antes debe comenzarse si no se quiere eternizar un estado mundial de guerra, mentiras y tiranía.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
El paradójico y atemorizante movimiento por la libertad
En las elecciones legislativas norteamericanas triunfa el movimiento del Tea party que queda acogido bajo los amables brazos del republicanismo más radical. La izquierda (dirección política, que en su significado más básico y natural, es bastante mal vista en el contexto general) pierde toda su credibilidad, o, para ser consecuentes con las creencias populares del nuevo movimiento político, su legitimidad. Las ideas de equidad social o redistribución de riqueza quedan solapadas y desahuciadas por una vuelta a las raíces liberales que muy estratégicamente quedan simbolizadas con el hisórico movimiento de la revuelta del té norteamericana (o para no ser anacrónicos, inglesa), añadiéndose bajo esta sabia elección de slogan los valores de patriotismo americano y, esto ya no creo que con validez consecuencialista, el conservadurismo moral y militar.
Lo que ha quedado desprestigiado tras estas elecciones no es realmente una izquierda política que en Estados Unidos apenas ha tenido visibilidad en la sociedad y cuyos únicos representantes de mayor renombre son Noam Chomsky, Michael Moore y la emisora de radiotelevisión Democracy Now, cuya principal cabeza visible es la reportera Amy Goodman. Lo que ha sido totalmente rechazado no ha sido esta izquierda que apenas se hace un hueco en la nación capitalista por excelencia, aunque los pertenecientes a tal adscripción ideológica sean los más perjudicados, la verdadera fuerza política perjudicada no es otra que la que forman los miembros del partido demócrata, miembros moderados de una derecha liberal que, ahora aún más con Obama al frente, se encuentran a menor distancia de esta izquierda mentada, atisbándola aún en un horizonte inasumible. Pero obviemos estas simplificaciones ideológicas en las que caemos al intentar agrupar a determinados elementos políticos en una corriente común que bien puede presenter múltiples caras y analicemos lo ocurrido: La derecha más potente y organizada, bajo los ideales de menos Estado y más América(en tanto que esta no quede contaminada por presencias extranjeras, si acaso América puede ser algo que no parta de presencia extranjera) se está imponiendo, no sólo en los medios de comunicación, sino en los cargos políticos que toman las decisiones más relevantes de la sociedad americana.
Podemos, primero, estudiar las causas y consecuencias de esta situación, pero es sin embargo tarea digna de valiente sociólogo experto en política, y muy a mi pesar, tan sólo podré divagar sobre las posibles causas y consecuencias, y no sin la ayuda de ciertas lecturas en la prensa extranjera. La principal causa de esta victoria de la derecha puede encontrarse en que la derecha siempre ha sido campeona en un país en el que en realidad un presidente afroamericano que propone medidas de protección social y redistribución es una anomalía. La derecha, la más potente y radical, la que no ha escondido su faceta imperialista, sus buenas relaciones con el mundo corporativo y empresarial, la de Nixon, Reagan o Bush, siempre ha sido la que ha caracterizado y dotado de personalidad, en el sentido político, a Estados Unidos. Por supuesto, no podemos reducir al poderoso país a una única visión de lo político y la todavía reciente victoria de un demócrata acusado de comunista por los temerosos de los impuestos y la redistribución lo demuestran. Pero la sociedad tiende a polarizarse y viviendo la sociedad americana una dura crisis económica, con altas cifras de paro(que ni por asomo se acercan a lo que vemos en España), lo que fácilmente podemos predecir es que muchos votos vuelen directamente de una posición a la contraria, siendo además la contraria la que siempre ha tenido mejor fama en esto de hacer mejorar los números de la economía, no entraré a discutir si de forma justificada aunque imagino que adivinarán mi posición.
En esta situación de pesimismo económico y político, pues lo político es económico y lo económico político(aunque en esto último los del Tea Party se empeñan en querer llevarme la contraria), es lógico que ciertos movimientos políticos cobren, o recobren, mayor fuerza y mayor visibilidad, más aún cuando la ideología del movimiento ahora ganador viene sustentada por el dinero de los sectores más poderosos del mundo empresarial norteamericano. Fox News, uno de los canales de noticias con mayor audiencia del país, bajo la presidencia del magnate de los medios de comunicación, es el principal medio de trasmisión de los valores conservadores que han sido acogidos por las elecciones legislativas. Medios de comunicación, maganates y derecha política, vayan ustedes atando cabos.
Cuando una enorme masa de población queda desamparada ante el fracaso de su propia economía o de su seguridad y vive en una insatisfacción constante por vaya usted a saber qué motivos, es propio de una enorme potencia estratégica adueñarse de su mentalidad política y condicionar sus juicios de valor e incluso emociones encontrado un enemigo común hacía el que dirigirlas. Así pues, si un ciudadano estadounidense de escaso nivel intelectual ha perdido ha sufrido un crimen o carece de suficientes medios económicos para llevar una vida agradable o deseada, consigue, gracias a la inevitable presencia de los valores derechistas impreganados en sus programas de televisión y en los idearios de sus vecinos, encontrar un culpable a sus problemas que a su vez es culpable de la insatisfacción de los demás ciudadanos que conoce, la inmigración y los asfixiantes impuestos. Para llegar a tales conclusiones no sigue un elaborado esquema argumentativo, ni entra a reflexionar sobre otras posibles miradas a los temas planteados, o a las posibles consecuencias de las soluciones deseadas, sólo se deja arrastrar por la marea ideológica que le empuja a encontrar en el Tea Party y en los proyectos neoliberales y conservadores un mesías que resuelva sus problemas como buen ciudadano de clase media. Esto no puede resultarnos demasiado ajeno ni extraño, pues en cierto modo ocurre, aunque quizá de un modo menos atemorizador, en nuestras tierras. Las mentes de trabajadores y gentes de clase media con escasa actitud crítica son absorbidas por distintas polaridades políticas, siendo hoy la más llamativa y reaccionaria la que sustenta también un sesgado medio televisivo como es Intereconomía, proponiendo simplistas causas y simplistas soluciones a problemas comunes. Esta lógica populista no es nueva ya que también perteneció, y se desarrolló, con el movimiento obrero de orden socialista o anarquista. Pero si el comunismo significaba una confianza mesiánica en un futuro mejor a través de, en ocasiones, la simplificación y la demagogia, su significación populista obtiene todo su sentido y legitimidad al ser los ideales defendidos aquellos que pretender dotar de poder al individuo explotado en sentido político y por ende económico. Ahora, los círculos de poder empresariales a los que los movimientos sociales se enfrentaron (y se enfrentan, aunque con menor motivación como es lógico en Estados del Bienestar) son los que motivan y movilizan a nuevos movimientos populares que pretenden defender a los mismos bajo el pretexto del derecho a la libertad.
En definitiva, es tragicómico observar como trabajadores creen profundamente en que una libertad económica total pueda resultarles beneficioso, no porque diversas posturas económicas argumentadas no puedan defender tal idea con cierto grado de validez, sino porque tales teorías quedan desprestigiadas al verse subsumidas por la fáctica potencia de la economía y de los mercados, por ser el sustento y pilar de tales movimientos y opiniones una poderosa oligarquía que paga cada anuncio del partido y cada noticia tergiversada en televisión, siendo su principal motivación la obtención de beneficios y no la repercusión de los mismos en la sociedad.
Curioso, por cierto, esto de la libertad, pues este liberalismo americano, tal y como ocurre en España, carece en el sentido social de todo carácter liberal. Si bien los impuestos son indeseables por impedir el uso privado de la propiedad, ese uso privado debe quedar muy bien restringido por una reja moral que impide llevar a cabo acciones que contradigan los valores comunes. No se piense usted que por poder ganar dinero a mansalva por no pagar IVA se lo pueda gastar en contradecir a Dios con drogas, prostitución, abortos o idílios homosexuales, a no ser, claro está, que sepa usted poder ocultarlo en sociedad y vivir en una sana hipocresía.
Podríamos alargar la discusión sobre la libertad cuestionando la libertad liberal entendiendo como esta es también causa de la explotación y la esclavitud, y entendiendo que esta libertad pueda quedar desentendida, o como huída de sentido, si existe en un entorno de enorme inequidad y desigualdad, pero dígaselo esto a un liberal clásico o a un griego ateniense si tiene valor, así que iremos cerrando filas.
Dejando de lado esta posibilidad individualista de funcionamiento económico y social quedaría por elucubrar las posibles consecuencias de este movimiento. Una sería la de espanto y terror en el resto del mundo civilizado. Sí se ha dado cierto desasosiego en los medios de comunicación menos liberales y conservadores, y supongo que más aún en las capas intelectuales de aquellas sociedades que pueden verse perjudicadas por un realce militarista del gran Imperio del mundo. Los defensores de la dignidad y derechos del migrante deben verse algo acongojados por las posibles repercusiones de este giro político, sobretodo tras haberse comprobado la dureza que puede adoptar EEUU en su legislación con el ejemplo de Arizona. Pero pese a todo ello, pese a las tópicas e inagotables críticas a la mirada corta, simple y patológica del radicalismo americano, nuestras sociedades no se han escandalizado demasiado, habiendo la derecha aprobado con ilusión los resultados, al ver en ellos reflejados su propio éxito y al ser algunas de las ideas populistas, conservadoras y generalistas de este movimiento del té en gran medida compartidas por nuestra población.
Otra posibilidad es que el presidente Obama modere su mensaje y sus políticas ("¡¿Cuándo fueron moderadas?!" dirán los izquierdistas o derechistas con sentido absolutamente opuesto y conjuntamente crítico), pero su viaje por el sureste de Asia predicando paz y buen rollo con el islam, además de trazar tratos económicos con la India y proponerla como miembro permanente del por muy pocas naciones(vencedoras tras la segunda gran guerra) monopolizado Consejo de Seguridad de la ONU, no parecen indicar que vaya a dejar de lado sus intenciones políticas por encontrar un mayor apoyo electoral.
La posibilidad, más terrorífica, y más probable, es que la derecha consiga en dos años el poder ejecutivo, que EEUU cierre con mayor ahínco sus fronteras y trate peor a sus inmigrantes ilegales, que se endurezca el rechazo al aborto y los comportamientos alejados de la moral cristiana y que se aligeren los impuestos, esto último, en defensa del no intervencionismo del Estado en la economía, ese no intervencionismo tan aplaudido por los republicanos y que sin embargo nunca hemos encontrado en su política exterior. Convénzanme de que la Guerra de Iraq, el Sha iraní, el Irangate (venta de armas ilegal a un enemigo político para financiar a movimientos revolucionarios nicaragüenses), la intervención en Panamá o Haití, la instauración de bases militares por todo el globo, etc, no es intervencionismo en la economía.
Lo que ha quedado desprestigiado tras estas elecciones no es realmente una izquierda política que en Estados Unidos apenas ha tenido visibilidad en la sociedad y cuyos únicos representantes de mayor renombre son Noam Chomsky, Michael Moore y la emisora de radiotelevisión Democracy Now, cuya principal cabeza visible es la reportera Amy Goodman. Lo que ha sido totalmente rechazado no ha sido esta izquierda que apenas se hace un hueco en la nación capitalista por excelencia, aunque los pertenecientes a tal adscripción ideológica sean los más perjudicados, la verdadera fuerza política perjudicada no es otra que la que forman los miembros del partido demócrata, miembros moderados de una derecha liberal que, ahora aún más con Obama al frente, se encuentran a menor distancia de esta izquierda mentada, atisbándola aún en un horizonte inasumible. Pero obviemos estas simplificaciones ideológicas en las que caemos al intentar agrupar a determinados elementos políticos en una corriente común que bien puede presenter múltiples caras y analicemos lo ocurrido: La derecha más potente y organizada, bajo los ideales de menos Estado y más América(en tanto que esta no quede contaminada por presencias extranjeras, si acaso América puede ser algo que no parta de presencia extranjera) se está imponiendo, no sólo en los medios de comunicación, sino en los cargos políticos que toman las decisiones más relevantes de la sociedad americana.
Podemos, primero, estudiar las causas y consecuencias de esta situación, pero es sin embargo tarea digna de valiente sociólogo experto en política, y muy a mi pesar, tan sólo podré divagar sobre las posibles causas y consecuencias, y no sin la ayuda de ciertas lecturas en la prensa extranjera. La principal causa de esta victoria de la derecha puede encontrarse en que la derecha siempre ha sido campeona en un país en el que en realidad un presidente afroamericano que propone medidas de protección social y redistribución es una anomalía. La derecha, la más potente y radical, la que no ha escondido su faceta imperialista, sus buenas relaciones con el mundo corporativo y empresarial, la de Nixon, Reagan o Bush, siempre ha sido la que ha caracterizado y dotado de personalidad, en el sentido político, a Estados Unidos. Por supuesto, no podemos reducir al poderoso país a una única visión de lo político y la todavía reciente victoria de un demócrata acusado de comunista por los temerosos de los impuestos y la redistribución lo demuestran. Pero la sociedad tiende a polarizarse y viviendo la sociedad americana una dura crisis económica, con altas cifras de paro(que ni por asomo se acercan a lo que vemos en España), lo que fácilmente podemos predecir es que muchos votos vuelen directamente de una posición a la contraria, siendo además la contraria la que siempre ha tenido mejor fama en esto de hacer mejorar los números de la economía, no entraré a discutir si de forma justificada aunque imagino que adivinarán mi posición.
En esta situación de pesimismo económico y político, pues lo político es económico y lo económico político(aunque en esto último los del Tea Party se empeñan en querer llevarme la contraria), es lógico que ciertos movimientos políticos cobren, o recobren, mayor fuerza y mayor visibilidad, más aún cuando la ideología del movimiento ahora ganador viene sustentada por el dinero de los sectores más poderosos del mundo empresarial norteamericano. Fox News, uno de los canales de noticias con mayor audiencia del país, bajo la presidencia del magnate de los medios de comunicación, es el principal medio de trasmisión de los valores conservadores que han sido acogidos por las elecciones legislativas. Medios de comunicación, maganates y derecha política, vayan ustedes atando cabos.
Cuando una enorme masa de población queda desamparada ante el fracaso de su propia economía o de su seguridad y vive en una insatisfacción constante por vaya usted a saber qué motivos, es propio de una enorme potencia estratégica adueñarse de su mentalidad política y condicionar sus juicios de valor e incluso emociones encontrado un enemigo común hacía el que dirigirlas. Así pues, si un ciudadano estadounidense de escaso nivel intelectual ha perdido ha sufrido un crimen o carece de suficientes medios económicos para llevar una vida agradable o deseada, consigue, gracias a la inevitable presencia de los valores derechistas impreganados en sus programas de televisión y en los idearios de sus vecinos, encontrar un culpable a sus problemas que a su vez es culpable de la insatisfacción de los demás ciudadanos que conoce, la inmigración y los asfixiantes impuestos. Para llegar a tales conclusiones no sigue un elaborado esquema argumentativo, ni entra a reflexionar sobre otras posibles miradas a los temas planteados, o a las posibles consecuencias de las soluciones deseadas, sólo se deja arrastrar por la marea ideológica que le empuja a encontrar en el Tea Party y en los proyectos neoliberales y conservadores un mesías que resuelva sus problemas como buen ciudadano de clase media. Esto no puede resultarnos demasiado ajeno ni extraño, pues en cierto modo ocurre, aunque quizá de un modo menos atemorizador, en nuestras tierras. Las mentes de trabajadores y gentes de clase media con escasa actitud crítica son absorbidas por distintas polaridades políticas, siendo hoy la más llamativa y reaccionaria la que sustenta también un sesgado medio televisivo como es Intereconomía, proponiendo simplistas causas y simplistas soluciones a problemas comunes. Esta lógica populista no es nueva ya que también perteneció, y se desarrolló, con el movimiento obrero de orden socialista o anarquista. Pero si el comunismo significaba una confianza mesiánica en un futuro mejor a través de, en ocasiones, la simplificación y la demagogia, su significación populista obtiene todo su sentido y legitimidad al ser los ideales defendidos aquellos que pretender dotar de poder al individuo explotado en sentido político y por ende económico. Ahora, los círculos de poder empresariales a los que los movimientos sociales se enfrentaron (y se enfrentan, aunque con menor motivación como es lógico en Estados del Bienestar) son los que motivan y movilizan a nuevos movimientos populares que pretenden defender a los mismos bajo el pretexto del derecho a la libertad.
En definitiva, es tragicómico observar como trabajadores creen profundamente en que una libertad económica total pueda resultarles beneficioso, no porque diversas posturas económicas argumentadas no puedan defender tal idea con cierto grado de validez, sino porque tales teorías quedan desprestigiadas al verse subsumidas por la fáctica potencia de la economía y de los mercados, por ser el sustento y pilar de tales movimientos y opiniones una poderosa oligarquía que paga cada anuncio del partido y cada noticia tergiversada en televisión, siendo su principal motivación la obtención de beneficios y no la repercusión de los mismos en la sociedad.
Curioso, por cierto, esto de la libertad, pues este liberalismo americano, tal y como ocurre en España, carece en el sentido social de todo carácter liberal. Si bien los impuestos son indeseables por impedir el uso privado de la propiedad, ese uso privado debe quedar muy bien restringido por una reja moral que impide llevar a cabo acciones que contradigan los valores comunes. No se piense usted que por poder ganar dinero a mansalva por no pagar IVA se lo pueda gastar en contradecir a Dios con drogas, prostitución, abortos o idílios homosexuales, a no ser, claro está, que sepa usted poder ocultarlo en sociedad y vivir en una sana hipocresía.
Podríamos alargar la discusión sobre la libertad cuestionando la libertad liberal entendiendo como esta es también causa de la explotación y la esclavitud, y entendiendo que esta libertad pueda quedar desentendida, o como huída de sentido, si existe en un entorno de enorme inequidad y desigualdad, pero dígaselo esto a un liberal clásico o a un griego ateniense si tiene valor, así que iremos cerrando filas.
Dejando de lado esta posibilidad individualista de funcionamiento económico y social quedaría por elucubrar las posibles consecuencias de este movimiento. Una sería la de espanto y terror en el resto del mundo civilizado. Sí se ha dado cierto desasosiego en los medios de comunicación menos liberales y conservadores, y supongo que más aún en las capas intelectuales de aquellas sociedades que pueden verse perjudicadas por un realce militarista del gran Imperio del mundo. Los defensores de la dignidad y derechos del migrante deben verse algo acongojados por las posibles repercusiones de este giro político, sobretodo tras haberse comprobado la dureza que puede adoptar EEUU en su legislación con el ejemplo de Arizona. Pero pese a todo ello, pese a las tópicas e inagotables críticas a la mirada corta, simple y patológica del radicalismo americano, nuestras sociedades no se han escandalizado demasiado, habiendo la derecha aprobado con ilusión los resultados, al ver en ellos reflejados su propio éxito y al ser algunas de las ideas populistas, conservadoras y generalistas de este movimiento del té en gran medida compartidas por nuestra población.
Otra posibilidad es que el presidente Obama modere su mensaje y sus políticas ("¡¿Cuándo fueron moderadas?!" dirán los izquierdistas o derechistas con sentido absolutamente opuesto y conjuntamente crítico), pero su viaje por el sureste de Asia predicando paz y buen rollo con el islam, además de trazar tratos económicos con la India y proponerla como miembro permanente del por muy pocas naciones(vencedoras tras la segunda gran guerra) monopolizado Consejo de Seguridad de la ONU, no parecen indicar que vaya a dejar de lado sus intenciones políticas por encontrar un mayor apoyo electoral.
La posibilidad, más terrorífica, y más probable, es que la derecha consiga en dos años el poder ejecutivo, que EEUU cierre con mayor ahínco sus fronteras y trate peor a sus inmigrantes ilegales, que se endurezca el rechazo al aborto y los comportamientos alejados de la moral cristiana y que se aligeren los impuestos, esto último, en defensa del no intervencionismo del Estado en la economía, ese no intervencionismo tan aplaudido por los republicanos y que sin embargo nunca hemos encontrado en su política exterior. Convénzanme de que la Guerra de Iraq, el Sha iraní, el Irangate (venta de armas ilegal a un enemigo político para financiar a movimientos revolucionarios nicaragüenses), la intervención en Panamá o Haití, la instauración de bases militares por todo el globo, etc, no es intervencionismo en la economía.
jueves, 21 de octubre de 2010
Libertad, soberanía, democracia y demás palabras que estructuran nuestra complicada vida política
Libertad como fundamento básico e insustituible de la modernidad, de la política, en definitiva, del sistema democrático liberal (o socialdemócrata, si queremos apuntar a una oscilación concreta de un mismo cuerpo o entramado ideológico). Libertad esta que queda únicamente limtiada, no ya por tiranías impuestas por la fuerza, sino por un derecho común que sólo sería válido en tanto que comunmente constituido(cosa que no ocurrió hasta que ciertos revolucionarios burgueses acabaron, también mediante la fuerza, con un sistema instaurado decrépito que limitaba la libertad ansiada). Por supuesto, el pueblo, como soberano, es copartícipe, ahora ya no a través de su atribución de la soberanía a un gobernador o príncipe que acumula todos los poderes, sino a través de un sistema democrático que regula las fuerzas políticas conforme al principio de división de poderes(la famosa división del legislativo, ejecutivo y judicial) y que permite la participación absoluta (ya no limitada a sectores propietarios o a grupos sociales diferenciados) del pueblo en la elección de partidos políticos o de legisladores y ejecutores de la ley.
Por desgracia, el derecho al que queda sometido el pueblo, y cuyo fin es la posibilidad de la liebertad y la libre acción individual o colectiva, establecido este por decisión del pueblo soberano, y esto en la práctica hoy significa, por mayoría electoral, no es otra cosa que la ya más que superada ejecución de violencia o dominación propias de sistemas anteriores. Lo que vengo a decir es que esta bendita democracia y este bendito orden liberal que permite que yo escriba estas palabras y suscriba o no la de nuestros gobernantes cae de fondo en el mismo problema que este mismo modelo pretendió superar, la imposición del hombre ante el hombre o el sometimiento del mismo tras el mismo. (Pero como veremos, lo importante no es la imposición, que se da, sino el cómo de la imposición, que es considerablemente preferible en el modelo actual).
Si bien la imposición que los sabios libros de historia nos han permitido descubrir en el pasado, y que buenos comunicadores han querido trasmitir desde países que tan sólo se alejan en la distancia y no en el tiempo, era (y es) directa, física, probablemente militar y sistemática (estremece pensar que tan sólo hay que viajar unas cuantas horas en avión para llegar a un lugar como Corea del Norte en el que cada ciudadano no es más que mero súbdito supeditado en todos los aspectos a un lider casi divinizado), si bien, decíamos, esto es así, en la democracia moderna actual la dominación se regula y ejerce de un modo indirecto y armonizado. Las fuerzas quedan supeditadas a un procedimiento común que es (o debe ser) inalterable y a unos principios de dificil variación como los que supone una Constitución, pero con ello, las mayorías son ahora las que ejercen una imposición política al resto de la sociedad civil, permitiendo una parte así transmutar las leyes que competen al conjunto.
Uno puede quedar decepcionado en su entorno estatal al comprobar como la mayoría es estúpida, o, dicho en términos más apacibles y menos subjetivos, la mayoría suele llegar a conclusiones y preferencias electorales muy distintas a las que minorías pueden considerar más apropiadas para el bien individual y social. Sin embargo, pese a que tal situación puede llegar incluso a considerarse injusta para el sujeto individual, es necesaria si pretende el individuo mantener aquello que el estado moderno le garantizó en su formación histórica, la libertad (dentro de los límites legales) y la seguridad (esto es, la ley en ejecución). Podríamos plantear una utópica comunidad anárquica en la que subcomunidades se autoabasteciesen económia y políticamente a su gusto mediante métodos asamblearios, pero con ello sólo estaríamos ofreciéndo toda la riqueza y la libertad al sujeto más fuerte que bajo la arbitrareidad de la vida real pudiese arrebatarnos lo nuestro(o "lo de todos", pero siendo por ello también nuestro), formando un estado de guerra ya anunciado por los teóricos ingleses del estado moderno. A nivel estatal esta posibilidad queda suprimida ya que un derecho permite que tal arrebato de bienes o libertades sea prohibido y un cuerpo de seguridad vigila su cumplimiento. Por desgracia, como estamos comprobando, la realidad es más tosca y dura que la teoría, y del mismo modo que esos cuerpos de seguridad puedena actuar negligentemente, las leyes pueden ser elaboradas, democráticamente, en contra de esta libertad o, aunque esto parezca más extraño, en contra de esta seguridad.
Ante esta situación ambigüa que supone la democracia muchos opinan que determinados principios básicos no pueden ser alterados por tal modelo político, y que el hijo no puede matar al padre, algo parecido a lo que Hitler hizo en su momento y que pagó caro toda la humanidad. Pero tal modelo político viene definido desde el comienzo por el concepto de soberanía que permite la constitución de un poder que someta al pueblo, no de forma arbitraria y egoísta por un individuo concreto, tal como de forma natural surgiría, sino con el consentimiento del mismo y bajo sus intereses. Por tanto, si es la soberanía residente en el conjunto del pueblo sometido y a la vez fundador del Estado,y este decide mediante sus propios métodos establecidos, suprimir sus principios estatales y establecer unos nuevos, autosuprimirse o autosuperarse, ¿a qué instancia recurrir para denunciarlo y resarcirlo?
Podemos obtener cierto sosiego al establecer claramente que la soberanía, cedida a Hitler o a otro tirano, siempre debiera permanecer ligada al pueblo, pudiendo este derrocar los regímenes que se ha impuesto a sí mismo, (siendo ello siempre más agradable si se realiza mediante un procedimiento democrático y no rifle en mano), pero como vamos observando, el concepto de soberanía y sus vinculaciones con la realidad son problemáticas, y quizá, la teoría no se amolda siempre a la práctica, siendo esta más bien un surgimiento a posteriori de la segunda.
Si en caso de quedar por resolución soberana del pueblo un poder contrario a nuestros principios pretendemos eliminarlo, tan sólo podremos apelar a la fuerza para ello, tal y como se ejecuta la fuerza, y no un derecho internacional (aunque también existan instancias reguladoras y armonizadoras, tendiéndose a los pactos y a las soluciones diplomáticas) en la resolución e conflictos internacionales. También debiéramos preguntarnos por eso de "pueblo", porque es muy sencillo afirmar que la soberanía pertenece al pueblo y este creó el Estado moderno cuando se le preguntó a muy pocos miembros del pueblo en que consistía esto del Estado moderno cuando se constituyó (como dijimos, la revolución americana o francesa no fue otra cosa que ejecución de violencia por parte de un sector que arrastró al resto de sectores de la sociedad).
Concluyamos entonces la respuesta ante la pregunta de la multiformidad del concepto de soberanía y sus consecuencias en la organización política. La soberanía no es más que la conceptualización y dulcificación de una realidad tangente, la fuerza que posee un individuo o un pueblo unido. Si esta soberanía, este auto-dominio y auto-gobierno se decanta por la formación de un estado moderno, y además democrático (del mismo modo que podría decantarse por otro modelo o variante como es el caso aquí sugerido, el imperio nazi, o un principado o una democracia censitaria, etc), se está decantando por la seguridad, la libertad (fáctica y política) y la ausencia de guerra, al quedar sometidos todos a una legislación que regule los asuntos comunes conforme a procedimientos que solucionen los problemas que también la guerras solucionaban pero mediante medios diferentes. Podremos salir escaldados, o ser perdedores ante tales problemas, pero no como lo haríamos si la contienda fuese militar y no procedimental. La soberanía otorgada a un pueblo no es más que un mito (y de mitos vive el ser humano) que permite legitimar el Estado moderno (Como el derecho natural como fundamento del derecho civil), mito que nace de la creencia de que el conjunto de individuos que forma tal Estado es consciente de su constitución y otorga su consentimiento. Obviamente la soberanía existe, traducida como conciencia de sí o autoconciencia práctica, pero de ella puede devenir el Estado moderno o la más atroz dictadura. Lo que queda pues es una situación histórica que ha devenido en un modelo de Estado que continúa en evolución y que bien puede virar bruscamente en otra direción, con la diferencia, en comparación con otros modelos y otros principios, de que este Estado moderno y su filosofía son mejores. Su fundamentación apela a cuestiones problemáticas (soberanía, derecho natural, libertad), pero siendo pragmáticos, la defensa del mismo en tanto que ha permitido el nivel de desarrollo y bienestar que poseemos parece la más adecuada o la menos arriesgada filosóficamente, aunque como todo, su preferencia pertenezca al ámbito subjetivo. Sin embargo, su absoluta legitimación, en tanto que Estado de Derecho y, a ser posible, democracia real y completa, viene dada por la libertad que tales carácteres otorga a todo miembro ciudadano, es decir, la soberanía real y completa otorgada a ese pueblo en la práctica que ya sólo tiene como barrera esa misma soberanía enfrentada a sí misma. El único inconveniente que plantea esta materialización de la libertad a la que aspiraron tantos antepasados nuestros en semejante modelo político es la inevitable lucha de fuerzas que impondrá determinadas normas y eliminará otras tantas, esto es, la dominación, ahora regulada, redistribuida y armonizada (como dijimos) de la fuerza humana. (Defensa pragmática y moral del modelo moderno, las únicas posibles aunque queden subsumidas a los intereses y valores propios de cada cual, a lo que yo ya no puedo otorgar una solución, y que es, además, el centro de todo el problema humano aquí planteado.)
Si en un Estado de libertad y seguridad escogido por "la soberanía", o lo que es lo mismo, si se ha impuesto un estado que, además de ofrecer satisfacción a intereses privados, ofrece libertad y seguridad a todo ciudadano soberano, permitiendo mediante su autolimitación, su expansión, y mediante su supresión de libertad, su más amplia libertad, si tal Estado, ampliando sus horizontes de libertad, consigue suprimir la libertad de miembros del mismo, no mediante la imposición de leyes contrarias a sus preferencias, sino mediante la supresión directa de sus libertad y seguridad virtuales, potenciales (esto es, mediante la supresión de la democracia, las libertades o la sumisión a un tirano), tal Estado pierde todo sentido y razón de ser, y por tanto, la soberanía, camina hacía atrás. Tal Estado nace de la necesidad humana de libertad y seguridad de libertad, y su destrucción sólo supone una vuelta al estado de guerra (que también está presente en la democracia pero extremadamente suavizado y controlado) que impedirá el éxito de toda tiranía, produciendo la unión del pueblo en sentido revolucionario contra aquel que es su enemigo común. (Esto último cabría ponerlo en duda, pues es la libertad, no la seguridad, un derecho del que el hombre puede desprenderse priorizando a la seguridad, manteniéndose eternamente imperios tiránicos en los que se desconoce la libertad subjetiva moderna, pero hablamos de occidente y de un mundo con autoconsicencia de sí y de su historia en el que semejante situación es improbable).
Ya sólo queda instar a mantener este modelo, potenciarlo , enriquecerlo abriendo posibilidades como la participación política total del pueblo soberano(¿La soberanía sólo se da cada cuatro años?) y defenderlo frente a amenzas interiores o exteriores que pretendan impedir la ausencia de guerra, la libertad o la posibilidad de acción política en vistas al bien común (y por consiguiente, individual). Esto ya, sólo siendo posible, en un contexto de extrema realidad y no a través de procedimientos burocráticos o judiciales, quiero decir, a través de la lucha, pues la libertad del Estado moderno, su dirección derechista o izquierdista, toda su estructura, es tan fáctica e inestable como un castillo de naipes. Sólo desde la soberanía del pueblo podemos defender la soberanía del pueblo, o lo que es lo mismo, sólo con nuestras manos podremos mantener este castillo de naipes que desde sus propias raíces puede quedar aniquilado. Las leyes, normas o principios que se proponen como eternas para evitar semejante posibildiad, son, de nuevo, en la práctica, inútiles (aunque no por ello no aconsejables), pues si una fuerza ha de imponerse, lo hará, sea a través de una canal u otro, siendo siempre la última instancia a apelar por cada bando enfrentado su soberanía.
De este modo, pese a que el sujeto individual sienta la desgracia de someterse ante una ley y una norma que le ha venido impuesta por la injusta mayoría, no se crea más platónico que Platón en lo referente a la política, considerándose más cercano a lo mejor por su racionalidad que aquellos que sólo se sirven de su apetencia o pasiones y siga el ejemplo socrático, quien decidió pese a su perjuicio someterse a la ley. Sin dudarlo, luche platónicamente por imponer sus valores y dude socráticamente de su legitimidad y si se siente demasiado humano y no le cabe aceptar el padecimiento de la ley soberana, huya a otra tierra donde esta, al menos, no sea tiránica y le permita, no como le ocurrió al desgraciado Sócrates, vivir y dialogar con sus vecinos, o luche porque tales libertades sean presentes en el moderno estado democrático en el que comemos, pensamos y soñamos. Sea platónicamente antiplatónico(en el aspecto referido) y luche por el auto-sometimiento a la norma, por la libertad de la ley, o luche antidemocráticamente por la democracia, esto es, belicosamente por la paz.
Por desgracia, el derecho al que queda sometido el pueblo, y cuyo fin es la posibilidad de la liebertad y la libre acción individual o colectiva, establecido este por decisión del pueblo soberano, y esto en la práctica hoy significa, por mayoría electoral, no es otra cosa que la ya más que superada ejecución de violencia o dominación propias de sistemas anteriores. Lo que vengo a decir es que esta bendita democracia y este bendito orden liberal que permite que yo escriba estas palabras y suscriba o no la de nuestros gobernantes cae de fondo en el mismo problema que este mismo modelo pretendió superar, la imposición del hombre ante el hombre o el sometimiento del mismo tras el mismo. (Pero como veremos, lo importante no es la imposición, que se da, sino el cómo de la imposición, que es considerablemente preferible en el modelo actual).
Si bien la imposición que los sabios libros de historia nos han permitido descubrir en el pasado, y que buenos comunicadores han querido trasmitir desde países que tan sólo se alejan en la distancia y no en el tiempo, era (y es) directa, física, probablemente militar y sistemática (estremece pensar que tan sólo hay que viajar unas cuantas horas en avión para llegar a un lugar como Corea del Norte en el que cada ciudadano no es más que mero súbdito supeditado en todos los aspectos a un lider casi divinizado), si bien, decíamos, esto es así, en la democracia moderna actual la dominación se regula y ejerce de un modo indirecto y armonizado. Las fuerzas quedan supeditadas a un procedimiento común que es (o debe ser) inalterable y a unos principios de dificil variación como los que supone una Constitución, pero con ello, las mayorías son ahora las que ejercen una imposición política al resto de la sociedad civil, permitiendo una parte así transmutar las leyes que competen al conjunto.
Uno puede quedar decepcionado en su entorno estatal al comprobar como la mayoría es estúpida, o, dicho en términos más apacibles y menos subjetivos, la mayoría suele llegar a conclusiones y preferencias electorales muy distintas a las que minorías pueden considerar más apropiadas para el bien individual y social. Sin embargo, pese a que tal situación puede llegar incluso a considerarse injusta para el sujeto individual, es necesaria si pretende el individuo mantener aquello que el estado moderno le garantizó en su formación histórica, la libertad (dentro de los límites legales) y la seguridad (esto es, la ley en ejecución). Podríamos plantear una utópica comunidad anárquica en la que subcomunidades se autoabasteciesen económia y políticamente a su gusto mediante métodos asamblearios, pero con ello sólo estaríamos ofreciéndo toda la riqueza y la libertad al sujeto más fuerte que bajo la arbitrareidad de la vida real pudiese arrebatarnos lo nuestro(o "lo de todos", pero siendo por ello también nuestro), formando un estado de guerra ya anunciado por los teóricos ingleses del estado moderno. A nivel estatal esta posibilidad queda suprimida ya que un derecho permite que tal arrebato de bienes o libertades sea prohibido y un cuerpo de seguridad vigila su cumplimiento. Por desgracia, como estamos comprobando, la realidad es más tosca y dura que la teoría, y del mismo modo que esos cuerpos de seguridad puedena actuar negligentemente, las leyes pueden ser elaboradas, democráticamente, en contra de esta libertad o, aunque esto parezca más extraño, en contra de esta seguridad.
Ante esta situación ambigüa que supone la democracia muchos opinan que determinados principios básicos no pueden ser alterados por tal modelo político, y que el hijo no puede matar al padre, algo parecido a lo que Hitler hizo en su momento y que pagó caro toda la humanidad. Pero tal modelo político viene definido desde el comienzo por el concepto de soberanía que permite la constitución de un poder que someta al pueblo, no de forma arbitraria y egoísta por un individuo concreto, tal como de forma natural surgiría, sino con el consentimiento del mismo y bajo sus intereses. Por tanto, si es la soberanía residente en el conjunto del pueblo sometido y a la vez fundador del Estado,y este decide mediante sus propios métodos establecidos, suprimir sus principios estatales y establecer unos nuevos, autosuprimirse o autosuperarse, ¿a qué instancia recurrir para denunciarlo y resarcirlo?
Podemos obtener cierto sosiego al establecer claramente que la soberanía, cedida a Hitler o a otro tirano, siempre debiera permanecer ligada al pueblo, pudiendo este derrocar los regímenes que se ha impuesto a sí mismo, (siendo ello siempre más agradable si se realiza mediante un procedimiento democrático y no rifle en mano), pero como vamos observando, el concepto de soberanía y sus vinculaciones con la realidad son problemáticas, y quizá, la teoría no se amolda siempre a la práctica, siendo esta más bien un surgimiento a posteriori de la segunda.
Si en caso de quedar por resolución soberana del pueblo un poder contrario a nuestros principios pretendemos eliminarlo, tan sólo podremos apelar a la fuerza para ello, tal y como se ejecuta la fuerza, y no un derecho internacional (aunque también existan instancias reguladoras y armonizadoras, tendiéndose a los pactos y a las soluciones diplomáticas) en la resolución e conflictos internacionales. También debiéramos preguntarnos por eso de "pueblo", porque es muy sencillo afirmar que la soberanía pertenece al pueblo y este creó el Estado moderno cuando se le preguntó a muy pocos miembros del pueblo en que consistía esto del Estado moderno cuando se constituyó (como dijimos, la revolución americana o francesa no fue otra cosa que ejecución de violencia por parte de un sector que arrastró al resto de sectores de la sociedad).
Concluyamos entonces la respuesta ante la pregunta de la multiformidad del concepto de soberanía y sus consecuencias en la organización política. La soberanía no es más que la conceptualización y dulcificación de una realidad tangente, la fuerza que posee un individuo o un pueblo unido. Si esta soberanía, este auto-dominio y auto-gobierno se decanta por la formación de un estado moderno, y además democrático (del mismo modo que podría decantarse por otro modelo o variante como es el caso aquí sugerido, el imperio nazi, o un principado o una democracia censitaria, etc), se está decantando por la seguridad, la libertad (fáctica y política) y la ausencia de guerra, al quedar sometidos todos a una legislación que regule los asuntos comunes conforme a procedimientos que solucionen los problemas que también la guerras solucionaban pero mediante medios diferentes. Podremos salir escaldados, o ser perdedores ante tales problemas, pero no como lo haríamos si la contienda fuese militar y no procedimental. La soberanía otorgada a un pueblo no es más que un mito (y de mitos vive el ser humano) que permite legitimar el Estado moderno (Como el derecho natural como fundamento del derecho civil), mito que nace de la creencia de que el conjunto de individuos que forma tal Estado es consciente de su constitución y otorga su consentimiento. Obviamente la soberanía existe, traducida como conciencia de sí o autoconciencia práctica, pero de ella puede devenir el Estado moderno o la más atroz dictadura. Lo que queda pues es una situación histórica que ha devenido en un modelo de Estado que continúa en evolución y que bien puede virar bruscamente en otra direción, con la diferencia, en comparación con otros modelos y otros principios, de que este Estado moderno y su filosofía son mejores. Su fundamentación apela a cuestiones problemáticas (soberanía, derecho natural, libertad), pero siendo pragmáticos, la defensa del mismo en tanto que ha permitido el nivel de desarrollo y bienestar que poseemos parece la más adecuada o la menos arriesgada filosóficamente, aunque como todo, su preferencia pertenezca al ámbito subjetivo. Sin embargo, su absoluta legitimación, en tanto que Estado de Derecho y, a ser posible, democracia real y completa, viene dada por la libertad que tales carácteres otorga a todo miembro ciudadano, es decir, la soberanía real y completa otorgada a ese pueblo en la práctica que ya sólo tiene como barrera esa misma soberanía enfrentada a sí misma. El único inconveniente que plantea esta materialización de la libertad a la que aspiraron tantos antepasados nuestros en semejante modelo político es la inevitable lucha de fuerzas que impondrá determinadas normas y eliminará otras tantas, esto es, la dominación, ahora regulada, redistribuida y armonizada (como dijimos) de la fuerza humana. (Defensa pragmática y moral del modelo moderno, las únicas posibles aunque queden subsumidas a los intereses y valores propios de cada cual, a lo que yo ya no puedo otorgar una solución, y que es, además, el centro de todo el problema humano aquí planteado.)
Si en un Estado de libertad y seguridad escogido por "la soberanía", o lo que es lo mismo, si se ha impuesto un estado que, además de ofrecer satisfacción a intereses privados, ofrece libertad y seguridad a todo ciudadano soberano, permitiendo mediante su autolimitación, su expansión, y mediante su supresión de libertad, su más amplia libertad, si tal Estado, ampliando sus horizontes de libertad, consigue suprimir la libertad de miembros del mismo, no mediante la imposición de leyes contrarias a sus preferencias, sino mediante la supresión directa de sus libertad y seguridad virtuales, potenciales (esto es, mediante la supresión de la democracia, las libertades o la sumisión a un tirano), tal Estado pierde todo sentido y razón de ser, y por tanto, la soberanía, camina hacía atrás. Tal Estado nace de la necesidad humana de libertad y seguridad de libertad, y su destrucción sólo supone una vuelta al estado de guerra (que también está presente en la democracia pero extremadamente suavizado y controlado) que impedirá el éxito de toda tiranía, produciendo la unión del pueblo en sentido revolucionario contra aquel que es su enemigo común. (Esto último cabría ponerlo en duda, pues es la libertad, no la seguridad, un derecho del que el hombre puede desprenderse priorizando a la seguridad, manteniéndose eternamente imperios tiránicos en los que se desconoce la libertad subjetiva moderna, pero hablamos de occidente y de un mundo con autoconsicencia de sí y de su historia en el que semejante situación es improbable).
Ya sólo queda instar a mantener este modelo, potenciarlo , enriquecerlo abriendo posibilidades como la participación política total del pueblo soberano(¿La soberanía sólo se da cada cuatro años?) y defenderlo frente a amenzas interiores o exteriores que pretendan impedir la ausencia de guerra, la libertad o la posibilidad de acción política en vistas al bien común (y por consiguiente, individual). Esto ya, sólo siendo posible, en un contexto de extrema realidad y no a través de procedimientos burocráticos o judiciales, quiero decir, a través de la lucha, pues la libertad del Estado moderno, su dirección derechista o izquierdista, toda su estructura, es tan fáctica e inestable como un castillo de naipes. Sólo desde la soberanía del pueblo podemos defender la soberanía del pueblo, o lo que es lo mismo, sólo con nuestras manos podremos mantener este castillo de naipes que desde sus propias raíces puede quedar aniquilado. Las leyes, normas o principios que se proponen como eternas para evitar semejante posibildiad, son, de nuevo, en la práctica, inútiles (aunque no por ello no aconsejables), pues si una fuerza ha de imponerse, lo hará, sea a través de una canal u otro, siendo siempre la última instancia a apelar por cada bando enfrentado su soberanía.
De este modo, pese a que el sujeto individual sienta la desgracia de someterse ante una ley y una norma que le ha venido impuesta por la injusta mayoría, no se crea más platónico que Platón en lo referente a la política, considerándose más cercano a lo mejor por su racionalidad que aquellos que sólo se sirven de su apetencia o pasiones y siga el ejemplo socrático, quien decidió pese a su perjuicio someterse a la ley. Sin dudarlo, luche platónicamente por imponer sus valores y dude socráticamente de su legitimidad y si se siente demasiado humano y no le cabe aceptar el padecimiento de la ley soberana, huya a otra tierra donde esta, al menos, no sea tiránica y le permita, no como le ocurrió al desgraciado Sócrates, vivir y dialogar con sus vecinos, o luche porque tales libertades sean presentes en el moderno estado democrático en el que comemos, pensamos y soñamos. Sea platónicamente antiplatónico(en el aspecto referido) y luche por el auto-sometimiento a la norma, por la libertad de la ley, o luche antidemocráticamente por la democracia, esto es, belicosamente por la paz.
martes, 21 de septiembre de 2010
Libertad no es elegir entre opciones impuestas, es crear las opciones
Cuando Labordeta nos deja, y muchos de aquellos que vivieron su generación, unos tiempos de politización y cambio social, cantan su himno a la libertad, hoy, en época de democracia y paz, de estado de bienestar y legítima equidad social, vivimos una libertad extraña. Si libertad significó autonomía y autodecisión para aquellos padres de la democracia moderna que transportaron a España a la contemporaneidad europea, ahora libertad sólo parece significar libertad de elección, de elección del color de la chapa, de elección de calzado, de elección de canal, de elección de menú...Hasta el acto político más relevante y casi exclusivo de la ciudadanía actual, sólo llevado a cabo cada ciertos años, se resume a una elección polarizada de una administración que resuelva los asuntos relacionados con el dinero que entra y sale del Estado.
La sociedad ha quedado completamente despolitizada, anulada como eje de acción política, siendo la democracia representativa (representante ideal de la corrupción legal y moral), un espectáculo de calado semejante al fútbol o a la lucha libre, con la relevante diferencia que tales deportes marcan por la honorabilidad que puede acompañar a sus batallas. La democracia actual ha polarizado la atención de la masa en dos grandes partidos cuyos fundamentos ideológicos, en el sentido positivo y negativo de la palabra, han sido ultrajados y olvidados por una continua demagogia electoralista como motor de todo comportamiento político. Y es que, como bien ha sabido expresar Zapatero recientemente probablemente sin voluntad de ser escuchado, lo que importa, es la foto. A no mucho tardar apareció la oposición a criticar sus palabras, esto es, a aparecer, de nuevo, en la foto. Esta es la tomadura de pelo que muchos se atreven a denominar política cuando bien se ha demostrado que es mero circo, los continuos ataques realizados entre estos dos partidos que únicamente parecen tomar medidas bajo la pretensión de ganarse la eterna confianza del pasivo elector.
Es una realidad que el aparecer en la foto, la presencia, a poder ser, continuada, en los medios de comunicación, es totalmente necesaria para un partido o para una entidad política o sindical si pretende ser escuchada por el pueblo. Es totalmente esencial el papel que juegan tales medios en una democracia real, la función dinamizadora y oxigenante que realizan al ofrecer todo tipo de información crítica sobre los hechos políticos del país o el mundo. Pero esta fuerza democratizadora, que pretende aportar toda la información y cultura necesaria al votante queda en nada cuando el mismo sistema político bajo el que se rige es estructuralmente incapaz de aportar una total y completa soberanía a la ciudadanía. Partidos que antaño poseyeron mayor relevancia como IU desaparecen de las páginas periodísticas y los medios consiguen limitar UPyD a Rosa Díez como si fuese esta la única afiliada del partido. Pero semejantes desinformaciones interesadas de los medios siempre parciales bajo intereses políticos y económicos no son, como vengo diciendo, el principal motivo de escarnio o vituperio. El convertir todo el trabajo(porque, otra cosa no debería ser, más que un duro y arriesgado trabajo) político del pueblo en una temporal elección al mejor publicitado, que como buen publicitante, suele incumplir sus promesas, es convertir la democracia, como no, en consumismo, eso sí, barato.
Los medios se han transformado, y por eso no pueden realizar con absoluta entereza su función democratizadora, una simple herramienta de difusión publicitaria, pues otra cosa no son las fotos de las que habla Zapatero, las reuniones infértiles que protagonizan a diario los altos dirigentes, las inacabables declaraciones sobre todo tipo de temas irrelevantes para el funcionamiento de la sociedad o las decisiones políticas que ya dejan de denominarse políticas por estar referidas al ordenamiento de un bloque social que forma una comunidad política sino por tener un único interés electoral. La política democrática se reduce, pues, a la elección sobre una base bastante limitada y laxa. Un importante tanto por ciento de las noticias leídas hoy en la prensa son un mero intento político por ganarse al votante, ya que a eso se reduce su papel político.
Los políticos, creyéndonos idiotas, o siéndolo ellos más que ninguno, todavía consideran que sus hipócritas fotografías de portada son el principal motivo de sus victorias, cuando no son más que la resginación y el sentimentalismo que muchos profesan por sus partidos políticos así como por sus equipos de fútbol, aunque no deben andar desencaminados en su estrategia por difamar a sus enemigos electorales, siendo la simpatía creada por la posesión de un enemigo común uno de los motivos principales de cohesión desde las Cruzadas realizadas por múltiples feudos cristianos europeos enfrentados entre sí hasta el bloque protagonizado por la URSS, Reino Unido y EEUU en la II Guerra Mundial. Pese a tales artimañas, que quizá convenzan a los telespectadores de Intereconomía o telecinco, inertes también a una masa juvenil totalmente demacrada por el materialismo más rancio y casposo, cuyos ídolos son los nuevos pícaros de la cultura pop, los famosetes que supieron aprovechar el morbo inherente al homo-espectador, existen, aunque no sean mayoría, una buena cantidad de gentes dispuestas a no tolerar por siempre que la política se haya convertido en comida rápida, o en un cutre espectáculo de fuegos artificiales.
Quizá, si no nos gustan los productos que los establecimientos comerciales nos ofrecen, ya sea por los materiales utilizados, por su apariencia estética, o por su precio a pagar, debamos intentar, aunque ello desde luego no sea barato, fabricar un producto que nos resulte profundamente convincente. ¿Estamos dispuestos a ello dadas las facilidades que supone el modelo actual? ¿Estamos dispuestos a empujar para que llegue como ya cantó Labordeta, la ansiada libertad?
La sociedad ha quedado completamente despolitizada, anulada como eje de acción política, siendo la democracia representativa (representante ideal de la corrupción legal y moral), un espectáculo de calado semejante al fútbol o a la lucha libre, con la relevante diferencia que tales deportes marcan por la honorabilidad que puede acompañar a sus batallas. La democracia actual ha polarizado la atención de la masa en dos grandes partidos cuyos fundamentos ideológicos, en el sentido positivo y negativo de la palabra, han sido ultrajados y olvidados por una continua demagogia electoralista como motor de todo comportamiento político. Y es que, como bien ha sabido expresar Zapatero recientemente probablemente sin voluntad de ser escuchado, lo que importa, es la foto. A no mucho tardar apareció la oposición a criticar sus palabras, esto es, a aparecer, de nuevo, en la foto. Esta es la tomadura de pelo que muchos se atreven a denominar política cuando bien se ha demostrado que es mero circo, los continuos ataques realizados entre estos dos partidos que únicamente parecen tomar medidas bajo la pretensión de ganarse la eterna confianza del pasivo elector.
Es una realidad que el aparecer en la foto, la presencia, a poder ser, continuada, en los medios de comunicación, es totalmente necesaria para un partido o para una entidad política o sindical si pretende ser escuchada por el pueblo. Es totalmente esencial el papel que juegan tales medios en una democracia real, la función dinamizadora y oxigenante que realizan al ofrecer todo tipo de información crítica sobre los hechos políticos del país o el mundo. Pero esta fuerza democratizadora, que pretende aportar toda la información y cultura necesaria al votante queda en nada cuando el mismo sistema político bajo el que se rige es estructuralmente incapaz de aportar una total y completa soberanía a la ciudadanía. Partidos que antaño poseyeron mayor relevancia como IU desaparecen de las páginas periodísticas y los medios consiguen limitar UPyD a Rosa Díez como si fuese esta la única afiliada del partido. Pero semejantes desinformaciones interesadas de los medios siempre parciales bajo intereses políticos y económicos no son, como vengo diciendo, el principal motivo de escarnio o vituperio. El convertir todo el trabajo(porque, otra cosa no debería ser, más que un duro y arriesgado trabajo) político del pueblo en una temporal elección al mejor publicitado, que como buen publicitante, suele incumplir sus promesas, es convertir la democracia, como no, en consumismo, eso sí, barato.
Los medios se han transformado, y por eso no pueden realizar con absoluta entereza su función democratizadora, una simple herramienta de difusión publicitaria, pues otra cosa no son las fotos de las que habla Zapatero, las reuniones infértiles que protagonizan a diario los altos dirigentes, las inacabables declaraciones sobre todo tipo de temas irrelevantes para el funcionamiento de la sociedad o las decisiones políticas que ya dejan de denominarse políticas por estar referidas al ordenamiento de un bloque social que forma una comunidad política sino por tener un único interés electoral. La política democrática se reduce, pues, a la elección sobre una base bastante limitada y laxa. Un importante tanto por ciento de las noticias leídas hoy en la prensa son un mero intento político por ganarse al votante, ya que a eso se reduce su papel político.
Los políticos, creyéndonos idiotas, o siéndolo ellos más que ninguno, todavía consideran que sus hipócritas fotografías de portada son el principal motivo de sus victorias, cuando no son más que la resginación y el sentimentalismo que muchos profesan por sus partidos políticos así como por sus equipos de fútbol, aunque no deben andar desencaminados en su estrategia por difamar a sus enemigos electorales, siendo la simpatía creada por la posesión de un enemigo común uno de los motivos principales de cohesión desde las Cruzadas realizadas por múltiples feudos cristianos europeos enfrentados entre sí hasta el bloque protagonizado por la URSS, Reino Unido y EEUU en la II Guerra Mundial. Pese a tales artimañas, que quizá convenzan a los telespectadores de Intereconomía o telecinco, inertes también a una masa juvenil totalmente demacrada por el materialismo más rancio y casposo, cuyos ídolos son los nuevos pícaros de la cultura pop, los famosetes que supieron aprovechar el morbo inherente al homo-espectador, existen, aunque no sean mayoría, una buena cantidad de gentes dispuestas a no tolerar por siempre que la política se haya convertido en comida rápida, o en un cutre espectáculo de fuegos artificiales.
Quizá, si no nos gustan los productos que los establecimientos comerciales nos ofrecen, ya sea por los materiales utilizados, por su apariencia estética, o por su precio a pagar, debamos intentar, aunque ello desde luego no sea barato, fabricar un producto que nos resulte profundamente convincente. ¿Estamos dispuestos a ello dadas las facilidades que supone el modelo actual? ¿Estamos dispuestos a empujar para que llegue como ya cantó Labordeta, la ansiada libertad?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)